ENTREVISTA

Ruben Rada: "Toco música del mundo y es difícil que la gente entienda eso"

Ruben Rada charló con El País antes del show "Parte de la historia", donde repasará las canciones de El Kinto, Totem y Opa

Ruben Rada. Foto: Leonardo Mainé
Ruben Rada. Foto: Leonardo Mainé

En junio, Ruben Rada agotó el Teatro Solís para repasar la obra de El Kinto, Totem y Opa, tres de las bandas que definieron el sonido de la música uruguaya. A pedido del público, hará una nueva función, que ya tiene entradas agotadas, el 8 de octubre en el Auditorio del Sodre. Antes del recital, el músico charló con El País.

—En una entrevista contaste que cuando eras un niño abrías puertas de taxis en la puerta del Teatro Solís para ganar alguna moneda. En junio agotaste la sala con el espectáculo Parte de la historia. ¿Qué te produce eso?

—Cuando se abrió el telón y tocamos “Qué me importa” yo me ahogaba de la emoción. Después del show, la gente me decía: “Se me vinieron mis novias a la cabeza, el Sorocabana, las caminatas por 18 de julio”. Lo único malo del Solís es que no podés abrazar a la gente; te tienen que esperar atrás. El recital me recordó toda la época de mi vida y cuando hago la parte de El Kinto es emocionante.

—¿Cómo fue la selección de las canciones para el espectáculo?

—Nos juntamos con mis hijos y entramos a elegirlas. Hay un repertorio bárbaro. Hacer toda la historia es muy difícil. Una canción que me gustaría hacer, si Matías cantara, es (canta un fragmento de "Mañana", de Totem): "Si hay llegado la noche, vida mía / sientes que tú estás arrepentida". Ese tema me encanta. También me gustaría hacer “Amado John" (canta el estribillo). Canciones hay a patadas.

—Antes de la entrevista estuve escuchando el disco Adar Nebur...

—Pah, Adar Nebur es tremendo...

—Claro. (Canto el comienzo de "Prestame un mango") “Mama mía, vieja”...

—(Rada se suma al canto) “No tengo un mango”. Ese es tremendo junto a “Mambo liberador” (canta un fragmento de la letra). También me gustaría hacer “Alegre caballero”, alguna de Miscelánea Negra y de Amoroso pop.

—Estuve en el show del Teatro Solís y también había mucha gente joven. ¿Cómo te llevás con las nuevas generaciones?

—La gente joven es la que me quedó de Rada para niños. ¿Cuántos años tenés vos?

—23 años.

—Seguro escuchabas (empieza a cantar): “Ruben Rá, Ruben Rá / tira cuetes sin parar”...

—¡Claro! Siempre repetía “La baguala del aburrimiento”.

—(Canta) “Me aburro, me aburro / sin tele yo me aburro”. Sí, es que a los chiquilines les comprás pop, les ponés la televisión y se aburren igual. Bueno, yo me encuentro con los pibes rockeros en la calle y me dicen que Totem es lo más grande. Los discos de Totem son increíbles y marcaron una época muy buena. ¿Sabés cómo grabábamos los discos? Íbamos a Buenos Aires y lo hacíamos en dos días. De 10.00 a 22.00 hacíamos todas las músicas, y al otro día yo me cantaba todas las canciones arriba.

—Es que esos discos fueron grabados rápido y luego se volvieron fundamentales. Por ejemplo, Circa 1968 nació de playbacks rescatados.

—Todo lo de El Kinto se grababa en un estudio para hacer playbacks. Grabábamos tres programas para Discodromo Show y la cinta quedaba ahí tirada. Carlos Píriz, que era programador y sonidista de Canal 12, juntó todo, lo mezcló y lo masterizó. El Kinto nunca grabó un disco, sin Píriz nadie se hubiera enterado de la música de El Kinto.

—Estás preparando nuevo disco y ya publicaste un adelanto: “Negro rock”.

—(Canta) “El rock and roll sonó una vez”. Está bueno, ¿no? Estoy haciendo un disco doble. También grabé con Dread Mar I “Candombe para Marley”, pero en reggae, y está divino. Quiero acercarme al rock and roll porque estuve mucho con la plena y el “Cha Cha muchacha”. Costó mucho que la gente entendiera que soy un crooner, que canto de todo: samba, rock and roll, merengue, cha cha cha, reggae. Yo no soy nada: ni rockero, ni candombero. El world music me salvó; toco la música del mundo y es difícil que la gente entienda eso.

—En la letra de “Negro rock” cantás que el rock and roll “golpeó mi mente cuando solo tenía 10”. ¿Cómo recordás tu entrada al sonido?

—Era la época en que la sangre te vibraba. Bailábamos con una radio chiquita que sonaba menos que un celular, pero pasábamos momentos divinos. Cuando apareció Chuck Berry y Little Richard fue maravilloso porque ahí empecé a gozar la música negra. Después me encuentro con Ringo Thielmann, el bajista de Los Shakers, y me muestra a Ray Charles; "Georgia On My Mind" cambió mi vida.

—¿Qué te produjo la voz de Ray Charles?

—Fue la que me hizo encontrar la forma de cantar y los que me hicieron compositor fueron Los Beatles, con “Love Me Do”. Antes era un showman y cantaba “Guantanamera”. Ahí empiezo a componer y justo estaban Los Shakers. Me fui con ellos a Buenos Aires pero el productor me dijo que yo no daba para beatle: no tenía el flequillo y era negro.

—Sí, pero después Los Beatles grabaron con Billy Preston, así que te adelantaste unos años.

—¡Yo estaba antes que Billy! (Se ríe) Los tipos no tenían visión, además en esa época yo componía como loco. Me quedé un año en Buenos Aires como “Aros Rada”. Me ponía unos aros grandotes y cantaba canciones en español en un programa que se llamaba Ritmo y juventud, y me acompañaban los Fattoruso. Venía un tipo y me decía: "Aros, me encanta tu música", y yo les hablaba en un africano inventado. Después se dieron cuenta y se terminó (se ríe).

—¿Cómo recordás la casa de tu infancia?

—Era duro. Vivíamos en la calle de D'Azeglio y Avenida Italia. Había un club de bochas y yo estaba todo el día cantando en el bar. Vivíamos siete en una pieza: mi vieja y mi tía —que eran mellizas—, Martín, el Cora, el Chila, Carlitos y yo. Nos bañábamos con latón, fue terrible; hacía un frío espantoso y estábamos con una toallita de mano secándonos. Una vez me agarré una pulmonía y me fui tuberculoso al Saint Bois. Estuve dos años internado y se moría gente al lado mío, pero seguí peleando hasta que salí.

—¿La música estuvo presente en esos momentos?

—No, a mí lo que me gustaba el fútbol. El canto siempre fue el plan B para mí. Como vivíamos muy cerca del Estadio Centenario, el fútbol era mi vida Escuchamos el mundial del ‘50 en una radio que gigante, pero que no sonaba una mierda. No sabíamos si gritar un gol porque no sabíamos si era de Uruguay o de Brasil. Uruguay salió campeón el día de mi cumpleaños. Cuando volvieron los uruguayos, yo tenía 7 años y me fui mostrando mi cédula de identidad. La gente me daba monedas; era un disparate. Me llené los bolsillos: tiraba la plata en una caja y volvía a mangar de vuelta. Es como si hubiera ganado 20 mil pesos ese día. Comimos guiso como un mes entero (se ríe). Pero tengo recuerdos muy lindos de chico: ir al estadio con mis hermanos, conseguir entradas o colarnos. Me gustaban los goleros y cada vez que jugaba me ponían de golero, Me presenté en varios clubes hasta los 17 años; quedaba, pero cuando sacaba la ficha médica me salía la mancha en el pulmón por la tuberculosis y no me dejaban jugar. Nadie sabía cuándo estabas curado, tosía y desaparecían todos.

—¿En qué momento te diste cuenta que tenías que seguir por el camino de la música?

—Fue cuando aparece Cacho de la Cruz. Yo ya había cantando con Pedro Ferreira, con Morenada y con La Nueva Milonga. Un día aparece en Cacho en el tablado Irlanda. Antes de que llegaran las murgas, yo subía con una mesa y me ponía a cantar y a hacer imitaciones. Cacho dijo: “¿El negrito toma?”, porque estaba el estigma de que los negros eran borrachos. “¿Zapatito? No toma ni Geniol”, le dijeron. Me llevaron a la casa de Eduardo Bachicha y ahí empecé a trabajar con los Hot Blowers. Yo hacía el tablado para juntar unas monedas. Mi representante era mi hermano Martín, me cagaba siempre (se ríe). Era una cosa increíble: fuimos a un tablado una vez y desde arriba vi que se llenaba de guita. Cuando bajo me dice: "Acá no hay que venir más, no me dieron nada. Son unos sordos”. Y el tipo tenía los bolsillos llenos de guita. El primer representante que me cagó fue mi hermano (se ríe).

—Sos uno de los responsables de haber legitimado el candombe en la música uruguaya…

—(Interrumpe) Sí, porque tengo mucho respeto por la palabra candombe. Pero el mejor candombero de la historia era Pedro Ferreira. Yo escuchaba a Alberto Castillo y a Romeo Gavioli. Después, a las cansadas aparezco yo, pero no sé por qué los candombes míos fueron más populares. Quedé como el rey del candombe, pero el rey de verdad fue Pedro Ferreira y al que le afané todo. Tengo mucho respeto por todos: Lágrima Ríos, Eduardo Da Lu, los Fattoruso, Manolo Guardia, Cheché Santos. No me gusta ser el primero ni el tercero, ni el cuarto: quiero estar en el pelotón. Si a los 76 años aún estoy entre de los mejores 20 compositores del Uruguay me siento superfeliz. El número uno no sirve porque no soy Zitarrosa ni Gardel. Hay muchos capos en este país.

—¿Qué esperás del show del Sodre?

—Que nos podamos divertir. Va a ser mejor que el otro porque voy a estar más tranquilo. En ningún momento pensé que iba a llenar, pero me doy cuenta que los que llenaron fueron El Kinto, Totem y Opa. Eso me da mucha alegría porque la gente fue para revivir esa época. Es una emoción tremenda y espero que sea una fiesta.

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