entrevista con Raúl Jaurena

“El tango necesita sangre nueva, necesita cambiar”

El maestro se presenta el viernes 5 de octubre en el Auditorio Nacional Adela Reta con un programa especial

Raúl Jaurena
Raúl Jaurena, un enamorado del bandoneón. Foto: Marcelo Bonjour

El viernes 5 de octubre a las 21:00 en la sala mayor del Auditorio Adela Reta se presentará el reconocido bandoneonista Raúl Jaurena, junto al clarinetista alemán Bernd Ruf, en un concierto especial a beneficio de la escuela de tango Destaoriya. Tickantel, $ 350 a $ 600.

-¿Cómo será Tango mundo?

-Es el concierto anual que hace la orquesta Destaoriya, y este año tenemos la suerte de traer desde Alemania a un clarinetista y director de orquesta sinfónica, el maestro Bernd Ruf. Quien además es el director general de una de las escuelas de música más grandes de Alemania, la Escuela de Música de Lubeck. Y a partir de ahora se abre una colaboración, un intercambio, entre Destaoriya y esa escuela de Lubeck. Y para este concierto escribí unos arreglos especiales para clarinete, bandoneón y quinteto de cuerdas.

-¿Cómo se complementan clarinete y bandoneón?

-Se complementan muy bien, porque son dos instrumentos que no tienen cámara acústica. Porque con un instrumento de cuerda, por ejemplo, usted toca una cuerda y en la cámara acústica resuena, queda sonando. Pero tanto en el bandoneón como en el clarinete, al momento de largar la llave de clarinete, o ese botón de bandoneón, se corta el sonido. Y eso invita a tocar tipo Bach, con fugas, con distintas formas de exposiciones, de movimientos, de notas. Es algo muy interesante.

-¿Qué sabe ya del repertorio?

-En la primera parte va a haber temas como “Romance de barrio”, “La puñalada”, y un tema que yo compuse, dedicado a la orquesta, que se llama “Destaoriya”. Y muchas canciones tradicionales, que se harán cantadas, como “Cuesta abajo” y “Volver”. Y en la segunda parte vamos a hacer “El choclo”, y cosas más contemporáneas, como “Oblivion”, “Libertango”. Y otro tema mío, que compuse en Nueva York, llamado “New York, gotán”, que tiene una mezcla entre tango y jazz. Le pusimos al espectáculo Tango mundo porque la idea que tenemos en el futuro es seguir haciendo estos espectáculos anuales, siempre trayendo a alguien del exterior.

-Como que el tango necesita mezclarse con músicos de otros géneros.

-Claro, gente que aunque no sean del Río de la Plata ni sean tangueros, pueden hacer grandes aportes al género. El tango necesita sangre nueva, necesita cambiar, necesita gente del exterior, así como jóvenes de acá. No debemos quedarnos encerrados, tocando estilo Troilo, estilo Salgán. Porque eso implica quedarse siempre en el mismo lado. Tenemos que buscar nuevos horizontes. Porque todo cambia hoy. El mundo es muy cambiante. Aunque Salgán, o Troilo, hayan sido unos monstruos, indiscutibles, no podemos seguir siempre haciendo esos estilos. Además, no siempre podemos hacer tangos que demoran tres minutitos. Eso en el mundo ya no existe más. 

-¿Cómo es la cocina de la adaptación sinfónica?

-Bueno, los temas folklóricos siempre suelen tener un importante acompañamiento de guitarras, con sus clásicos rasguidos, cosa que no vamos a tener en este tipo de conciertos. Entonces, agarrar un tema y adaptarlo sinfónicamente, implica darle un ritmo lo más parecido, combinando el color de los instrumentos. Trabajar con una orquesta sinfónica es como hacer una comida: hay que ir viendo qué condimentos uno le va poniendo. Si lleva sal, no le va a agregar dulce de leche. Así, hay instrumentos que no se combinan. Hay que ir buscando bien las distintas combinaciones de instrumentos. Sin embargo, en general, el arreglista, la gente no sabe ni siquiera que existe. Siendo que es muy importante: de un gran tema puede hacer una porquería. Y de un tema feo, una gran obra.

-¿Concretamente, cómo empieza a trabajar los arreglos?

-Primero, los trabajo en mi cabeza. Yo soy de la vieja generación, que no nos pasábamos probando en una computadora. En Nueva York, frente a casa, hay un parque. Y yo cuando camino, voy haciendo el arreglo en mi mente. Pienso en los violines, en los metales, las maderas. Hago todo eso en mi cabeza, del principio al final, para que tenga coherencia. Porque si me siento a escribir, y hago un pedazo, y luego otro, y otro, va a quedar una obra en tres partes nomás. Y el tema hay que pensarlo como una unidad. Por eso a veces me dicen que soy muy rápido para escribir. Y no es así. Es que hace una semana que lo vengo pensando en mi cabeza. Si pongo diez días en hacerlo, son ocho de pensarlo y dos de escribir. Además de tomar aire, yo trabajo en el parque. Y también cuando voy en los aviones, o en un tren. Y muchas veces me he pasado de estación. Por lo concentrado que voy.

de aquí y de allá

“En Montevideo todo me estimula”

 “Me inspira mucho más para producir el ambiente montevideano que el neoyorquino. Es mejor el ambiente de acá porque se mueve a otra velocidad, hay menos agresión, hay más espacio, hay más tiempo. Acá se puede escribir una música menos agresiva, más tranquila. Ahora que vivo cuando estoy en Montevideo en Av. 18 de Julio y Andes, me voy para el lado de la Ciudad Vieja, o para la rambla. O sentado en la plaza Independencia”, explica el maestro Jaurena, quien desde hace décadas está radicado en Nueva York, desde donde ha proyectado su trabajo al mundo entero.

“En Montevideo todo me estimula. Y sobre todo, sentir hablar en mi propia lengua. Eso es importante, porque te remueve todas las raíces. Y uno se pone mucho más productivo. Yo el inglés lo manejo muy bien, porque hace años que estoy allá, pero no deja de ser mi segunda lengua. Yo acá estoy siempre bien, siempre me siento bien cuando vengo a Uruguay. Porque vivo una cantidad de cosas que son importantes para mí”.

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