Crítica

Una sinfonía menor y un estreno

Dado que la primera obra ejecutada en la Catedral fue la misma que Serebrier presentó en el concierto anterior del Auditorio Nacional, no formulamos ningún comentario.

Luego de ésta escuchamos la "Octava Sinfonía" de Beethoven conocida por el segundo movimiento, donde el autor hace clara referencia al metrónomo que fuera inventado por su amigo Johann Maelzel. Dentro de las nueve sinfonías se suelen considerar "mayores" a la tercera, quinta, sexta, séptima y novena mientras que la primera, segunda, cuarta y octava son llamadas "menores". El criterio que se adoptó para esta calificación no fue su duración sino la profundidad, complejidad estructural y el impacto que han causado en el público de todos los tiempos. Las sinfonías "menores" son más afines al período clásico debido a su mayor sujeción a los patrones académicos como al tratamiento brillante de las diferentes partes. No obstante estos conceptos la "Octava Sinfonía" a pesar de ser la menos deslumbrante, posee una exquisita finura.

La versión que brindó Serebrier fue satisfactoria. Para finalizar esta velada se interpretaron como estreno mundial siete fragmentos del "Réquiem Prusiano" del compositor británico John Powell teniendo como solistas al tenor Omar Crook y al barítono Steven Pence. Según las palabras del autor este oratorio está inspirado en el libreto de Michael Petry, donde se destaca que el general Helmuth von Moltke fue el principal promotor de ir a la guerra desechando cualquier posibilidad de paz. Para Powell su propio orgullo nos hizo ir a la Primera Guerra Mundial y así destruir el siglo XX. El apelativo de prusiano hace alusión al lugar de origen de Moltke que era un país hasta 1918 y que luego de la guerra es borrado del mapa pasando a integrar con el tiempo Alemania. Powell lo compuso para recordar el centenario de la Primera Guerra Mundial y está dedicado sus víctimas. El estreno de la totalidad de esta obra está previsto para la primavera de 2016 en el Royal Festival Hall de Londres a cargo de la Philharmonia Orchestra. Es muy difícil hacer un juicio de valor sobre una obra que se presenta fragmentada y que no tenemos certeza de que el décimo sea el final o existan más movimientos. Lo que escuchamos se maneja dentro del plano tonal, con interesantes melodías que nos recuerdan a las bandas sonoras de algunos filmes y su instrumentación es muy elocuente. La parte coral está muy bien lograda así como los solos que tienen tanto el tenor como el barítono.

Serebrier y la Ossodre presentaron una versión convincente, mientras que el Coro tuvo una actuación notable. Esteban Louise con buen criterio colocó al sector femenino en la nave izquierda y a los hombres en el de la derecha, lo que hizo que se escuchara con mayor claridad las voces ya que la acústica de la Catedral no es de las mejores. El tenor Omar Crook a pesar de tener una voz agradable se le vio muy inseguro en sus entradas, dio la sensación de que no la ensayó lo suficiente. Por su parte el barítono Steven Pence en sus dos intervenciones hizo lucir el hermoso y potente timbre de su voz mostrando un dominio acabado de la obra.

SABER MÁS

Orquesta Sinfónica y Coro Nacional del Sodre.


Director: José Serebrier. Director del Coro: Esteban Louise. Solistas: Omar Crook (tenor) y Steven Pence (barítono). Programa: Danza Eslava op 46 nº 1 de Dvorak, Sinfonía nº 8 op. 93 de Beethoven y los seis primeros movimientos y el 10ª del Réquiem de Prusia de John Powell. Dónde y cuándo: Catedral Metropolitana, 4 de julio.

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