La Tabaré cierra los festejos por 30 años de historia en el Teatro de Verano

Tabaré Rivero: "Yo no fui un tipo fácil"

Con 30 años, se supone, cualquier persona ya entró en la adultez. Pero La Tabaré sigue teniendo un comportamiento sumamente adolescente, impulsado por la urgencia de decir, contar, quejarse. No hay crisis de los 30 ni mucho menos; al contrario, esta noche habrá fiesta en el Teatro de Verano (ver recuadro), para celebrar semejante cumpleaños significativo.

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Tabaré Rivero. Foto: Darwin Borrelli

A Tabaré Rivero, creador y líder de esta identidad artística de corazón punk y personalidad teatral, las fiestas nunca le gustaron. Más bien se negaba a ellas. Pero hoy tiene ganas de festejar y de agradecerle al público que le permitió convertirse en cantante, aún cuando nunca soñó serlo.

El empleado municipal, el compositor sin vergüenza, el actor y el artista: Rivero dejará de lado sus prejuicios festivos porque necesita que su banda, su cración, tenga una fiesta especial.

—¿Cuántos años tenés?

—58.

—Media vida con La Tabaré.

—Media vida, tenés razón. No me había dado cuenta.

—En realidad, un poco más. ¿Antes de esos 30 años de La Tabaré qué había? Porque ya actuabas.

—Actuaba desde muy chiquitito porque mi padre era actor de teatro. Dicen que debuté a los nueve meses en televisión. Cuando estábamos en dictadura yo no sabía qué hacer, no quería ir al liceo porque me obligaban a cortarme el pelo, entonces mi viejo me dijo: "¿qué hacés, laburás o estudiás?" "Laburo". "Bueno, vení a trabajar a la compañía". Yo era muy vergonzoso como buen adolescente; y me puse a hacer teatro.

—No tenías vocación, entonces.

—Me gustaba, pero hacerlo en serio no. Sí me gustaba mucho la música, quería ser músico de rock.

—¿Por qué querías ser músico de rock? ¿Qué habías escuchado?

—Porque había escuchado a los cinco años a los Beatles. Después viví la movida del rock de acá en los sesenta y setenta, más que nada Opus Alfa, Psiglo. Y en dictadura con el teatro me salvé porque tenía ganas de decir cosas y los clásicos hablaban por mí. Cuando vino la democracia la gente había dejado de ir a los conciertos de música popular y al teatro, y no pasaba nada. Entonces con unos amigos, Riki Musso, Alvin Pintos, Mandrake Wolf, enchufé la guitarra. Siempre había sido un fracaso, en los cumpleaños tocaba las canciones y todas se aburrían. Digo todas porque yo quería seducir a las muchachas. Así llegué al final de la dictadura a los 27 años, y estos tipos que eran músicos me decían: "loco, están buenísimas las canciones".

—¿Cuál es la primera canción que recordás de esa época?

—"Miel luna de", que está en el disco Archivoteca. Ahí enchufé la guitarra y armé La Tabaré en el año 85, ya empezada la democracia. Pero toda la dictadura la pasé escuchando mucha música y viendo mucho arte, emocionándome en exposiciones de cuadros. Esa fue mi adolescencia, que no la recuerdo con cariño. La recuerdo con miedos, con rebeldía, con una rabia muy guardada.

—¿La Tabaré te ayudó con eso?

—Creo que el teatro me ayudó primero a sacarme la timidez. Si bien sigo siendo un tipo tímido, puedo lidiar con eso. La Tabaré me ayudó, evidentemente. Los primeros años fueron de catarsis.

—Además, la típica adolescencia en esa época no se podía vivir.

—¡Claro! Yo festejé mi cumpleaños de 18 solo, viendo un ciclo de películas de Bergman en Cinemateca. Era una juventud sin nada, vacía. Sin noche; no había bares, no había sensualidad.

—¿Cuántas veces te preguntás ahora si sigue siendo rocanrol?

—Ah, me lo pregunto. Y creo que no, que no sigue siendo rocanrol. Yo aprendí que el artista si milita, milita desde las tablas, porque su trabajo es una militancia, y uno tiene el deber de expresar eso. Yo no me creo el tipo que voy a salvar la humanidad con el arte, ojo, pero a mí el arte me ha salvado.

—Pero cuando se habla de si el rock vive o no, ¿vos qué pensás?

—El rock es una cosa muy amplia que ha perdido lo fundamental: el por qué. Hoy, donde haya guitarra, bajo y batería y un poquito de distorsión, ya hay rock. No importa lo que digan las letras ni la actitud política. Por supuesto hay bandas que todavía tienen una actitud de quiebre con lo establecido. Pero la gran mayoría de la gente y los medios de comunicación no hablan de eso. El rock es cualquier cosa. ¿Puede Ricky Martin ser rock? Para MTV lo era; te ponía Nirvana y después Ricky Martin. Por lo menos él tuvo la valentía de jugarse como homosexual con el riesgo de perder público. Hay una cantidad de bandas que no se juegan en absoluto.

—¿Se puede volver a romper con lo establecido?

—El artista siempre, y cada vez más, lucha contra la gran bobada del arte, con la gran simplificación del hecho artístico. Lo único que se puede hacer es seguir, cada uno con honestidad. Se podría hablar de educación; creo que el arte es una indudable forma de educación, que en muchos países es hasta primordial. Acá el artista sigue siendo un pelotudo.

—¿Hay algo que te gustaría no haber hecho con La Tabaré?

—Yo no fui un tipo fácil, quizás haya cambiado en los últimos 10 años. Porque La Tabaré es lo único que me tomé en serio en la vida fuera de lo familiar. Entonces que viniera algún músico o manager o crítico a quererme imponer ideas, era una negatividad de mi parte y muchas veces terminaba en pelea. En los últimos tiempos delego en la banda. Y esta banda que está ahora se lleva muy bien, entonces yo me llevo muy bien con esa unidad. Lo que cambiaría son actitudes mías.

—¿Y qué no cambiás por nada?

—La actitud artística de la banda. Es una impronta que que no la cree mirando sólo a grupos de rock, sino escuchando a maestros de teatro hablar de la importancia del ate en la sociedad. Y como lo que quiero es hacer arte, si hago rock es arte-rock. Yo no me subo al escenario a ser aplaudido.

Cierre a lo grande para estos treinta años de vida.

Durante todo 2015 la banda estuvo festejando estos 30 años. Pasó por Bluzz Live donde recorrió lo más importante de su discografía, y terminó agregando varias fechas por la demanda que hubo.

Luego proyectó tres veces en la Sala Zitarrosa su documental Ni estrellas ni fugaces, siempre a sala llena. A algunos de los concurrentes les regalaron un breve set de canciones en vivo.

El show que darán esta noche en el Teatro de Verano servirá para ponerle el broche de oro a estas celebraciones.

En el Ramón Collazo desde 21.00 la banda repasará sus clásicos y rarezas recogidos en más de una decena de discos, con muchos invitados. Varios de los que pasaron por La Tabaré estarán presentes, acompañando.

Las entradas están en venta en Red UTS y cuestan 460 pesos. Hay 2x1 con Tarjeta Joven en boleterías.

LOS DESCANSOS DE LA BANDA.

Dos momentos conflictivos y un presente de alegrías.

Desde adentro, Tabaré Rivero nunca tuvo dudas de que su banda fuera a dejar de existir. Siempre, a pesar de los constantes cambios en la integración, creyó en que La Tabaré tenía la fuerza suficiente para salir adelante. Hubo, sí, algunos momentos duros.

Uno fue la salida de Andrés Rega, quien había sido su manager por 20 años. "Nos sentimos todos muy mareados porque no sabíamos cómo íbamos a encarar ese trabajo; yo nunca supe cuánto cobramos, jamás. Nunca me importó porque siempre tuve laburo, que lo hice solamente para poder hacer música tranquilo. Y mi trabajo como municipal no me disgusta porque son clases de teatro y yoga en centros comunales. Si tuviera que ser administrativo creo que hubiera renunciado", confiesa Rivero a El País.

Y otro momento oscuro fue en el Teatro de Verano, hace 20 años: diciembre de 1995. La banda dio un show intenso, como siempre, y hubo "mucha violencia".

"Esa vez un flaco se me acercó y me dijo: che, loco, las letras las hacés vos así que no te achiques, vos sos el que generás esto. Y me hizo pensar que estaba haciendo las cosas muy mal o que la gente estaba entendiendo muy mal lo que yo estaba diciendo. Además era un punky el tipo. Estuve un año que no quería tocar y dije: ya está, no toco más".

Rivero volverá al Teatro de Verano para reconciliarse con ese escenario, con una de las formaciones que más satisfacciones y comodidades le ha dado. La Tabaré hoy son: Lucía Ferreira en voz, Leo Lacava en guitarra, Martín García en bajo, Enzo Spadoni en trombón, Chelo Lacava en batería y Sebastián Gagliardi en teclados. "Siempre fuimos cinco, ahora somos un montón".

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