Entrevista

Sebastián Casafúa: “No sé cuál es el límite entre un disco lindo y un discazo”

El cantautor lanza su nuevo disco, Caudillo, con un show este viernes en la sala Blanca Podestá

Sebastián Casafúa. Foto: Guzmán Montaño
Sebastián Casafúa. Foto: Guzmán Montaño

Este viernes a las 21.00 en la Sala Blanca Podestá del Teatro Agadu (Canelones 1122), Sebastián Casafúa lanzará en vivo su disco Caudillo, que desde ese día estará disponible en plataformas digitales (y a la venta en el show en formato físico). Toca con una banda que completan Irvin Carballo en batería, Daniel Noble en guitarra, Gonzalo Silvera en bajo y, para la ocasión, Diego Varela en guitarra; y con los invitados que participaron de Caudillo: Fede Lima, Maxi Suárez, Antolín Casafúa, Pedro Dalton e Iván Krisman. Las entradas están en Tickantel, a 350 pesos.

“Es como un nuevo comienzo. Cada disco significa eso: hay canciones nuevas y vamos a salir, a divertirnos, a darle la posibilidad a la gente de que acepte o no las canciones. Para mí es sumamente gratificante, es otro nacimiento y lo disfruto mucho”, dice en charla con El País Casafúa, quien fue parte de la banda Psimio y hace seis años debutó como solista, con el álbum Las causas del siniestro.

Allí, Casafúa se replegaba en una sonoridad más de cantautor, de la que ahora se corre para entregarse al pop y el rock, a través de 10 canciones que son de lo mejor que se escuchará este año a nivel nacional tanto por su letra como por sus melodías y arreglos. Sobre Caudillo fue esta charla.

—Caudillo, tu segundo disco, te llevó un tiempo largo. ¿Cómo estás, finalmente, en la previa al lanzamiento?

—Recontento con el resultado final. El proceso de grabación se dio, por diferentes circunstancias, más ralentizado, pero estuvo bien y no lo padecí. Pero al final siempre hay una ansiedad de terminarlo: estuvimos años con esto, liquidemos.

Caudillo está divino y la gente que ya lo escuchó comparte esa sensación. Sin falsa humildad, ¿vos sabés, sentís que tenés un gran disco?

—A ver, yo no quiero pecar de falsa humildad, pero pierdo la referencia. Yo no sé si tengo un gran disco o no. Creo que es un disco que tiene canciones hermosas; es el tipo de canciones que a mí me gustaría escuchar si no fuese el compositor. Es una pregunta inquietante porque no sé si es un gran disco, en serio; no sé cuál es el límite entre un disco lindo o un discazo. Digamos que cuando lo escucho, digo: qué bueno que quedó.

—¿Es la misma sensación que tuviste con tu debut Las causas del siniestro?

—Ese disco me sorprendió por otro lado, porque resultó algo muy diferente al embrión que yo tenía. Y tiene canciones preciosas. Pero acá, más allá de la tocada de banda, lo que cambió fue la confianza: Las causas del siniestro tuvo nominaciones, me hizo viajar, me abrió puertas, y me hizo sentir más confiado. Es un disco más contenido, más tímido, y Caudillo es más jugado, sin ser Beck o Massive Attack. Y ahí salieron canciones menos tradicionales como “La de Dios”, “Niño Molotov”; “El copiloto” que es más voladora, tipo The Cure, y al final fue bueno.

—Musicalmente hay referencias a Chris Cornell, a The Beatles, pero lo que se cuela en realidad es la música de tu vida. Tal vez algo a vos te remite a The Cure, y por ahí no es tu banda de cabecera.

—Bueno, yo en realidad quería que el disco sonara a The Cure, y hay algunos guiños bastante evidentes para el que conoce. Y cuando lo masterizamos en Buenos Aires, yo dije que me gustaría que sonara como The Cure. Después en cuanto a las referencias, sí: tenemos una biblioteca de canciones infinita en la cabeza, y cuando nos metemos a hacer música, seguramente cada secuencia de acordes, cada letra, tenga reminiscencias automáticas a algo, que vos podés rechazar o que podés darle forma. Es inevitable.

—Decías que Las causas del siniestro era un disco más tímido, y eso se nota en lo vocal, que acá cambia completamente.

—Exacto. Yo con Las causas del siniestro descubrí que podía cantar bajito, casi susurrado, y estuvo bueno porque en Psimio venía gritando como un descosido. Y en Caudillo agarré lo más aprovechable de la época rockera y lo más aprovechable de esta nueva época, y quedó una buena combinación que hace que las voces estén lucidas. También hay voces muy cotizadas en el disco, como la de Pedro (Dalton) o Fede (Lima). Tenemos colaboradores que lo jerarquizan.

—Los colores son protagonistas en este disco: están el “verde inglés”, “el cielo punzó”, “púrpura el sol”, “los recuerdos por color” de “Barba de abejas”... ¿Tenés una relación sinestésica con la música?

—La verdad, ni me había percatado. (Piensa) Creo que no conscientemente, pero sí podemos identificar a Caudillo como un disco colorido, ¿no? Desde el arte, que es un collage hecho por Levedad y con una paleta de colores viva, a las canciones, que también son coloridas. Yo soy un gran aficionado a lo visual, tengo cierta educación por ese lado, y seguramente hay un vínculo. Y las letras son visuales, como pequeñas películas, o escenas de ciencia ficción, a las que recurro para explicar una situación.

—Es que en estas canciones, la imagen y el sonido están siempre de la mano: hay mucha referencia a la radio, al fade out, las ondas de sonido, como metamúsica.

—Sí, estoy contigo. Hay muchos asuntos sensoriales que alimentan la confección de las letras. Es un proceso mucho menos reflexivo que el de otros compositores, quizás; en mis letras no es común identificar una reflexión explícita. No tenés grandes máximas en mis canciones, como “la inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva”; es algo que identifico y en lo que me muevo sin conflicto. En el disco creo que hay una o dos máximas; en “Kodak” dice: “el que apuesta tiempo, apuesta algo que no va a poder pagar jamás”. Esa es una máxima.

Caudillo, de Sebastián Casafúa. Arte: Levedad
Caudillo, de Sebastián Casafúa. Arte: Levedad

—En entrevista con Canal M hablabas del carácter político y crítico de Caudillo, pero yo no sé si todo el que lo escuche va a encontrar eso latente.

—No es Rage Against the Machine, sin dudas, pero en ese recurso de colores y pinceladas, hay muchas referencias políticas, no necesariamente partidaria. Es una crítica al que no critica, al que no acepta críticas, al fanático, al caudillero. Pero un disco son 10 canciones, y yo prefiero aprovecharlas en poesía, en colores y melodías, que en bajada de línea. Igual hay bajada de línea, más escondida.

"Un disco son 10 canciones, y yo prefiero aprovecharlas en poesía, en colores y melodías, que en bajada de línea"

Sebastián CasafúaMúsico

—Esta mirada sobre la figura del caudillo y la resignificación del héroe, ¿está ligada a la paternidad, directamente?

—Yo lo veo ligado a ser padre, y la edad también, a haber transitado media vida, y a sentirme medianamente capacitado para discrepar con muchas cosas y expresarlo. La paternidad hace que uno tenga filtros más finos, y que seamos más exigentes o menos tolerantes con algunas cosas. Caudillo habla un poco de eso: no de cambiar el mundo, sino de cambiar las baldosas que nos rodean.

—Antes de empezar la charla hablábamos de que este ha sido un año vertiginoso. Eso también está en Caudillo, que es un disco que va a otro tiempo, y tal vez en eso hay una postura política: hay que parar para escuchar este disco de 50 minutos y una profundidad evidente.

—Yo me siento honrado con eso, porque no es algo que pase frecuentemente hoy en día. Sí pasa: hay discos que merecen ser escuchados, pero como todo el mundo tiene prisa y nosotros también, a veces eso no es posible. Quizás este no es un disco inmediato, quizás no te pegue en la cara, pero eso siempre queda dentro de las posibilidades de quien escucha. Pero seguramente con Caudillo, como también con otros, podés sacar lo mejor del disco si te tomás tiempo para escucharlo.

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