Toca el sábado

Sara Hebe, la rapera argentina que le puso música a "El Marginal", habla de feminismo y de responsabilidad

"La única alternativa posible y vital ante este capitalismo más que salvaje, es el feminismo antifascista", dice

Sara Hebe. Foto: Camila Laplaca
Sara Hebe. Foto: Camila Laplaca

El cuarto disco de Sara Hebe saldrá pronto y se llamará POLITICALPARI, como la transcripción fonética, en el inglés del rap o el trap latino, de partido político. ¿O de fiesta política? La argentina hubiese querido editarlo antes (se prometía para fines de 2018), pero estos procesos son así: se enlentecen por distintas cosas, y la agenda superpoblada de presentaciones tampoco ayuda demasiado. Pero POLITICALPARI está listo, después de un proceso largo, y pronto verá la luz para suceder a sus tres discos que, del último al primero, son Colectivo Vacío, Puentera y La hija del Loco. Un poco de esos tres y algo del álbum por venir, será lo que mostrará este sábado en su presentación en Sala del Museo.

Junto al productor, DJ y más bien coequiper Ramiro Jota, y con Edu Morote en batería, Sara Hebe será el sábado parte de un doble programa de hip hop, que completará la uruguaya Eli Almic. El show arrancará a las 21.00 en Sala del Museo (Rambla y Maciel), las entradas ya están en venta en Abitab, y después hay versión XL de la fiesta Balkumbia, que organiza el DJ Sonidero Mandinga. Es un plan muy a tono con la jornada del 8 de marzo.

Hebe es para el rap argentino, lo que Almic para el uruguayo: la MC mujer más destacada de la escena, con rimas de altísima calidad, que levantan la voz feminista mientras critican al capitalismo y al sistema de poder, y con una propuesta musical versátil, que en su caso tiene tanto de rabia punk como de la marginalidad de la cumbia villera.

Hebe, desde la autogestión, ha conquistado un espacio en su país, ha girado por Europa y le puso cortina musical a El Marginal, exitosa serie tumbera de Underground, que empezó en la televisión pública argentina y se amplificó a través de Netflix.

De eso y más conversó, vía WhatsApp, con El País.

—Tu primera canción fue “Tuve que quemar” y de esa, como de tantas otras, se dice que es un himno. ¿Te ha pesado eso de ser la voz de aquellos a los que no se escucha?

—Me pesa mucho que se me ponga en ese lugar, aunque entiendo que se hace necesario tener voces que nos representen. Creo que “Antipatriarca”, una gran canción de Ana Tijoux, es un himno muy hermoso. (Piensa) No sé, a mí me da vergüenza. Pero como que las canciones dejan de ser de una y están en la calle, al servicio de las luchas que las necesiten.

—¿De qué forma sentiste el impacto de la exposición que te dio El Marginal?

—Pasa algo muy loco, que me gusta bastante, y es que se conoce bastante la canción pero no saben que soy yo la que la canto. No importó mucho; trascendió, fue más importante la obra. No porque la canción esté superbuena, aunque me gusta mucho como quedó y disfruto de cantarla. La compusimos con Ramiro Jota y Flor Linyera, y me dio un poquito más de exposición, pero tampoco tanto, ¿eh? A veces hay gente que bardea, onda: “hiciste una canción para Netflix”. Nada que ver. La canción me la pidieron para la serie, la serie está buena, y para mí fue un reconocimiento.

—El crecimiento del movimiento feminista en la región, ¿ha condicionado de alguna manera tu obra? ¿Se retroalimentan tus letras y tu público?

—Todo lo que pasa dentro de nuestra burbuja y fuera de ella, nos atraviesa. Entonces todo lo que escribimos —vos como periodista, yo como rapera, otros que escriben teatro— se ve atravesado por el momento histórico. Entiendo que las pibas más jóvenes, y todas, ahora tenemos más información, gracias a la lucha de cientos de años de mujeres, que han marchado y escrito por la igualdad de género, y haciendo el feminismo, nos dan la posibilidad hoy de tener otra información, y de poder pararnos de forma diferente frente al mundo, y de poder inventar otro paradigma, antimachista y antifascista. Creo que hay feminismos, no un feminismo, y que la única alternativa posible y vital ante este capitalismo más que salvaje, es el feminismo antifascista, no el liberal.

—¿Podrías hacer música que se alejara del activismo?

—Sí. Lo que pasa que activismo... Qué palabra. Cada canción que hago creo que tiene que ver con un activismo mío, para mí, y eso no quiere decir que yo sea egoísta. En este nuevo disco hay canciones que se alejan de relatos que tienen que ver con lo social, o de críticas hacia los sistemas y los gobiernos. Hay temas que sí son letras directas contra el poder establecido y el abuso de poder, pero hay otras que hablan de cosas mías, por ejemplo de que me gusta comprarme algunas cositas lindas. Si eso es alejarme del activismo, entonces sí puedo. Pero creo que eso es auténtico, real, y que nadie puede pensarse fuera del capitalismo. Criticarlo como si estuviésemos fuera, o como si no formáramos parte de él, no me lo creo tanto.

—Ahora tocás con Eli Almic que, como vos, empezó a rapear “de grande”. ¿En qué cambia eso? ¿Te obliga a pararte de otra manera frente al micrófono?

—Yo empecé a los 24 años, medio grande sí, y eso hizo que me apure un toque. En 2007 empecé a componer de manera autodidacta, con bases de internet, y me apuré a sacar un disco, La hija del Loco. Y si bien seguimos tocando temas de ese disco, intento superarme, pensar más antes de hablar. Quiero hacer poesía. Y sí, tenemos mucha responsabilidad porque al tener un micrófono, nuestra voz se multiplica. Hay que estar atentas.

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