entrevista con Gustavo Cordera

"Tenía que volver a ocupar mi lugar"

Al frente de su Caravana Mágica, el argentino se presenta este viernes en el Enjoy Conrad de Punta del Este. Cordera es uno de los músicos más inquietos de Argentina desde hace 30 años y un personaje que siempre tiene cosas para decir. De su momento habló con El País.

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"No le tengo que pedir nada a nadie; mi generosidad se ve en lo que hago", admitió. Foto. F. Ponzetto.

—Estuvo en Montevideo, en noviembre del año pasado. ¿Qué hizo desde entonces?

—Estuvimos trabajando muchísimo actualizando todas las canciones de mi repertorio y otras nuevas. Con eso hicimos un Luna Park, un desafío muy grande porque era el Luna Park número 27 para mi. Cuando hacemos un Luna Park no es para ver cuánta gente metemos sino que lo importante es la superación como un camino a la excelencia. Y eso es comunicar mejor, hacer una lista de canciones lo más ecléctica y emotiva posible: es un viaje donde cada puerto tiene que nutrirnos de algo nuevo.

—Cuando usted empezó con La Caravana Mágica, su grupo desde hace seis años, se podía pensar en un proyecto más chico, con menos alcance. Sin embargo se convirtió en una banda grande y con éxito.

—No era la intención en un principio. Era hacer lugares más chicos, no tener la presión de responder a los hits. Pero desde fines de 2014 en una sesión de terapia descubrí que tenía que volver a tomar mi lugar. Es eso lo que estoy haciendo y eso trajo como consecuencia un crecimiento del público y de mi lugar. No le voy a poner freno.

—Le fue difícil quedarse lejos de los hits, porque le vinieron solos. ¿Cómo se para frente a la canción y el éxito?

—"La bomba loca" iba a quedar afuera de La Caravana Mágica Volumen 1, por ejemplo. Lo había decidido yo y los productores se opusieron. Nunca me imaginé que iba a tener el éxito que tuvo. Los músicos no tenemos una idea muy clara de lo que puede pasar con una canción. Se hacen jugando.

—Más allá de lo musical, usted tiene experiencia en bandas ¿cómo es la convivencia con La Caravana Mágica?

—Es una banda que está en su mayor parte está formada por muchos chicos de Rocha. Y la verdad que fue una experiencia muy nutritiva porque yo soy un tipo urbano de Buenos Aires, tipos más agresivos, más sarcásticos, más ambiciosos. Por eso el encuentro con estos seres humanos me hizo relacionarme en otra frecuencia que tiene que ver más con la sensibilidad, el respeto. Me relajó.

—¿Pero está cómodo?

—La verdad que no porque no es mi zona de confort. Mi zona de confort es la tensión, la agresividad y la locura. En un manicomio o una cáracel estaría más cómodo. Pero me ayuda a completarme.

—También debe ser un cambio grande para los músicos rochenses que pasaron a recorrer el continente.

—A mi me sirve: les pido prestado los ojos. Ir a México a donde ya fui 30 veces y ellos fueron por primera vez y encontrarme con cómo miran las cosas y cómo disfrutan la vida, me motiva a estrenar nueva mirada sobre las cosas. Y eso me hace conectarme más conmigo mismo y con mi arte.

—¿Le costó mucho convencer de su honestidad? ¿No hay gente que desconfía?

—En este momento de mi vida, me acepté, me siento en paz conmigo mismo. Y eso la gente lo reconoce, lo vivencia y me tiene confianza. Yo estoy en armonía conmigo mismo, no tengo que venderle nada a nadie. Mi generosidad está a la vista con lo que hago.

—Y también puede tocar en el Conrad...

— No quiero ser reactivo ante ninguna clase de persona o de ocasión. Acá hay muchos muchachos que se han venido a sacar fotos conmigo que trabajan en el hotel y para ellos verme en el lugar donde laburan, es la única oprtunidad que tienen de ver a Cordera y su Caravana Mágica. También voy a tocar para ellos. Sé que para el estigma rock venir a tocar al Conrad es como una especie de traición. Pero a mi no me gusta caretearla, no me gusta tener una pose antisistema cuando en realidad yo formo parte del sistema.

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