AHÍ ESTUVE

Soda Stereo como nexo entre un continente y una multitud

El estridente sonido avisa que algo pasa en Pampa y Alcorta desde lejos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Café Tacvba. Foto: Celeste Urreaga

Ya cerca de medianoche, el taxista diría que estaba a muchas cuadras cuando escuchó perfectamente "Juegos de seducción" en la notable versión de Café Tacvba que fue una de las últimas canciones que sonó en esta edición del Movistar FRI Music, un evento que la marca organiza en exclusiva para sus clientes, con entrada gratis.

Sobre las cinco de la tarde la pantalla gigante que emerge sobre el vallado muestra la cabellera rubia y los ojos maquillados de Benito Cerati, que con su banda Zero Kill está haciendo una intervención diferente: está cantando "Perdonar es divino" de su padre, Gustavo. Pide disculpas por salirse del eje, y su voz atraviesa todo.

Es que la premisa de este festival es rendirle tributo a Soda Stereo con representantes de la música latinoamericana (sin bandas uruguayas) de primer nivel: la grilla va de Leo García a Café Tacvba, de Illya Kuryaki al solista Juanes.

Nadie le reclama a Benito que haya decidido enfocarse en la carrera solista de su padre, sobre todo teniendo en cuenta que la veintena de grupos que estarán pasando por tres escenarios diferentes —hay uno pequeño que está apartado, y uno doble que convoca a la mayoría del público— irán haciendo, una o dos cada uno, distintos temas de Soda.

Antes de Benito, por ejemplo, ya pasó Leo García —se iría poco después en taxi, cargando sus propios equipos— interpretando varios de los temas de la banda que le cambió la cara al rock latino en los ochenta. Y después pasó la mexicana Carla Morrison (una artista en ascenso), que se bajó del escenario gritando a viva voz por su país.

La mayoría del público (pasaron unas 70.000 personas) seguramente no haya visto a Soda en vivo. Hay un promedio de veinteañeros entre los que se cuela algún padre con sus hijos y parejas más mayores. Muchos están tirados en el pasto, soportando el sol de este día veraniego y un volumen intenso.

Cuando a Richard Coleman le toca subir al escenario Signos, por ejemplo, en el Primavera hay otra banda haciendo una versión de "Cuando pase el temblor" y la distancia entre uno y otro punto no evita que las canciones se pisen. La masa de sonido es puntualmente ahí, difícil de descifrar, pero no interfiere en la misión de un grupo de muchachos, que paran a gente para pedirle testimonios de cara a la realización de un documental sobre Cerati.

En esa zona al costado del predio, el público está en otra sintonía, disfrutando de una experiencia. Porque el FRI Music no es sólo un evento de música: hay comida de todo tipo (incluso vegana, aplausos por eso), mesas de futbolito y ping pong, juegos para chicos, exposiciones de fotos —pica Jorge Drexler y Luciano Supervielle—, y un sector para sacarse fotos con marcos de Polaroids que tienen impresas frases de Soda. "Esta noche todo lo puede", dice una, en la que dos chicas posan sonrientes. Lo que no hay es alcohol, ni siquiera en la zona VIP donde circulan Favio Posca, Florencia Torrente, Martín Piroyansky o María del Cerro. Lo que importa es la música.

Illya Kuryaki and the Valderramas. Foto: Verónica Bello
Illya Kuryaki and the Valderramas. Foto: Verónica Bello

Matías Rada se sube al escenario con los Illya Kuryaki (terminaría enojado porque se le rompió su amplificador) y es ahí cuando el festival empieza a animarse. Dante Spinetta aprovecha para recordar "al número uno", su padre Luis Alberto, y luego con Emmanuel Horvilleur entona "Ella usó mi cabeza como un revolver".




















Está claro que hay público que fue por una u otra banda, o simplemente para no perderse la fiesta. Pero cuando suena un tema de Soda no hay modo de no emocionarse: son miles y miles de voces cantando las canciones de una banda que no está más, y que está siempre.

Kevin Johansen logra los momentos más emotivos haciendo "Corazón delator" con un cuarteto de cuerdas y "Trátame suavemente" con Ruben Albarrán de Café Tacvba como invitado. "Vivas las queremos", dice el mexicano y la multitud aplaude. Después llega un conmovido Zeta Bosio, un protagonista que intervino en un momento poco adecuado: llegó con Shoot the radio, un proyecto electrónico que no conectó con la sensiblería del número anterior y la batería de éxitos del siguiente, que sería el de Juanes. Parte del público se limitó a sentarse a esperar.

Al cierre, Café Tacvba da un show que arrasa: tiene tremendas canciones desde "Chilanga banda" a la nueva "Un par de lugares, un buen despliegue de luces, cambio de vestuario y coreografías. Todo eso más la performance entre alocada y mística de Albarrán, levanta hasta lo máximo la intensidad de una fiesta que se cierra con esa versión de "Juegos de seducción" que el taxista escucharía de lejos. Para cuando varios de los músicos que participaron del festival se suben a cantar a coro "De música ligera", Soda Stereo ya había probado su fuerza y vigencia, manteniendo a decenas de miles de personas unidas durante un rato muy largo, reivindicando el valor del rock.

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