Ahí estuve

El Teatro de Verano se llenó, bailó, cantó y gritó con Morat

La banda colombiana vino por primera vez a Montevideo y llenó dos fechas. 

Morat. Foto: Marcelo Bonjour
Morat. Foto: Marcelo Bonjour

No sé cómo habrá sido el del martes, pero el del lunes era un Teatro de Verano eufórico y lleno. Los espectadores del martes fueron los que agotaron en menos de una semana la primera fecha programada para Morat en Montevideo. Los del lunes, los que creían que se habían quedado sin la oportunidad, pero finalmente pudieron tener su chance.

No sé si todavía hay alguien que haya pasado por alto a Morat, pero por las dudas, hay varias formas de describirlo. Es una banda colombiana, un grupo de amigos que quería hacer música y le fue bien, aquellos que conquistaron a Paulina Rubio con una canción y que ya grabaron con Juanes (su ídolo). O bien, son una especie de One Direction en español y con sangre latina.

Lo de compararlos con One Direction viene por el lado de que son una boy band con canciones pegadizas, que hablan de amor y que tienen en su público (por lo menos en el que andaba por el Teatro de Verano) a una gran cantidad de chicas, de niñas a veintitantos años —aunque también había chicos de varias edades y parejas que rondaban los 40—.

La diferencia está en que sí, su música, ese pop folk que no se va fácilmente de la cabeza, está para bailarse más.

No había casi banderas ni carteles: parece que no es cosa de los centennials y milennials, que tienen otra forma de demostrar el entusiasmo del estar ahí. Cuando empezaron los primeros acordes de “Mi nuevo vicio”, antes de los gritos, entre los perfiles de las cabezas y mimetizándose con las luces del escenario, aparecieron los celulares, las cámaras, los vivos de Instagram, los videos.

Los gorros y las vinchas eran una señal de que lo que había en ese público era fanatismo. Aunque otra buena pista podría haber sido que todos se cantaron todo, hasta el tema estreno de hace unas semanas, “El embrujo”. Esa es la canción con una influencia española muy fuerte, un homenaje al primer país que les abrió las puertas como cantantes.

Si hay que elegir el momento del show, iría por esa canción. Fue cuando rompieron su esquema habitual y convirtieron el escenario en un espacio acústico. Martín Vargas Morales pasó de la batería al cajón peruano, otros agarraron guitarras acústicas, un teclado, y Juan Pablo Isaza -el que nunca se saca el sombrero- demostró que su voz, con un timbre que destaca al de sus compañeros, está hecha para el flamenco.

El otro punto alto de la noche se lo dejaría a Simón Vargas Morales -el hermano del batero-, cuanto tuvo su momento para dejar el bajo y sus pasos de baile para demostrar que también puede cantar, con una versión de “Ladrona”. Las voces en Morat normalmente corren por cuenta de Isaza y Juan Pablo Villamil, el que aprendió a tocar el banjo porque quería algo distinto.

De que el show está ensayado y hasta diría que minuciosamente calculado, no hay duda. El nivel de perfección del concierto de Morat era tal, que por algunos segundos parecía que estábamos frente a uno de sus videoclips; solo faltaban las escenas de relleno. En vivo, la banda hace casi lo mismo que en el estudio, salvo por algunos solos, por otros tantos quiebres en las voces o por los discursos previos a sus canciones, más recitados que espontáneos.

Para la primera vez frente a un público que los quiere por verlos a través de una pantalla, no está mal. No está mal, porque a veces, solo a veces, ubicarse en la zona de confort hace del show un producto de calidad. No hubo lugar para los errores, aunque correr riesgos de tanto en tanto tampoco vendría mal. Se podría decir que dejar “Cómo te atreves” para los bises era algo de eso, pero todos sabíamos que iban a llegar hasta ahí.

A cada instante que podían, estos colombianos con su acento marcado remarcaban su impacto. Aunque las frases eran hechas y probablemente las hayan repetido en algún que otro país, el sentimiento bien podría ser genuino. “Estamos dichosos”, decía Simón Vargas en una entrevista con El País sobre el show agotado. “Eso da muy buena espina acerca de lo que está pasando con nuestra banda en Uruguay. También te da pistas sobre cuáles son los lugares a los que volver”, agregaba.

Morat llenó dos Teatro de Verano, cantó con un coro eterno de uruguayos, los gritos casi no cesaron y el amor eufórico -algunos dirán que es pasajero, otros creerán que no- era evidente. Así que esa vuelta, falte mucho, falte poco, bien podría ser.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º