ENTREVISTA

Santiago Cruz, el colombiano que trae sus canciones elementales a la Sala del Museo

El 6 de noviembre, el cantautor colombiano varias veces nominado al Latin Grammy, tocará por primera vez en Uruguay. Antes charló con El País

El cantautor colombiano Santiago Cruz. Foto: Darwin Borrelli
El cantautor colombiano Santiago Cruz. Foto: Darwin Borrelli

El cantautor colombiano Santiago Cruz, con siete discos editados y algunas nominaciones al Grammy Latino en el camino, se presentará por primera vez en Uruguay el miércoles 6 de noviembre, a las 21.00 en Sala del Museo (Rambla y Maciel; entradas en Abitab).

Antes, este admirador confeso de Jorge Drexler —y de Ruben Blades, Sting, Peter Gabriel— que sintió en Montevideo “una energía particular”, muy distinta a la de las capitales, conversó con El País sobre su último lanzamiento, Elementales. Es el resumen de su discografía: tomó 12 temas ya editados y tres nuevos, los trabajó con los productores Cachorro López, Eduardo Cabra o Visitante, y Juan Pablo Vega, y los intervino con la participación de una cantidad de invitados.

Grabaron para este trabajo Ana Carolina, Miranda!, Vicente García, Manuel Medrano, Leonor Watling, Kany García, Abel Pintos, Silvana Estrada, Andrés Cepeda, Leiva, Francisca Valenzuela, Fer Casillas y Rozalén.

—Tu música tiende a ser feel good music. ¿Cómo se condiciona el proceso creativo, artístico, en realidades violentas como lo viene siendo la colombiana en el último tiempo?

—Es que yo creo que en general, en el arte colombiano, lo que ha pasado es que hemos intentado ser un escape, en lugar de cronistas. Muchas veces pasa que los artistas nos volvemos cronistas de una realidad, y siento que en Colombia, no sé por qué razón, hemos sido más de escape. Igual en todos los proyectos que he grabado, siempre he querido meter alguna pincelada de ese tipo de canciones, porque me parece que son necesarias. Por lo menos para mí. Pasa que uno las escribe en algún momento con la intención de que dejen de tener relevancia, y resulta que las vuelves a sentir como necesarias a canciones como “Hijo del calvario” o “Nos callamos”, que hablan de esa realidad.

"En el arte colombiano, lo que ha pasado es que hemos intentado ser un escape, en lugar de cronistas"

Santiago CruzCantautor

—Ahora llegás a Uruguay con un disco en el que metiste mano a tu propio repertorio, para elegir tus canciones elementales. ¿Cómo uno elige lo elemental de su obra? ¿Por el impacto de la canción?

—En algunos casos sí. Yo soy muy futbolero, y utilicé como modelo lo que se usa en los campeonatos de fútbol. Entonces tenía cinco bombos de tres canciones cada uno: el bombo de las cabezas de serie, que son las canciones de gran repercusión de tu carrera; el de las inéditas; el de viejitas pero nuevas; el de “canciones buena onda” y el de caprichos, esas canciones que para mí eran importantes para dar una visión completa de quién soy como compositor y cantante. Ese fue el criterio.

—¿Cuáles son los caprichos y por qué los incluiste?

—“Estar vivos”, que la hago a dúo con Abel Pintos; “Vida de mis vidas”, que la coescribí con Vicente García y la canto con él; y “Pies de duende frágil”, que hago con Francisca Valenzuela. Una tiene que ver con la apreciación de estar vivo y de que eso es maravilloso; otra que tiene que ver con el agradecimiento, y la otra va a la escena sentimental.

—¿Y qué sentís que aportó cada uno de los productores que participó en el álbum?

—Yo los siento a los tres como al mismo productor, en distintos momentos de la vida. Como si fuera Marty McFly, si voy hacia atrás, así lo siento. El respeto por la canción, ¿sabes? Este disco es muy de eso, es el respeto de la canción; entender que cuando la fuerza de la canción está en su esencia nuclear, la puedes llevar a distintos lugares y se va a seguir parando digna. También me ayudaron a ampliar el personaje, porque uno quiere ser conocido por algo en esto. Y de pronto te conocen de esa manera y dices: ok, pero yo soy un poquito más que eso. Te quedas preso del personaje, y yo inicialmente, cuando los convoqué, les dije: quiero destruir a Santiago Cruz. Y no terminó siendo una destrucción, sino una ampliación de eso. La intención era mucho más belicosa, y terminó siendo mucho más honrosa.

—Esa ampliación está dirigida a tu público, y ahora llegás acá a conquistar público nuevo.

—Sí, y esa reinvención permanente te permite llegar a este tipo de lugares por primera vez, con la cara un poco más fresca, sin el agotamiento de haberte repetido muchas veces. En cambio, cuando llegas con muchos más recursos estéticos, por primera vez a un lugar, dices: yo soy todo esto.

antes y después

"Cruce de caminos", el disco que lo catapultó

—Viéndolo en perspectiva, ¿qué crees que tuvo Cruce de caminos, tu tercer disco, que fue el que marcó un quiebre en tu carrera?

—Terapia (se ríe). Tuvo terapia, tuvo un momento previo de destrucción, ahí sí, personal, muy ruda, y el siguiente proceso de intentar reconstruirme. Y allí en esa terapia, literalmente terapia, empecé a escribir como loco a un ritmo mucho más alto que el que habitualmente lo hacía. Yo en promedio, los 10 años anteriores, había hecho casi que una canción semestral; era un compositor muy vago. Y en ese momento de mi vida, en 18 meses hice 30 canciones. Limpié el canal de transmisión y eso me permitió conectarme. Al principio no le creía al terapeuta, porque uno cae muchas veces en la trampa de que el arte necesita la miseria del artista para algún tipo de validez. Y puede ser que sí, pero uno no se puede quedar allí. Entonces yo le dije al terapeuta: "Si me pongo bien, ¿de qué voy a escribir?" Y él me dijo: "Va a escribir más que nunca, se lo prometo". Al tiempo me tocó creerle.

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