Crítica | Discos

Soul con pimienta y sexo

Con una voz que a veces parece imposible de domar, Miguel llamó la atención hace tres años con su segundo disco "Kaleidoscope dream". Ahora está de nuevo en boga gracias a este álbum, mucho más ambicioso y, también, más logrado.

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Aunque se mueve en el mismo terreno que gente como Chris Brown, Jason Derulo y Usher, Miguel en realidad tiene más en común con artistas como Frank Ocean y DAngelo: soul con personalidad y pocas concesiones a las fórmulas que imperan en el estilo.

El álbum es un extenso mosaico que mantiene su cohesión gracias a una producción que le imprime a todo el repertorio un sonido difícil de definir, pero fácil de reconocer cuando se oye. Está la voz, claro. La garganta de Miguel es poderosa, pero también puede ser aterciopelada cuando le canta a los placeres del cuerpo. Y el sexo es un tema que atraviesa todo Wildheart, tanto en las letras como en los gemidos, gritos y susurros que Miguel esparce con pasión y esponteaneidad acá y allá. Más allá de la voz, Miguel (apellidado Pimentel) consigue capturar un sonido que lo hace único en el pop negro actual.

No es que desdeñe de algunas fórmulas, como por ejemplo el rapero invitado. Pero en realidad, Wildheart apunta a algo más universal, que tiene que ver con la reformulación del soul hacia algo más actual y también más personal. La presencia de Lenny Kravitz en uno de los temas ("face the sun") puede ser interpretada como un puente hacia Prince, y de ahí tal vez a Sly & The Family Stone. Pero Miguel nunca se detiene demasiado en el pasado. Lo hecho antes y por otros es, para él, es un punto de partida para un repertorio que, ahora sí, tiene tantos colores y formas como un caleidoscopio.

WILDHEART[****]

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