MÚSICA

La Triple Nelson, la música como el mejor camino para seguir creciendo

Antes de grabar nuevo disco, el 11 de abril La Triple Nelson presenta "Al natural" en el Sodre 

La Triple Nelson presenta "Al natural" en el Sodre. Foto: Leonardo Mainé.
La Triple Nelson presenta "Al natural" en el Sodre. Foto: Leonardo Mainé.

Con 21 años de formación, La Triple Nelson sigue apostando al crecimiento. Después de haber ofrecido tres recitales en el Teatro Solís para celebrar sus dos décadas, la banda de Christian Cary, Rafael Ugo, Fernando “Paco” Pintos y, desde 2013, Manuel Contrera, apuesta a llenar un Auditorio del Sodre. Sin embargo, para el recital del 11 de abril quieren apostar a otro tipo de espectáculo. Por eso van a presentar las canciones de siempre, pero en otro formato. 

Así es como surgió Al Natural, un recital que, según explica Cary a El País, además de mezclar formatos acústicos y eléctricos, incluirá nuevas sonoridades. “No vamos a decir ningún nombre, pero sí podemos adelantar que van a escuchar cosas que no hicimos hasta ahora”, dice el cantante y guitarrista en un bar del centro de Montevideo mientras se pide un café. “Vamos a incluir instrumentos exóticos, por lo menos para nuestro país”, complementa con Ugo, el baterista del grupo.

—¿En qué aspectos se diferencia Al Natural de espectáculos anteriores?

—Christian Cary (CC): Vamos a hacer versiones diferentes de nuestras canciones y además vamos a tener a muchos invitados que le van a ir sumando una sonoridad diferente en cada instancia. Aparte de eso, el Sodre es un lugar que nos permite hacer música a volumen bajito, al natural, y que a la vez suene muy bien. Queremos que la gente perciba la música de otra manera, porque en la locura de los festivales, donde se toca con mucha distorsión, a veces no se escucha.

—Lo interesante del Sodre es que, si bien es una sala grande, también genera esa sensación de intimidad.

—Rafael Ugo (RU): Totalmente. La gente va y se sienta, entonces ya está en otra sintonía. Está dispuesta a escuchar otras cosas y la sala ayuda a lograrlo. Entonces queremos aprovechar el teatro para armar un show con diferentes instrumentaciones que nunca probamos.

—Christian, recién nombraste que el recital va a tener muchos invitados, y lo relaciono con el intercambio que desde hace algunos años están generando con otros músicos uruguayos. Por ejemplo, en La sed grabaron con Emiliano Brancciari, Mandrake Wolf, Ruben Rada y Fernando Santullo. ¿Cómo analizan estas instancias de intercambio?

—CC: Me parece que ha cambiado mucho con el pasar de los años porque antes era más difícil que una banda fuera amiga de otra, y más si eran de estilos diferentes. Capaz una banda de punk era amiga de otras de punk, pero nunca de una de pop, porque son estilos totalmente separados. De un tiempo a esta parte, algo así como desde principios de los 2000, a partir de los festivales se empezó a dar que las bandas se empezaran a cruzar, a charlar y hacerse amigas; así empezaron las invitaciones. Además, el público cambió porque con los festivales se juntan distintos géneros.

—RU: Sí. Creo que eso es algo muy bueno de parte de los jóvenes, porque están cortando con esa separación entre géneros de que si sos roquero no podías escuchar cumbia. Eso no tiene sentido, porque la música se puede pensar de diferentes maneras pero al final es la misma. Eso nos sirve, porque nos permite abrir un poco el panorama.

—También es interesante que desde los últimos años están tocando en el interior. ¿De dónde surge su interés por descentralizar sus recitales?

—CC: Es que si uno solo toca en Montevideo no puede hacer muchos toques. Es una realidad que cuanto más gente te va a ver, menos shows podés hacer; el mercado en Uruguay es chico, pero es todavía más chico si te quedás es Montevideo. Hay bandas de ahora que dicen que no hay lugares para tocar, pero en realidad siempre fue así.

—Ya en 1972 Los Delfines cantaban: “Amigos, sigue igual / No hay donde trabajar”, así que imaginate si el problema vendrá desde hace tiempo.

—RU: Totalmente. Nunca es suficiente.

—CC: Sin duda. Pero así como está la cosa, nosotros nunca paramos de tocar. Estuvimos 21 años en todos los lugares donde pudimos. Muchos pueden ver ahora a La Triple y pensar que estamos en todos los festivales, pero el primero fue recién en el 2005 con el Pilsen Rock, cuando ya teníamos 10 años de banda. Pasamos de tocar para 100 personas a tocar para 80 mil, y a los días volvimos a tocar para poca gente. En Uruguay es un largo camino dedicarse a la música. Cuando yo tenía 15 años, le preguntaba a mi viejo por qué la gente no iba a vernos, y él me respondía: "Christian, lo tuyo va a ir por el camino lento". Yo me recalentaba porque quería todo rápido, pero después me di cuenta de que tenía toda la razón. Con el paso del tiempo uno se va consolidando en un mercado difícil.

—Al escuchar La Sed pude notar que están trabajando mucho más en los matices al momento de ordenar las canciones de los discos. Siento que en sus trabajos anteriores la idea era grabar un rock bien fuerte para abrir sus discos, y ahora están probando con temas más acústicos, como “Paysandú”, “La sed” y “Caballos”. ¿Lo sienten de esa manera?

—CC: Totalmente. Hasta el penúltimo disco queríamos dar una patada en el pecho y nos manteníamos tres temas en este nivel. En La sed me daba la sensación de que teníamos que cambiar, aunque seguimos tocando las mismas canciones de los discos anteriores en vivo, pero con esto de que uno va madurando tratamos de empezar con una canción.

—Christian, en "Cielo todo gris" hablás de un acorde menor disminuido. ¿Sentís que los acordes logran transmitir emociones?

—CC: Totalmente. Yo enseñé guitarra durante 20 años y lo primero que le hacía notar a mis alumnos era que el acorde mayor transmite alegría, y el menor tristeza. El acorde disminuido, no es solo triste, sino que tiene un montón de sensaciones no tan claras. La música mueve sensaciones y siempre trato de ahondar en ellas.

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