Sonora Borinquen

“Tocar en el Auditorio es La Meca”

Charla con Carlos Goberna, padre e hijo, por la celebración de los 54 años de la orquesta el 23 de febrero

Carlos Goberna Junior y Juan Carlos Goberna. Foto: Marcelo Bonjour

La primera vez que actuó la Sonora Borinquen fue en una boite de Salinas y el concepto ya habla de los años que han pasado. Desde aquel 1964 en el que Carlos Goberna presentó en sociedad a lo que sería una institución de la música tropical, la Borinquen ha actuado en miles de lugares (desde cárceles al Teatro Solís, desde una calle del Borro a fiestas en Carrasco) pero nunca en el lugar donde celebrarán su cumpleaños 54: habrá un Borinquen de gala en la sala Eduardo Fabini del Auditorio Adela Reta del Sodre.

“Para mi tocar en el Sodre es La Meca porque no hay otra sala mejor”, dice Carlos Goberna, hijo, mientras su padre lo mira en una mesa del bar Caballero frente a lo que alguna vez fue la Terminal Goes. “El Solís tiene su historia pero el Auditorio es increíble: el sonido, la parte edilicia, desde donde lo quieras mirar. Es lo mejor que hay acá”. Borinquen será, dice, la primera orquesta tropical en tocar en el auditorio del Sodre.

“Además, en el Solís ya tocamos”, agrega Goberna, padre, mientras apura un refresco light con hielo que deja en evidencia mi equivocada elección de un café en esa tarde tan pero tan calurosa. “Hubo un festival que organizó el sello Macondo donde nos presentamos Camaguey, Cienfuegos y nosotros”. Eso fue en un tiempo donde la música tropical editaba discos, tenía decenas de bailes para tocar y hasta actuaba en el Solís.

Llegar al Auditorio, entonces, es la consagración de un modelo de trabajo que Goberna, padre, inauguró hace 54 años y que su hijo mantiene al pie de la letra aunque adaptándolo a los nuevos tiempos. Esa ética de trabajo, quizás, es la que los llevó a superar modas (la cumbia de los 90, la cumbia cheta y otras catástrofes) y seguir haciendo bailar con sus plenas a cientos de personas todos los fines de semana.

Como parte del fenónemo, el año pasado se editó un libro de fotos (Hasta Borinquen, de Agustín Fernández y Diego Recoba, editado por Estuario) lo que los llevó a tocar en Sala del Museo para un público de jóvenes modernos.

Carlos Goberna Junior y Juan Carlos Goberna. Foto: Marcelo Bonjour
Sonora Borinquen. Foto: archivo

En el Auditorio, la Borinquen tendrá 32 músicos en escena, videos, invitados, un maestro de ceremonias y ese montón de canciones que se han instalado en el imaginario cultural uruguayo, más allá de clases sociales o de géneros. Y que los mantienen activos.

Sobre todo eso Goberna padre y Goberna hijo charlaron con El País.

—¿Cómo eran los viejos tiempos de la música tropical, allá en la década de 1970 con aquellas bailes históricos?

Carlos Goberna padre (CG(p)): Muy buena. Mucho mejor que ésta en todo sentido. Había orquestas que sonaban muy bien y como era todo en vivo había que cuidarse mucho. Por ejemplo, en una programación del Rowing, que llevaba cinco o seis orquestas por sábado, si quedabas entre Combo Camagüey y Grupo Latino -dos orquestas que tenían un arrastre bárbaro-, uno tenía que tirar para adelante y gustar. Y así era en el Rowing, el Sudámerica, Euskaro, el Coben que estaba en el Hogar Húngaro de Garibaldi.

—No parece quedar nada de eso.

CG(p): Algo. El Sudámerica pero a media campana. Ahora cerró los sábados y no sé si no se retira del medio.

-—¿Y donde va a ir a bailar el público?

CG(p): Donde pueda.

Carlos Goberna hijo (CG(h)): Va quedando Macarena, Sol Café...Pero son boliches.

CG (p): El problema del Sudamérica, por ejemplo, es que los clientes son todo botijada, entonces no gastan un mango. Van con la cajita de vino a la puerta del baile, se la toman, entran, bailan toda la noche y consumen agua de la canilla. Aquella época en que vos pasabas y había una mesa con una botella de whisky, esa época ya no está más.

CG (h): En el Euskaro, cuando terminaba iba para una mesa de amigos y siempre tenían espinillar con pomelo. Y de repente marchaban un par de botellas de esas. Y tenían su mesa que la pagaban todos los sábados. Esas son cosas que se fueron terminando. Ahora la bebida más barata en un baile es la cerveza, así que todo el mundo consume cerveza.

—Entonces ya no quedan lugares para la gente grande.

CG (h): El Orensano, el club Funsa, lo de Mabel. Aún quedan lugares, pocos, eso sí.

—¿Cuántas shows tiene la Borinquen por fin de semana?

CG (h): Siete u ocho. Hacemos pizzerías, fiestas.

—¿Y cómo ha cambiado el público de la música tropical?

CG (p): Es una pregunta con varias respuestas. Primero porque es otro público, generalmente más joven. Segundo, ese público es muy peligroso para una orquesta como la nuestra que compite con un montón de anormales que suben al escenario a cantar y no podrían ser ni utileros. Los botijas te dicen, “sí, no cantan bien pero agitan”. ¿Cómo te salvás de eso? Teniendo una orquesta afiatada, ensayada con arreglos musicales. Ahí cuando empezás a tocar se dan vuelta para ver qué es eso que está sonando porque lo otro era un desastre. Con las cosas así, si no hay una reconstitución la música tropical va a desaparecer. Y eso que es la música que tiene más clientes. De repente vas a una pizzería y hay 50 personas pero hay 100 pizzerías con 50 personas. Es la música que en el fin de semana tiene más gente. Un grupo de rock, que es la competencia nuestra, te hace un festival con 10.000 personas pero después en el año no tocaron más y nosotros estamos todos los viernes, sábado y domingo. Y hay que sonar bien, hacer música que los haga bailar porque estos otros tipos generalmente no los hacen bailar, los hacen acercar al escenario y joder un poco desde bajo. Agitan.

—¿Y qué a va remplazar a la música tropical?

CG (p): No creo que lo remplace nada.Cuando desaparezca va a desaparecer. No va a ser de golpe. Esa caída en la parte profesional ya pasó.

—-¿Hay menos músicos?

CG (p): Muchos menos. Ahora conseguís un trompetista y tenés que cuidarlo mucho.

CG (h): Lo que pasa es que como la noche se ha hecho pedazos, son pocos los músicos que quedan buenos que quieran laburar de noche. Aspiran a laburar en otra cosa. Además de que hay pocos.

CG (p): Antes músicos del Sodre venían a tocar a las orquestas porque había mucho trabajo y al sueldo del Sodre, le agregaban lo que hacían el fin de semana. Y otro de los temas que es un requisito de nuestra orquesta: el músico tiene que soplar, meter para adelante.

—Y está costando encontrar gente que sople.

CG (h): Sin duda. Tampoco hay pianistas, tocan todos mal. Hace años que en nuestro género no hay un tecladista que se toque todo.

—Además deben lidiar con las tentaciones de la noche...

CG (h): En el ambiente ya saben que el que está en la Borinquen no está en nada.

CG (p): Hay músicos que no quisieron venir a trabajar conmigo porque dicen “ese viejo es un sorete”. Y es verdad, a pesar de que le aflojé mucho. Te banco un borracho, pero un drogadicto no.

—¿Quién fue el mejor músico de la historia de la música tropical?

CG (p): El tipo que se destaca en todo es el Chato Arismendi. Toca bien el instrumento que agarre, juega bien al fútbol, juega bien a las bochas, canta fenómeno. Ha sido un grande de la música uruguaya.

CG (hijo): El chileno Salas también. En Camagüey marcó una época.

—¿Parte del secreto de la permanencia de Borinquen es el entusiasmo que le pone su hijo?

CG (p): Sí, claro. El es el que tira para adelante. Hace poco me dijo “papá, no te preocupes más, viajá, divertite, tomate unos whiskies”. Y dije “este tiene razón”. Así que yo estoy ahí tranquilo, me tomo unos whiskies y cuando se calienta con los músicos miro para otro lado.

CG (h): Y está bien. Ahora soy yo el que me caliento.

—Pero el escenario, Goberna usted no lo abandona.

GC (p): Jamás. “El viejo murió en el escenario”, ese va a ser el título del diario.

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