CRÍTICA - BALLET

Tríptico que viaja por mil sentidos

El Ballet Nacional Sodre estrenó el jueves último su Gala V, un programa audaz y atractivo que sin embargo no pareció convocar tanto público como cuando el cuerpo oficial de ballet hace un clásico.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Gracias", de Graciela Figueroa, aportó color y fuerza al BNS. Foto: AUDITORIO SODRE

Y es una pena que el público no haya asistido en masa, dado que las tres partes de este programa de dos horas de duración logran atrapar y sorprender, a través de un abanico de lenguajes que van del clásico a una danza con muchos menos códigos y más libertad.

Las Galas del BNS buscan ofrecer un menú de estilos, y esta que ahora está en cartel lo consigue. Sorprendió la noche del estreno la primera parte, Paquita, que brindó un ballet clásico, sofisticado, con figuras de enorme delicadeza y novedad. Sobre música de Ludwig Minkus, la feliz coreografía de Luis Ortigoza impresionó por la libertad compositiva dentro del estilo clásico.

El marco escenográfico fue la primera sorpresa, dado que en general las galas suelen ser bastante despojadas de decorado. Pero esta primera parte ofreció un marco suntuoso, creativo y cromáticamente muy armónico, que se integró perfectamente al trabajo del numeroso cuerpo de baile, que se lució tanto en sus figuras masculinas como femeninas. Un aplauso particular se llevaron las figuras solistas, de un lucimiento que realmente causó honda sensación. Un ejemplo de cómo en el lenguaje de la danza clásica todavía hay mucho por crear.

El asombro fue en ascenso, aunque los conocedores sabían que Petite Mort, de Jiri Kylián, es una coreografía consagrada y de enorme valor. Y la versión que se vio en el gran escenario del Sodre, sumada a la sobrecogedora música de Mozart, causó una rara y hermosa sensación, en la que se mezcló lo enigmático, lo tenebroso y lo simbólico. El efecto de una gran tela, que recorrió el escenario en un par de ocasiones, redondeó un recorrido que calibró muy bien el ojo del espectador. En cierto sentido, esta segunda parte recordó, salvadas las distancias, aquella otra hermosa coreografía que había presentado el argentino radicado en Alemania Demis Volpi el año pasado en Episodios Nocturnos Coreográficos, con la que comparte su rigor en la concepción e intenciones, donde no sobra un movimiento sobre el escenario.

El uso de la utilería aportó una belleza adicional, con momentos de ribetes casi fantasmagóricos que seguramente quedaron grabados en la retina de quien tuvo la suerte de presenciar la Petite Mort.

Cerró el tríptico una coreografía nacional, creada por la prestigiosa Graciela Figueroa para esta ocasión. De tono mucho más distendido, aunque por momentos también cargada de elementos ceremoniales y rituales, Gracias mostró el lado más suelto del BNS, exhibiendo la belleza de los cuerpos, la fiesta, y muchos otros elementos, a través de una coreografía amplia en intenciones y recursos, donde hubo desde cierto infantilismo hasta la expresión irracional. La música de Bach, puesta en diálogo con todo un conjunto de ritmos y melodías, fue una rica base para este juego de movimientos que expresó gran libertad. En general los coreógrafos uruguayos que vienen trabajando para el BNS echan mano a un lenguaje menos riguroso que algunos de los grandes maestros de otras latitudes. No obstante en este caso, las tres partes conformaron un todo, que estaría bueno que el público acompañara con su imprescindible presencia.

Gala V [*****]

Primera parte: "Paquita", con coreografía de Luis Ortigoza y música de Ludwig Minkus. Segunda parte: "Petite Mort", de Jiri Kylián, con música de Wolfgang Amadeus Mozart. Tercera parte: "Gracias", con coreografía de Graciela Figueroa, sobre música de Johann Sebastian Bach, Luciano Supervielle, Jorge Drexler y otros. Sala: Auditorio Nacional Adela Reta. Funciones: a las 20:00. Domingos a las 17.00. Hasta el 12 de junio. Entradas en Tickantel, a $ 810, $ 750, $ 550, $ 390 y $ 160.

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