LAURA CANOURA

"Yo siempre he sido muy rebelde"

Entrevista con la cantante que el 6 de junio presenta su nuevo espectáculo, "Cantoura".

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Laura Canoura. Foto: Darwin Borrelli

El timbre de su casa avisa que el segundo apartamento es la “casa de la cantante”, lo mismo que resalta una placa que está a la entrada. Allí vive hace más de 20 años Laura Canoura, una voz popular que ha hecho de todo: ha sido cantante de banda y sobre todo solista, compositora e intérprete, docente y conductora de radio (hace Cantoras los martes en Emisora del Sur), y ahora jurado de televisión en el reality Master Class, que va los domingos por La Tele. El 6 de junio a las 21:00 hace el espectáculo Cantoura en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís (entradas en Tickantel a $ 640) y asegura: “No hay nada que opaque ese momento pleno de estar sobre el escenario”.

—El 6 de junio vas a presentar el espectáculo Cantoura en la Sala Zavala Muniz. ¿De qué va?

—Hace tiempo venimos con Andrés Bedó trabajando en dúo, y hace mucho que tenía ganas de volver a incorporar en mí el formato banda, y de explorar otros sonidos. Quería un poquito más de desafío.

—¿Y el repertorio?

—Vuelvo a mi repertorio como compositora, que hace mucho que no hago; y vamos a tener algunos estrenos, míos y de colegas mujeres.

—¿Cómo es distanciarte de tu rol de compositora?

—A mí me gusta muchísimo trabajar de intérprete, es una función súper importante. De hecho, haciendo Cantoras me he dado cuenta cuán subterránea es la tarea del compositor, cuando el intérprete es un buen intérprete. Esa labor me encanta, y lo que estoy tratando de hacer es colocarme como intérprete de mis propias canciones. Y la compositora está muy vaga últimamente. Requiere un tiempo muy especial en mi vida, no es agregar un alumno o un toque más: para componer necesito tiempo diferente, no molestarme a mí misma.

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—¿Y dónde está el mayor desafío de interpretar tus propias composiciones?

—Mi mayor dificultad es moverme, sacudirme de la versión original y jugar con el tempo. Lo estoy buscando.

—Las composiciones nuevas, entonces, no se perfilan hacia un disco nuevo.

—Estoy no diría reticente, pero sí poco entusiasmada. No he encontrado todavía qué lugar tengo que ocupar yo, como artista, en las ediciones discográficas o como se les tenga que llamar ahora. Para los músicos que recién comienzan está muy claro con el formato de plataformas, pero para los más veteranos como yo, uno tiene que buscar su propio lugar. Todos somos muy nostálgicos del disco, pero cada vez más esa es una inversión que tiene que hacer el artista.

—¿Cuál creés que es hoy la mejor manera de que tu música llegue al público?

—Uso mucho las redes sociales. Tengo dificultades con algunas tecnologías nuevas pero me divierte mucho, y es una fuente de difusión. Pero no he encontrado el uso adecuado de esas herramientas para llegar al público realmente. Porque también, ¿cuál es el público que me escucha a mí? Ahora con Master Class empiezan a surgir niños, adolescentes, padres jóvenes que empiezan a conocerme, ¿y cómo llega esa gente a mi música?

—¿Qué te está dejando la experiencia de Master Class?

—Una experiencia en televisión que nunca había tenido, muy intensa porque hay que trabajar muchísimo para dar ese show. Me está dando un entrenamiento que no tenía, un vínculo precioso con un equipo con el que no había trabajado; y una cosa bien interesante que es adquirir cintura en la negociación. Y me tengo que reacostumbrar a eso de ser una mujer muy pública de nuevo, porque a mí me encanta el anonimato.

—¿Y pensás en cómo esta visibilidad puede repercutir en tu carrera artística?

—No lo sé, yo siempre he sido muy rebelde. Ya no lo soy tanto porque maduré, pero sigo siendo una persona muy ecléctica, y también me he dado cuenta que es imposible complacer a todo el mundo: ni a tu familia, ni a tu marido, ni a tu público ni a nadie. Lo que yo siempre digo en los espectáculos es que se entreguen a un momento de emociones.

—Dentro de ese eclecticismo has ido de Edith Piaf al tango, y a muchos lugares. Pero venís de Rumbo, Las Tres y la canción popular, que es un lugar al que casi no has vuelto.

—Sí, pero creo que yo represento esa faceta popular. Del repertorio de Rumbo me desprendí bastante, porque el que a mí me gustaba era grupal; y del repertorio que hacía solista con Rumbo sigo haciendo cosas, aunque no exactamente de esa época. Y cuando empecé a componer, estaba muy vinculada estéticamente a Estela Magnone, pero después me fui desprendiendo. Pero yo creo que soy una voz de la música popular uruguaya; pasa que las mujeres acá estamos muy poco reconocidas como compositoras, por lo menos mi generación y la siguiente. Cuando acá cualquiera habla del universo compositivo uruguayo hablan de Jaime Roos, Ruben Rada, Fernando Cabrera, y no nombran a Vera Sienra por ejemplo, que ya quisieran muchos tener ese nivel de poesía.

—Eso acarrea otra cosa: no hay mujeres consagradas a nivel de popularidad en la música uruguaya. ¿Responde a un comportamiento machista?

—No creo que responda a un mecanismo machista per se. Ninguno de los que hace su pequeña cuota para que eso suceda tiene una intención machista, pero en la bola de nieve pesa. En el arte es muy difícil conseguir cosas que se pueden conseguir en otros ámbitos, no se puede eso de igual trabajo, igual remuneración. Ahora, para llegar al nivel de excelencia y profesionalismo que tienen los varones que te nombré, en la mayoría de ellos hay una mujer o un elenco de mujeres que han resuelto cantidad de cosas. Y de pronto en la vida de las mujeres eso no está tan resuelto.

—¿Cuál fue tu caso?

—Tuve la suerte de tener una familia parental generosa que me hizo el aguante cada una de las veces que tuve que dejar a mi hija para ir a cantar. Pero también yo me partí el lomo para poder hacerlo, y me enfrenté con una cantidad de cosas en ámbitos netamente masculinos, que tienen que ver con negociar un caché o discutir un lugar en un cartel. Es un camino muy largo.

—Además, fuiste parte de una generación de hombres pero con los que tocó luchar por otras causas colectivas.

—¡Exacto! ¿Qué nos íbamos a preguntar si teníamos mejor espacio que los hombres? Estábamos peleando por mantenernos vivos en este país.

—¿Con cantar rock no tenés cuentas pendientes?

—No. Lo más cercano al rock fue cuando canté "Como nuestros padres" en la época de La Barraca, pero a mí me genera mucho respeto ese género; hay que tener una energía muy especial. Un rockero para mí no es un tipo que hace coreografías y mide si se abre la camisa: a mí me gustan los rockeros auténticos. Y yo no creo dar la talla, me parece que mi fuerza interpretativa está en otro lado.

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