Carnaval 2018

Sobresalientes espectáculos de Cayó la Cabra y Los Muchachos

Hubo murga y parodismo de primera en el tercer y cuarto turno de la noche del domingo. En tanto, la comparsa C 1080 fue un deleite visual, y la revista debutante Supernova tuvo imperfecciones y quedó con margen de mejora

Cayó la Cabra
Cayó la Cabra en el desfile inaugural de 2018. Foto: Marcelo Bonjour

La murga Cayó la Cabra realizó una excelente propuesta en su primera actuación del Concurso Oficial de Carnaval. Su trabajo denominado Las Aventuras del Escuadrón Rebelde propuso un sabroso e inteligente cóctel de humor, al que no le faltaron climas reflexivos y belleza poética, entre otras piezas de un puzzle superoriginal, donde las pequeñas historias fueron armando un gran relato sobre una temática central, de fondo, como la revolución y los cambios.

La construcción del humor en Cayó la Cabra se posa sobre dos pilares: una mirada sobre lo micro, donde las pequeñas historias y lo anecdótico operan como un disparador para jugar con lo impensado y salirse del renglón, en una fórmula ideal que utilizan Martín Mazella y Andrés Reyes para desestructurar un mundo ordenado, que es el que la risa de Cayó la Cabra busca corroer.

La segunda cualidad es la implicación y autorreferencialidad. Es que esas pequeñas historias descubiertas con una observación de microscopio son una caricatura de nosotros mismos, que describen nuestro lugar en el mundo, a través de las acciones cotidianas, nuestras torpezas e imperfecciones.

Se trata de un humor que no está despojado de una fuerte carga sensible que nos transforma en el objeto de burla, en lugar de hacerlo sobre el otro, con toda la implicación ideológica que ello representa.

El pulso del espectáculo de Cayó la Cabra es como la fuerza de una marea que avanza y retrocede: ataca con un humor a fondo, de acción rápida, pero retrocede rápido para abrir múltiples paréntesis en los cuales quedan marcadas sus huellas digitales y opiniones que, con el paso de los años, han ido cobrando vigor y densidad conceptual. Son mensajes propuestos con calidad, sutileza, suavidad y cuya trascendencia está en su fondo mismo, no en las formas presuntuosas, como tantas veces se ha visto en los malos paladares de la poética murguera.

Además, hay una riquísima armonía y coherencia entre la imagen, la musicalidad y la interpretación. Es que aún abordando un tema de fuerte espesor como las revoluciones y los cambios, la murga recrea un mundo mundo de personajes imaginarios y propios de la ficción, que involucran lo lúdico, la fantasía, lo ingenuo y la estética de los dibujos animados como una hábil forma de quitarle la pesada carga que implica dicho concepto en en el imaginario.

La revolución, por definición, es una temática humanista. Ese tono —el que analiza y describe al hombre en su más amplia dimensión posible— es el que va ganando terreno en el relato de este disparatado escuadrón de murguistas.

La historia comienza abordando generalidades en un notable popurrí que va instalando el clima del humor, con cuartetas muy efectivas. La rebelión de los jugadores de fútbol, su segundo bloque, reafirma la sensación de un libreto dispuesto a ir a gran velocidad y a pasar revista a la multiplicidad de temas que supieron tomar la posta a lo largo del año y que, en un país tremendamente futbolero, son de fácil identificación. Pero con el paso de los minutos la murga comienza a redoblar la apuesta, hasta hacer saltar la banca.

Es así que un divertidísimo cuplé sobre los amigos comienza a entremezclar otros lenguajes más sofisticados, como la ironía, que se va afinando en un remate sobre el amiguismo instalado en lo más profundo de una cultura uruguaya que, por generaciones, sacó chapa de su peor versión: la mal entendida viveza criolla.

Más tarde llegó el turno del cuplé sobre los manuales de educación sexual, que comenzó con un tono satírico y disparatado, pero que otra vez tuvo un quiebre brillante hacia el cauce poético, llamando a vivir la sexualidad libremente, con una cabeza abierta y, fundamentalmente, con alegría y amor, dos condimentos esenciales de la vida.

Y si a este sobresaliente espectáculo le faltara un broche de oro, con texturas sensibles y dulzor, llegaron una canción final y despedida del más alto nivel. En ambas, Cayó la Cabra habla de la necesidad de construir las revoluciones con la voz del otro, del barrio, con la murga y su potencia como herramienta e instrumentalidad imprescindibles.

En particular, la despedida, una pieza fantástica escrita por Álvaro García, sostiene que las revoluciones están escondidas en las pequeñas acciones.
Expresa que las revoluciones son necesarias y pertenecen a este tiempo.
Que hay que buscarlas, porque están a la vuelta de la esquina, en las pequeñas cosas. Que todavía son posibles, aún cuando el sistema hegemónico imponga sus lógicas y fórmulas que frenan el impulso de las novedades que desestabilizan y amenazan al statu quo. Y que, por sobre todas las cosas, apelan a cambiar el tono gris de la desesperanza, diseñando y construyendo nuevas utopías.

Parodismo

La tercera hora de la jornada fue para los parodistas Los Muchachos, que regresaron al carnaval tras la ausencia del año pasado, en la que eligieron no salir a defender el primer premio del 2016.

El grupo contó con un gran elenco, con Gastón González, Leando Núñez, Danilo Mazzo o Mauricio Ripoll, entre las figuras más encumbradas.
Sin embargo, las principales miradas de la noche se las llevó Luis Alberto Carballo, quien interpretó a Cacho de la Cruz, en la parodia del mismo nombre.

Dicha obra hizo dupla con “Luna de Avellaneda”, una historia que narra la desaparición de un club de barrio, que fue la que disparó un espectáculo donde las escenas de ambos relatos se fueron entremezclando y compartiendo personajes a lo largo de toda la propuesta, en un modo de relato más que novedoso, que también destacó por su coherencia, en tanto las temáticas en cuestión son diferentes y, en principio, sin puntos de contacto.

La propuesta y nivel de elaboración de Los Muchachos es de sobresaliente nivel, tanto en su música, puesta en escena y vestuario. También lo es su texto, que eligió personajes fuertes que matizaron la predominancia del humor con entradas dramáticas muy en cuentagotas, evitando el exceso de seriedad, un balance ideal que siempre fue difícil de lograr por Los Muchachos, aún en los años donde sus parodias merecieron la ovación.

La potencia de la risa estuvo presente en ambas obras; en “Luna de Avellaneda” a través de las caracterizaciones del personaje de Danilo Mazzo, mientras que en “Cacho de la Cruz” la risa llegó a través del personaje principal a cargo de Carballo, cuyos quiebres y capacidad para interpretar a una figura que dominó la escena televisiva por más de cinco décadas fueron impecables, alcanzando, seguramente, una de las actuaciones más logradas que ha realizado en su largo trayecto carnavalero.

La categoría de parodistas, que comenzó con Los Muchachos, tuvo un arranque de primera clase, donde este show está llamado a jugar en la zona alta de la tabla.

Candombe

A segunda hora actuó la comparsa C1080, con su espectáculo Música Negra, que alcanzó una muy buena nota global. Plasmó un trabajo que fue un deleite para la vista, a partir de una formidable combinación de puesta en escena y coreografías con el vestuario, maquillaje y escenografía.

El relato propone un rico abordaje acerca de la música de la negritud, desde sus orígenes africanos hasta su llegada a nuestra región, así como su posterior desarrollo en los conventillos —en especial el del Medio Mundo—, que fue el ámbito en el que se desarrollaron la mayoría de las escenas.La matriz africana, la llegada de los negros, conjuntamente con su cultura, prácticas, creencias, religiosidad y ritualidad se desarrollaron en una impecable y extensa introducción al repertorio.

La segunda mitad del show, que habla sobre el mestizaje de dicha cultura con otras presentes en esta parte del territorio —en especial las europeas—, recrea la vida de dicha música en el conventillo del Medio Mundo, por donde pasan una sucesiva gama de postales que reconstruyen la esencia de los popes del género candombero, significando al candombe como un movimiento que, a la vez que promueve múltiples identidades, también opera como un elemento de cohesión y unidad.

La mayor muestra de ello es la aparición en escena de Perico Gularte y Cachila Silva, que celebraron esos lazos comunes animando y vibrando en el centro de la escena.

Revista

La etapa fue abierta por la revista debutante Supernova, que tuvo una noche donde no pudo desplegar todo su potencial.

El espectáculo juega con la llegada de dos extraterrestres a esta tierra, que van dando el marco para la realización de una multiplicidad de cuadros, a los que les costó afirmarse en escena, producto de algunos desajustes.

Se espera una mejor performance en varios de los principales rubros. No obstante, vale reconocer que la propuesta tuvo una buena prueba clasificatoria, en las que sus cuadros rindieron de buen modo, en especial los humorísticos.

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