Carnaval 2018

Saltimbanquis regresó y cerró una noche con propuestas de alto nivel

La murga de la Unión se jugó por el humor y la diversión, al tiempo que Metele que son Pasteles atacó con una propuesta reflexiva, con mensaje trascendente. Los Choby's tuvieron una muy buena noche y La Carpintera Roh presentó buenos momentos

Saltimbanquis
Saltimbanquis en el desfile inaugural. Foto: Gentileza Po Colectivo Productor / Fernando Vidal

Saltimbanquis volvió al Teatro de Verano luego de dos décadas de ausencia, con un coro de lujo y una propuesta de alto nivel, muy aplaudida, en especial cuando Claudio Rojo salió a escena para divertir con su clásico estilo de humor picaresco, que la murga adoptó como fórmula persuasiva principal desde la mitad del repertorio hacia delante.

Los dirigidos por Nelson Ferro pasearon al espectador por momentos de crítica y humor, con una propuesta que se jugó por entero al entretenimiento, con un sostén visual y musical sobresaliente.

Brilló una vez más Diego Berardi, tanto en la selección musical como en los arreglos de uno de los principales coros de la categoría en este 2018. Allí se destacaron las voces de Ricardo Villalba, Agustín Pittaluga, Nicolás Ríos, Edén Iturrioz o el propio Rojo, entre otros.

El planteo tuvo vértigo e intensidad. Comenzó evocando la “larga espera” que representó su regreso, ofrendó un cálido saludo a La Unión —uno de los barrios emblemáticos del género— y luego pasó a un divertidísimo momento satírico sobre sus pintorescos personajes de antaño con camisas floreadas o los famosos líos con la prensa o los jurados, que sirvieron para instalar e ir saboreando la temperatura del humor.

Posteriormente llegó un cuplé sobre las redes socialesy el uso del amplio universo de lo digital, que fue el punto menos logrado y efectivo del texto y, por ende, de la propuesta global.

Pero de ahí en más Saltimbanquis retomó un giro ascendente. El coro fue el principal protagonista de un rico salpicón de crítica de actualidad, al tiempo que Claudio Rojo protagonizó un delirante momento basado en un cupletero de antes que intenta revivir la vieja mística, pero al que los nuevos tiempos le quieren imponer una visión políticamente correcta.

Salvo su remate, donde se rinde un cálido homenaje a los antiguos cupleteros con un tono solemne, el cuplé obtuvo una continua devolución humorística, constituyendo un fragmento verdaderamente fuerte del repertorio.

La despedida, en tanto, tuvo belleza poética y emoción para hablar de la amistad, evocando a Eddie Espert y Carlos Modernell, dos íconos de la historia de la murga, desaparecidos recientemente.

Un especialísimo destaque merecen también el vestuario y maquillaje de Rosario Viñoly, de gran delicadeza y elaboración, que completaron una muy buena primera rueda con aspectos técnicos muy logrados, que prepararon la cancha para que Saltimbanquis juegue fuerte en la principal categoría del carnaval.

A segunda hora cantó la murga Metele que son Pasteles, con una propuesta inteligente y reflexiva, con densidad conceptual en el libreto, aunque al repertorio le costó entrar en caja al inicio, tal vez a causa de un escaso ritmo. No obstante, debe consignarse que este tipo de propuestas necesitan una linea de narración musical un poco alejada de los cánones del género ya que, de otro modo, sería imposible asimilar el bombardeo de ideas del libreto.

Metele que Son Pasteles
Metele que Son Pasteles en el desfile inaugural. Foto: Marcelo Bonjour

La propuesta se denomina Sentido común. Habla sobre los uruguayos, la sociedad moderna, sus conductas y modos de pensar, al tiempo que interpela al sistema y sus hegemonías con un lenguaje que se apoya básicamente en la ironía, pero que también ataca por el lado directo, siendo, en ambos sentidos, eficiente.

Sentido común, una máxima de la racionalidad, es, a juicio de la murga, un modo de reafirmar un mundo ordenado, que da por sentada la existencia de ganadores y perdedores, donde las posibilidades de cambio y transformación no están en las instituciones, sino, por el contrario, en el individuo. Un individuo que, sin embargo, está poco comprometido con tal cambio y, a la vez, desprovisto de un pensamiento crítico que le permita salir de la zona de confort.

La mirada sobre el sistema que proponen Los Pasteles no está dicha a modo de editorial, sino por el contrario, oculta en sus cuplés, cuya fachada apunta generalmente al humor. Un humor que obtienen, mayoritariamente, cuando promedia un espectáculo donde cada idea se va asociando con la siguiente, como una puerta giratoria que opera, simultáneamente, como ruta de entrada y salida de sus múltiples argumentaciones.

Así, por ejemplo, para hablar del sistema, anuncian un cuplé sobre la problemática de los cincuentones que, lejos de referirse a la previsión social, se enfoca ocurrentemente en cómo dicha generación puede acceder a la marihuana sin necesitar de sus hijos.

Instalada la mirada sobre lo social, comienza definitivamente la interpelación al sistema, zona en la que los libretistas navegan acertadamente los cauces más profundos.

El cuplé del facho es una clara expresión de ello. Allí quedan patentes los modos de pensar más conservadores de una sociedad que habla de las necesidades de reinventarse, pero que, de modo maniqueo, se las ingenia para pisar el freno una y otra vez.

Más profundo aún es el cuplé sobre “Los Medios y la murga”.

A los primeros se los acusa de portar el discurso que reafirma las hegemonías e instituidos. A la murga, en cambio, le corresponde proyectar el discurso de lo alternativo y la novedad; la verdad revelada. Pero, aún así, esos discursos también están entreverados y cohabitan en un carnaval donde las voces del cambio deben lidiar permanentemente con las lógicas del poder y sus respectivos intereses. En síntesis, se trata de una propuesta para pensar y, como de costumbre, para abrir caminos que permitan cambiar la cabeza.

Humor y candombe

A tercera hora llegaron Los Choby's, que lograron sobrellevar de modo muy satisfactorio la ausencia de su líder, Leonardo Pacella, quien esta temporada participa junto a Zíngaros, aunque su sello humorístico permaneció intacto en el modo de elaboración del humor.

El grupo dirigido por Julio Yuane tuvo una muy buena noche, liderado por su figura central, Martín Prado. La mayor fortaleza del grupo estuvo en la fidelidad a un estilo autorreferencial, donde las torpezas y frustraciones de los personajes fueron, como de costumbre, el foco de un humor que cae bien en la platea.

Bajo esta línea de acción —la de reírse de uno mismo— Los Choby's encontraron un camino de continuas carcajadas, a pesar de que, por momentos, las escenas se hicieron un poco más extensas de lo necesario y el espectáculo tuvo algunos pasajes de menor efectividad, en especial sobre su final.

Por ello, una mejor edición de las escenas y una mayor agilidad de algunos cuadros, como el del jurado y el pesebre, podrán redondear una nota superior a la muy buena obtenida en el arranque.

El trabajo colectivo, otra marca fuerte de este repertorio, permitió no obstante el lucimiento de algunos trabajos individuales para sus figuras más jóvenes, como Florencia Franco, Joaquín Olivera y Claudio Morel.
Una imitación de los Zíngaros de Pinocho Sosa y otra humorada sobre el Papa —ubicadas sobre el inicio y la mitad del show— fueron especialmente buenas y sirvieron para calentar una platea que recibió de muy buen modo un trabajo donde el denominador común fue un alto voltaje de humor.

La apertura de la etapa fue con la comparsa La Carpintera Roh, un grupo nuevo y en ascenso, que presentó una biografía candombera de José Antonio “Macho” Lungo, emblemático personaje de nuestro carnaval, que paseó su talento por varias categorías.a lo largo de varias décadas.

La propuesta demandó varios meses de estudio, investigación y entrevistas con sus familiares, algunos de los cuales fueron representados sobre el escenario, en el marco de un relato que combinó realidad y fantasía.

La narración propuesta por Eduardo Outerello tuvo varios aciertos al momento de describir los múltiples momentos de la vida de Lungo, entre los que figuran sus relaciones familiares, su rol al frente de varios grupos de carnaval o la persecución sufrida durante los años de la dictadura militar, entre otros.

Sin embargo y pese a esos reiterados aciertos, la comparsa demoró demasiado en ingresar al relato propiamente dicho. A ello se sumaron algunas disparidades técnicas y sonoras al inicio, que fueron solucionándose con el paso de los minutos, hasta alcanzar un desempeño relativamente aceptable cuando promediaba la actuación.

Sobresalió la exquisita voz de Martín Yarzábal en la caracterización del personaje principal.

Y si bien ya se ha visto una propuesta de mejor nivel en el plano musical —y se esperan varias que puedan superarla en este rubro— el trabajo fue encontrando sus buenos momentos, en especial cuando los candombes buscaron un clima encendido.

También brilló una cuerda de tambores muy a tono.

Además del atractivo de la historia, la propuesta de la comparsa de la familia Carpintero tuvo destaques a nivel escénico, tanto en la puesta como en las coreografías. El cuerpo de baile, los cuadros de los personajes típicos y las vedettes tuvieron buenas intervenciones, al igual que un agradable vestuario, que le dieron un agradable marco visual a la propuesta.

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