El bajista del Cuarteto de Nos se presenta en la Hugo Balzo con Otro Tavella

Santiago Tavella: ser otro y seguir siendo el mismo

Las canciones de Santiago Tavella siempre tuvieron un hueco especial dentro del Cuarteto de Nos, banda de la que es fundador junto a los hermanos Musso y en la que se desarrolló como compositor. Su pluma, aunque no comparable con el complejo nivel de la de Roberto Musso, fue un distintivo.

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"Otro Tavella no tiene nada que ver con lo que pasa en el Cuarteto", afirma. Foto: A. Colmegna

Dueño de un humor absurdo pero refinado (Tavella es un destacado artista plástico, cocurador de la Bienal de Montevideo en 2014 y exdirector del Centro de Exposiciones del Subte), la nueva faceta del Cuarteto ya no es tan abierta a ciertos versos suyos, como "Elsa lame el salame" o "Eres una chica muy bonita/ Lo supe yo al tocarte una tetita".

Y tampoco lo es Otro Tavella, donde las canciones de la banda están excluidas. Sin embargo, en esa formación (ver recuadro superior) Tavella puede seguir despuntando el vicio de autor. Con este grupo, Los Embajadores del Buen Gusto, prepara un disco que podría salir en 2016, y el próximo domingo actuará a las 21:00 en la Sala Hugo Balzo, con el show Nunca en domingo.

—Trabajaste para el show con el escritor Aldo Mazzucchelli.

—Aldo era compañero mío de colegio y estábamos haciendo un intercambio de canciones, porque él también hace cosas musicales. Y le dije: "no sé si este disco que voy a hacer va a tener un productor, pero sí va a tener un editor. ¿Querés ser vos?". Apelé a la terminología literaria. Estoy tratando que lo que hago no sea digno de ser llamado trabajo, porque es divertido.


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—Para muchos el estudio puede ser aburrido...

—No, si estamos en un baile y me preguntás "¿vos estudiás o trabajás?", yo estudio. Lo prefiero; es una actitud de vida que tiene que ver con el arte.

—¿Tenés la idea de hacer este ejercicio con otros escritores?

—No, porque no tiene que ver con la autoría en sí. La idea era tomar las canciones, interactuar con alguien y ver qué pasa. Hay varias que son traducciones de textos de Truman Capote; hay una versión de Cole Porter…

—¿Literales?

—Bueno, cuando las encontré vi que forzándolas podíamos convertirlas en una canción.

—En tus canciones se dan juegos entre fragmentos de autores destacados, como en "La princesa", y esa cosa adolescente.

—Sí, yo creo que hay una combinación de las dos cosas, que tiene mucho que ver con cantar. Cantar tiene mucho de olvidarse del adulto, e ir a todo lo otro que hay en el cerebro, que tiene que ver con el "nenito". Desde fines de 2011 volví a estudiar canto con Nelly Pacheco, que fue profesora mía cuando tenía veintipico. Y una de las cosas que me dice es: "¡el nenito! ¡¿Dónde dejaste el nenito?!" Porque es a donde vos vas para sacar esa cosa. El yo es aburridísimo.

—Cuando escuchás a otras personas, ¿identificás al nenito?

—Uh, sí, sí. En el último disco de Leonard Cohen —¡me vino así esto!— hay una canción que se llama "Slow" en la que él va diciendo que no es que esté viejo, que hace las cosas despacito. "I always liked it slow/ thats what my momma said". "Es lo que decía mi mamá, a mí me gusta así". ¡Y es el nenito, totalmente! Las canciones mías están habitadas por todos aquellos a los cuales les he robado cosas. Hay algunos explícitos y otros que no. Leonard Cohen es uno; Belle and Sebastian, que tienen una importante maestría en cómo manejan la tercera persona…

—Como "Ella podría haber escrito los versos más tristes".

—Claro. El otro es un invento que hace uno, sobre todo cuando no lo estás viendo y la primera aproximación es pensar que el otro es como uno. En esos puntos está la característica de lo que es Otro Tavella. No tiene nada que ver con lo que pasa en el Cuarteto. Es otro número musical, va a otros lugares.

—Pero a mí no me parece que este sea otro Tavella respecto al primer Cuarteto.

—Ah, no, hay puntos de contacto; quizás hay una diferencia en lo explícito del lenguaje. Estas canciones tienen una cosa más implícita de seducción, entre pornografía y erotismo. Ese es otro punto, ¿no? La sexualidad en las canciones del Cuarteto a principios de los 90 era una cosa que podía llegar hasta el porno. Y en estas mías hay una cosa así. Pero en el Cuarteto de ahora no existe, somos un grupo de monjes (se ríe). En cambio en Otro Tavella hay una aproximación a eso, más poética de repente.

—A mí, por ejemplo, estas canciones me hacen acordar a "Zapatitos de hormigón".

—Sí, puede ser. Es una buena comparación.

—También está la diferencia en que vos seas protagonista en esta formación. ¿Te cuesta eso?

—No, es lindo de hacer. Quizás el trabajo más difícil —y lo digo porque como es difícil, es trabajo— es decir: acá hay una cosa, en el Cuarteto otra. Puede haber algún vínculo pero libre. También está el tema de seguir con los dos proyectos, porque en un momento digo: ¿con el Cuarteto qué pasa? ¿Me siento mal ahí? ¡No, me siento bárbaro! Pero quiero hacer otras cosas.

—¿Pero el Cuarteto es trabajo o es estudio?

—Y… (Piensa). Capaz en algún momento lo veo como trabajo. El road manager con el que trabajamos en Argentina, cuando nos estamos quejando de que falta mucho para llegar a algún lado dice: "Ah, callate, peor es trabajar". Otra anécdota; un pibe le dice a Roberto: "esas canciones que vos hacés, qué imaginación. Contáme cómo hacés". Entonces Roberto muy humildemente le dice: "bueno, son muchas horas de trabajo..." "Andá, qué va a ser trabajo"; se da media vuelta y se va. Se ve que quería saber cuál era la droga que tomaba (se ríe).

—Te seguís divirtiendo.

—Por supuesto.

—¿Tiene un plus extra hacer algo que no sea mainstream tras tantos años de masividad?

—Bueno, a mí me gusta esa cuestión. En un principio dije que esto no iba a ser una cosa fácil de entrar, porque está claro que no es una recreación de lo que no estamos haciendo más con el Cuarteto. En ese sentido se entendió. Igual no hay un crecimiento de público explosivo.

—¿Qué tiempo lleva cada cosa?

—Con el Cuarteto no somos una banda que ensaye mucho. Con los Embajadores sí, y en casa, entre hacer canciones, dibujar y pintar, se reparte medio equitativamente. Tengo una mesa con la computadora y el micrófono, y otra con los pinceles, y voy de una a la otra. Siempre fui de la idea que es muy importante, para cualquier trabajo creativo, hacer algo, dejarlo reposar un poquitito y después mirarlo. Y la ida y vuelta entre una y otra mesa funciona muy bien.

El Cuarteto: "lo de antes" y "lo de ahora"


Tavella es miembro fundador del Cuarteto de Nos, banda que formalmente fue bautizada en 1980. "Pero con Roberto y con Riki veníamos tocando desde 1977, por ahí. Son muchísimos años, muchas cosas", comenta.

Sin embargo, no le sorprende que haya gente que no conozca algunos clásicos de determinadas etapas de la banda, radicalmente distintas a la actual. "A mí me pasa con muchas bandas que en su momento me interesaron mucho y de repente, en determinado momento, perdés el interés por eso, y después aparece de vuelta. Cuando tenés una carrera larga pasa eso", dice.

Igualmente, hay algo que sí les divierte internamente y es cuando alguien se les acerca a decirles que les gustaba más "lo de antes". "¿Qué de antes? ¿Lo de los ochenta? ¿De los noventa? ¿Del 2000?", repasa, marcando distintas etapas dentro de la banda.

Para el Cuarteto, Tavella escribió canciones como "El calzoncillo a rayas", "Nuevamente", y más acá en el tiempo "Pobre papá y "En el karaoke de mi noviecita". En Habla tu espejo (Warner, 2014), por ejemplo, firmó una sola.

SABER MÁS

Un nombre "en serio" para esta nueva banda


"El nombre Embajadores del Buen Gusto es en serio: en los Embajadores robo solo cosas de buen gusto", le dice Santiago Tavella a El País a propósito de la banda que lo acompaña en Otro Tavella. La integran su hijo Martín Tavella (bajo), Ignacio Lanzani (guitarra) y Sebastián Maccio (batería y percusión), siendo Maccio el último que se incorporó en sustitución de Pablo "Chamaco" Abdala, exbaterista de No Te Va Gustar.

El proyecto Otro Tavella comenzó en 2012 y era solo Santiago "con la guitarrita". Tres años después, hay un grupo constituido de "chicos de 25 y señor de cincuenta y pico". "Y funcionan muy bien, son muy Whiplash", dice, elogiando a sus compañeros que son capaces de seguir todos sus delirios y tocar en sus instrumentos cualquier género. Juntos harán el domingo el espectáculo Nunca en domingo, para el que se venden entradas en Tickantel a 200 pesos.

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