JORGE DREXLER

"Ser uruguayo es un sello que llevo"

El músico charló con El País antes de volver a tocar en Uruguay. Finalmente el show que realizará con Luciano Supervielle se llevará a cabo el jueves luego de que el show de apertura del estadio de Peñarol pasara para el miércoles.

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"Cuando siento que hay una parte en mi poco trabajada, me meto en ese mundo". Foto: Difusión

El miércoles, cuando atendió el teléfono para charlar una media hora con El País, Jorge Drexler estaba preparando su valija. Debe ser una de las actividades que más hace: días atrás había estado en Montevideo, en el homenaje que se le realizó a Alfredo Zitarrosa y grabando la canción que compuso para Peñarol. Se volvió a su casa y ahora ya está de vuelta, por dos motivos: el miércoles, a las 21.00, participará de la inauguración del Estadio Campeón del Siglo, y el próximo jueves, presentará en Montevideo Music Box su más nuevo show, Perfume.

Se trata del espectáculo que ofrece junto al músico Luciano Supervielle, en honor a una canción que compusieron juntos. Tras girar por varios países recalarán "en casa", dice Drexler.

El ganador del Oscar a Mejor Canción Original en 2004 hará canciones suyas y de otros, mano a mano con su amigo, desde las 21.30. Las entradas se venden en Abitab, desde 900 pesos.

En charla con El País, Drexler revela que su guitarra favorita es la primera que le regaló su tío: una mexicana, de Paracho, que "ha sufrido varios traumatismos pero fue quirúrgicamente reparada". Está en un ropero en la casa de La Paloma, para recurrir a ella en "los momentos de inspiración de los asados". Además, dice que está feliz de haberse encontrado con "una nueva Montevideo" en sus últimas visitas, a partir de una serie de centros culturales que han surgido. Eso lo llevó, por ejemplo, a reencontrarse con la obra de Gustavo Pena, El Príncipe. "Y una cosa nueva que estoy escuchando es un ecuatoriano, Nicola Cruz. Es una especie de música electrónica con base andina y amazónica muy interesante. Con esa receta se podrían hacer cosas horribles, pero lo que él hace me encanta", dice con la simpatía que mantuvo toda la conversación.

—Volvés a Uruguay con Perfume, un show junto a Luciano Supervielle con el que ya estuvieron girando bastante. ¿Cómo se armó ese espectáculo?

—Estamos muy contentos con Luciano, la verdad. Cuando terminamos la gira de Bailar en la cueva, que siguió después y se superpuso con otra, me ofrecieron volver a Chile y a Argentina, donde ya habíamos estado. Entonces dije que volvía con la condición de no repetir, porque ya había estado con un concierto y no me siento muy cómodo repitiendo el mismo concierto en una ciudad. Estaba pensando qué podía hacer, y me acordé que hacía años tenía ganas de hacer algo con Luciano. Y en un almuerzo en Montevideo surgió la idea, empezamos a darle vueltas, milagrosamente coincidió a los tiempos de los dos y cumplimos con esas ganas que teníamos. Es un sueño para mí trabajar con Luciano; habíamos trabajado mucho hace muchos años, y nos volvemos a encontrar. Ya llevamos el show a muchos lados; estuvimos en Milán, Nueva York, Puerto Rico, México, Chile, Argentina, Brasil, y estamos encantados de llevarlo por fin a Montevideo, que es de donde sale.

—¿Desde cuándo viene tu vínculo con Supervielle?

—De la grabación del disco Frontera. Me acuerdo todavía del primer día que entró Luciano al estudio; me impresionó de entrada su control de los samplers y el teclado. Es uno de los músicos más completos e interesantes que conozco, sinceramente. Controla tantos lenguajes de manera versátil y creativa, que impresiona. Desde el hip hop instrumental hasta el lenguaje pianístico del tango y la música clásica. Tiene una paleta instrumental que es riquísima.

—¿Con esta gira le cedés el control musical, entonces?

—Sí. De alguna manera se podría decir que sí, que estamos yendo a su territorio sonoro, o a un territorio común que hemos encontrado entre los dos, aplicado mayormente a mi repertorio, pero también hay cosas de Luciano. Por ejemplo, la canción que da nombre a la gira, "Perfume", que es la primera coautoría que tuvimos y la estrenó Bajofondo. Luego hay versiones de Franny Glass, citas a (Eduardo) Mateo, a (Fernando) Cabrera, muchas cosas de música uruguaya que en otros lados tenés que explicar, y estamos muy contentos de no tener que explicar (se ríe).

—Decías eso y pensaba en que te has convertido en una suerte de embajador de la música uruguaya, no sólo llevando tus canciones por ahí sino a la inversa. El año pasado, por ejemplo, vinieron a Uruguay Marlango, la banda de tu pareja Leonor Watling, y el músico Marwan, tu amigo, y se los presentaba por ese vínculo afectivo que tienen contigo.

—Mirá, siempre he pensado varias cosas de lo que me decís. Yo nunca me he sentido embajador de nada. En realidad llevo mis canciones para todos lados. Ser uruguayo es un sello que llevo inmerso como el acento con el que te estoy hablando, la manera de tocar la guitarra, los ritmos que elijo y la manera de utilizar el verso y la nostalgia, que uno lleva impregnado adentro. No hago ningún esfuerzo por hacer un trabajo de divulgación. Uruguay tiene embajadores de profesión (se ríe) y yo no soy tan atrevido de arrogarme eso. Es cierto que hay muchos lugares a los que voy en los que se conoce poco la música uruguaya, porque tengo la suerte de viajar por muchos lugares. En ese sentido, más que una embajada es una alegría contar con el patrimonio de Alfredo Zitarrosa, de Eduardo Mateo, del Príncipe, Cabrera o Jaime Roos, y poder llevar ese sonido. Y poder haberme formado en el Montevideo de los ochenta, donde tantas cosas pasaban y donde se hacía música por las ganas de hacer música, antes de que se volviera un hecho industrial. Quien sacaba un disco en los ochenta en Montevideo realmente tenía algo que decir, nadie pensaba en ganar plata. Cabrera trabajaba de taxista, (Leo) Maslíah todavía era cerrajero. Eso es de los acervos más lindos que me llevo de mi formación en Montevideo: hacer las cosas porque siento que tengo algo por decir. Aunque te parezca mentira, no es algo usual en otros lugares. La gente le asigna finalidades a la música que no tienen que ver con el hecho de escribir una canción porque tenés una necesidad urgente; dejar algo grabado como un testimonio personal.

—Ahora, cuando se encuentra la llave de la composición, ¿esa urgencia por decir no para?

—La llave no es un objeto, es un proceso. Es como una planta, no te dura para siempre. Es una fruta: te la comés y tenés que esperar a que venga la temporada de vuelta. Yo compongo poco, la verdad. Escribo una vez cada dos años, me siento y escribo casi todo un disco en un período corto. Cada vez más: cada vez escribo menos, más concentrado y más rápido. Entro en composición cuando tengo algo por decir, tengo que tener una motivación. Como estoy haciendo un promedio de entre 80 y 100 conciertos por año e implica, para mí que vivo en Madrid, cruzar en promedio una vez por mes el Atlántico. Como este mes, que van dos veces. Es muy difícil para mí concentrarme a componer, además me gusta mucho tocar en vivo y viajar. La composición requiere una continuidad y yo entro poco ahí. La llave la encuentro, la pierdo, la vuelvo a encontrar, y lo más lindo es construirla, no irla a buscar a un cajón.

—Cuando hablabas de la música uruguaya mencionabas esa característica de la nostalgia. ¿No la has encontrado en la música de otro país?

—Hay algo muy importante. Evidentemente no hay un solo Uruguay: cuando hablo de Uruguay hablo del mío, que quizás ya no existe más (se ríe). La nostalgia forma parte de uno, somos una generación eminentemente nostálgica. Yo entré en dictadura con 10 años y salí con 20, prácticamente. Tuve toda mi formación emocional ahí y te marca profundamente, te deja una sensación de cosas trancadas que después mi generación hizo lo que pudo por sacarse de encima. Hasta mi disco Bailar en la cueva sigue siendo un acto de rebeldía contra el bloqueo del cuerpo que impone la dictadura en un adolescente. La primera frase del disco dice: "nos seguimos juntando", y ese hecho ya estaba prohibido. La palabra que más se escuchaba en la facultad era: "circulen".

—Una vez que te animaste a bailar, ¿qué pasó?

—Es muy curioso porque tengo una suerte enorme de poder elegir mi trabajo para direccionarlo en cosas que me hagan crecer como persona. Me puedo dar ese lujo, no puedo decirlo de otra manera. Cuando siento que hay una parte de mi vida poco trabajada, me meto en ese mundo como para aprovechar y tratar de vivir la vida al máximo que uno pueda. Ya que a esta edad uno se va dando cuenta que no es para siempre (se ríe). Y sí, este disco me cambió la relación con mi cuerpo. No te podés imaginar el terror que produce, para una persona que no ha bailado mucho en su vida, bailar arriba de un escenario. Y la alegría y la satisfacción que da cuando uno vence ese miedo. Me pasó lo mismo con cantar: yo antes no cantaba en público, era más de tocar la guitarra y escribir. Es un terror atávico; dicen que el miedo a la exposición escénica es familiar al miedo a la muerte. Vencerlo, de alguna manera metafórica, es vencer a la muerte. Y siempre me gustó buscar eso.

—¿La muerte te da miedo?

—Cuando pasás los 30 ya te das cuenta que hay cosas que has postergado, pensando con total seguridad que las ibas a hacer, y se van acortando los plazos para hacerlas. Entonces se vuelve uno más práctico y determinado; lo que quiere hacer lo va a hacer, y lo que no lo va descartando. Yo no voy a hacer alpinismo ya, pero sí volví a jugar al fútbol hace un año, y es lo mismo que me pasó con bailar. Soy tan malo como bailando pero me da la misma cantidad de alegría.

—Hablando de fútbol, ¿cómo se dio tu incorporación al espectáculo inaugural del estadio de Peñarol que se hace hoy?

—A mí me gusta el fútbol de y con, no contra. Cuando un equipo uruguayo juega contra uno extranjero, hincho por el uruguayo, me gusta. Me gustó mucho cómo estaba encarada la fiesta de Peñarol y fue por eso que ofrecí escribir una canción. Me pidieron que tocara en el concierto y que eligiera canciones mías, estuve viendo el guión con Andrés Varela y me pareció que resaltaba los valores que más estimo del espectáculo. No me parecía elegante, en la mitad de una fiesta, ir a cantar una canción mía; me gustaba ponerme al servicio del cuadro y la ocasión, tan importante para el fútbol uruguayo. Pero es un área de mi vida que no tenía muy desarrollada y es ahí donde me gusta meterme. Me gusta salir de la zona de confort; claro que estaría mucho más cómodo quedándome en mi casa. Pero es algo con lo que tengo una conexión afectiva, para mí y para mi familia, de verdad; cuando te digo que mi padre va a estar más orgulloso de esto que del Oscar, no es mentira. Toda mi familia es muy manya, ¿qué le vas a hacer? Mis hermanos me ayudaron en esto los dos, mi viejo estuvo muy pendiente. Fue salir de mi zona de confort y retomar mi conexión con Peñarol, un homenaje de alguien que vive afuera y lo lleva adentro.

—¿Algo parecido te pasa con la identidad uruguaya? ¿Cómo se ve Uruguay desde afuera y España desde adentro?

—(Piensa) Viste que hay una inercia en todas las acciones, y un error de perspectiva. Uruguay no se ve desde afuera de la misma manera en que se ve de adentro; tampoco te sabría decir exactamente cómo se ve. Yo vivo en España que está tan ensimismada en su propia problemática, que no puede formar un gobierno, que está saliendo de una crisis de la que no termina de salir... Con las cosas terribles como lo que ha pasado en Bruselas. Uruguay se ve con mucho cariño y mucha estima, en todos los lugares a donde voy, por muchos tipos de razones. Pero cuando voy evidentemente la gente, desde adentro, ve con mucha más magnificación los problemas que las cosas que están bien. Y así es como tiene que ser, una sociedad tiene que tender a mejorarse, a fijarse en las cosas que no están bien y sacarlas adelante. Lo que te puedo decir es mi visión, que sigue siendo muy buena y amorosa, y que la distancia no hace más que acrecentarla. Somos el país más chico del continente entre los dos más grande, tenemos un porcentaje de gente que juega al fútbol y escribe canciones que desborda todas las estadísticas que conozco. Tenemos un montón de cosas malas, como todos los países, pero tenemos un 85 % de energía eléctrica que viene de reciclables, y muchas características de nuestra idiosincracia que nos da una visión de la vida que a mí me gusta, y me parece muy linda en el mundo que tenemos hoy en día.

Supervielle: "Drexler me abrió una puerta muy grande a nivel creativo"


"Es una cosa que hace tiempo teníamos ganas de hacer", asegura Luciano Supervielle a El País a propósito de Perfume. "Fue un pretexto para volver a juntarnos y rememorar los estilos que habíamos explorado en sus discos hace más de 10 años: hablamos de Frontera, Eco, Sea y 12 segundos de oscuridad".

Con este show, Drexler y Supervielle (que ahora está enfocado en un proyecto pianístico y por editar nuevo material en pocos meses) retoman un formato que en muchas oportunidades plantearon, y que en ese momento obligó al pianista a profesionalizarse como sesionista.

"Tenía veintipocos años y fue un escalón grande a nivel de profesionalización", comenta el músico de Bajofondo, quien se siente muy "agradecido" con su amigo.

Volver a juntarse después de tanto transitar caminos separados, implica poner a punto experiencias e influencias. "Hay mucho de improvisación y experimental, entonces es un desafío lindo y muy entretenido".

La primera vez que Drexler y Supervielle trabajaron juntos fue con el disco Frontera del cantante. Supervielle fue convocado por Juan Campodónico y Carlos Casacuberta, productores de ese álbum. "En esa época Jorge ya era un tipo con mucho prestigio, y lo tomé como un desafío. Al principio uno propone ideas, yo llevé mi estilo, y de a poco él me fue abriendo una puerta muy grande a nivel creativo, que me ha servido pila", recuerda.

De lo que va de la gira Perfume, dice tener impresiones "divinas". Por un lado conectó con esos viejos discos y una buena época de sus vidas, y por otro pudo recorrer algunos escenarios en los que todavía no había tocado, como el Luna Park o el Teatro Colón.

Carbonero que viene con una canción

Drexler será una de las figuras que participará hoy de la inauguración del Estadio Campeón del Siglo, el nuevo recinto de Peñarol. El músico abrirá la noche acompañando al actor Jorge Bolani en su interpretación, y la cerrará estrenando "La vida entera".

Así se llama el candombe que compuso para el club, que grabó en Uruguay con ayuda de los Fattoruso, y que hoy por primera vez interpretará en vivo.

"Mi relación con Peñarol va mucho más allá de la circunstancia", dice Drexler, que hace 20 años que vive en España pero no logró hacerse hincha de ningún equipo de los de aquella prestigiosa liga, a pesar de la fuerte presencia de jugadores uruguayos.

Su vínculo con Peñarol, además, es familiar: Drexler asegura que su padre está más orgulloso que esto que del Oscar que supo ganar.

DOS DISCOS

Frontera - Virgin/Emi, 1999

Con “La edad del cielo”, “Frontera” y “Princesa bacana”, este disco consagró al uruguayo en España. El éxito que logró allá se fue replicando en el mundo, incluso en Uruguay, y de ahí en más no se detuvo.

Bailar en la cueva - Warner, 2014

Es el último que ha editado, y uno bien distinto al resto de su discografía, que se vuelca a ritmos bailables y hasta incluye una cumbia electrónica. En Uruguay ganó el Graffiti 2015 a Mejor Álbum Solista de Música Pop.

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