Entrevista

Rossana Taddei: “Tuve que hacer el molde y romperlo”

La cantante adelanta los detalles de su nuevo disco, que muestra su veta más roquera

Rossana Taddei
Rossana Taddei. Foto: Ariel Colmegna

El disco se llamaba Espiral. Estaba resuelta la sonoridad, se buscó respaldo económico en un método de financiación colectiva, aparecieron las canciones, y el disco se llamaba Espiral. Pero el espiral en el que entró el propio álbum terminó de deformarse un día, en un ensayo: Rossana Taddei lideraba su banda y a la sala entró un colibrí, que se quedó revoloteando sobre los músicos, que se daba contra el techo, que no podía salir. Todos intentaron sacarlo, alguien le tomaba fotos, y en un momento el pájaro, como desmayado o moribundo, terminó sobre la mano de la cantautora, que lo contuvo y lo animó hasta que volvió a volar.

Espiral había perdido su fuerza y días después, cuando el baterista Gustavo Etchenique, además su pareja, le sugirió que el disco se llamara Cuerpo eléctrico, todo tuvo sentido: un libro fundamental de Walt Whitman salió de la memoria de Taddei, para abrazarse con la electricidad de ese colibrí que casi muere, pero que siguió vivo y latiendo.

"Cuerpo eléctrico" será, entonces, el nuevo disco de Taddei, que editará Bizarro el mes próximo y que será presentado el 10 de agosto a las 21.00 en la sala principal del Auditorio del Sodre (las entradas ya están en Tickantel desde $ 400).

Al cambiar el nombre del material, Rossana Taddei volvió a romper el molde, algo que hace desde que empezó con esto de la música. Y ahora, en su nueva forma, se mostrará más roquera que nunca, con una sonoridad que favorece a su amplio rango de voz, y que le permite jugar en nuevos lugares. “Todas las cosas son gratas al alma, pero esta es la más grata”, dice Walt Whitman en su poema “Yo canto al cuerpo eléctrico”, y algo de eso hay en el vínculo de Taddei con su música. Esta charla es sobre lo que viene, la creación y los cambios.

—¿Cuáles fueron las primeras ideas de cara a este disco que vas a lanzar, Cuerpo eléctrico?

—Hace tiempo que tengo ganas de hacer un disco con mi veta roquera, volver a ese lugar. Inclusive cuando en Semillas hice un homenaje a la raíz folclórica, ya estaba componiendo desde ese lugar, con un set de guitarras distorsionadas; una construcción muy diferente a Semillas. Así que es un disco construido desde ese lugar, con esa energía y ese concepto estético.

—¿Necesitás de una preparación para meterte en ese modo más roquero, armarte un contexto, reencontrarte con canciones cercanas a ese estilo?

—Cada proceso es diferente. En este me pasó eso, fue fundamental que el sonido estuviera presente para gestar estas canciones. La guitarra de cuerdas de nylon me conecta con un tipo de sonido, e igual que si empiezo a componer con un ukelele, van a salir canciones que tengan que ver con esa célula. Pero para este disco me resultó algo intuitivo, que es el lugar desde el que yo construyo la música, necesitar esa herramienta: que la guitarra estuviera enchufada con una distorsión mínima. Y a partir de ahí, las canciones fueron saliendo.

Rossana Taddei en la Zitarrosa. Foto: Marcelo Bonjour
"Fábrica", primer adelanto del nuevo disco de Rossana Taddei

—Venías de ReUnión, una antología de tu carrera, y de Semillas, un disco de versiones. ¿Pensás en este álbum como el comienzo de una etapa?

ReUnión fue mi primer contacto con Bizarro, y Semillas fue un homenaje a la música con la que empecé. Y esto puede ser. No sé decirte, porque voy cambiando. Me aburro con un género; no podría pensar que toda mi vida musical hubiera sido como al principio. No te puedo decir para dónde va el siguiente proyecto musical; capaz que sigue por este camino, o también son mojones. O por ahí mi estructura como persona es desestructurada, porque tuve una vida en la que tuve que hacer el molde, romperlo, volver a hacerlo y así. Soy muy fiel a mi estructura; si hago siempre el mismo dibujo, se me acota la posibilidad de crear.

—En Cuerpo eléctrico cantás siempre tirando a grave.

—Sí, hay una cosa con el pecho, con esta colocación de pecho (se golpea), que me gustaba usar como voz líder en esta tesitura. Pero tiene muchos coros, como casi todos mis discos, y la voz la utilizo como un instrumento más. Todos los arreglos los armo de ahí, y los que puedo, se los paso a los músicos desde ahí.

—Sin embargo, por más que los coros estén siempre presentes, acá están puestos de manera que enriquecen a una sonoridad de unos pocos instrumentos usados como base.

—Sí, también desde el vamos, el concepto fue que fuera crudo, que no fuera muy barroco, muy cargado. Y está esto de los coros, que siempre va a ser lo fuerte. Incluso las sesiones de voz, toda la vida me gustó cómo quedaba la primera toma, y en este quise utilizar inteligentemente eso y asegurarme la toma uno, para tener lo mejor en ese momento. Hicimos toma uno y dos de voz, y no volví a hacer sesiones. Y como el disco está desde la tesitura media de mi registro, me queda el rango para que el trabajo de los coros vaya por debajo, con muchos graves, y por arriba. Y está la participación de (el productor Gastón) Ackerman, viendo desde un lugar muy alto las sonoridades.

—¿Hubo referencias para hacer ese trabajo “desde arriba”?

—No. Vos sabés que hay una onda de que se trabaja mucho desde eso; una forma de construir que no tiene nada que ver con mi forma de trabajo, que es algo actual que noto, y que usa muchas referencias directas. No entiendo el proceso creativo desde ese lugar; vengo de una generación en la que la idea era intentar algo nuevo, aunque fuera una utopía. No entiendo el proceso de crear algo basándose en referencias así, directas.

"Vengo de una generación en la que la idea era intentar algo nuevo, aunque fuera una utopía"

Rossana TaddeiCantante

—Pero si vos querés darle cierta globalidad, contexto...

—(Interrumpe) Pero es que las canciones ya lo traen, porque es toda la data que traes. Yo sé que hay gente que lo labura como si fuera una receta de cocina: a mí no me sale. Pero si me morfé a Janis Joplin, y Nirvana me taladró el cerebro, y me comí el disco de Sting yendo en bicicleta con el walkman (se ríe), eso va a saltar, a aparecer.

—Preguntaba esto porque si bien Cuerpo eléctrico tiene una producción de rock muy moderna, tiene algo jazzero, como si hubiera improvisación.

—El jazz y la improvisación están presentes en mí porque en Suiza, donde me crié, la música popular es el jazz. Es un territorio donde me siento segura, fuerte, apasionada, y eso a veces me lo llevo a las sesiones de grabación, y los músicos se ponen nerviosos, porque ¿cuánto vamos a divagar con, no sé, el coro que se me ocurre grabar? Pero cuando se trabaja en colectivo, todo se coloca en la luz de que funcione, de que la música sea el centro de cada sesión y sea lo más ordenada posible, dentro de lo que puede ser ese sitio caótico de la improvisación. Que con la grupalidad conteniéndolo, puede ser un sitio de donde salen muchas cosas. Y también es cierto que todos los músicos que tocaron acá tienen esa información, y son muy tocadores. Estoy muy contenta de poder tocar con ellos.

Rossana Taddei
De izq. a der., la banda de Rossana Taddei: Alejandro Moya (bajo), Santiago Montoro (guitarra) y Gustavo Etchenique (batería). Foto: Alejandro Persichetti

—Hay una poesía bastante directa y concreta en temas como “Torbellino felino”, que no es tan común en tu cancionero.

—Es directa, pero tiene un paralelismo filosófico fuerte. En esa simpleza está hablando de algo muy directo, pero la profundidad del texto va desde lo finito de las cosas: estamos de paso, nos vamos a morir, y todo es así. Pero estamos en una ilusión creyendo que no.

—Sin embargo, ese costado espiritual que atraviesa las letras, se contrasta con algo muy físico que está en la música y en el título, Cuerpo eléctrico. Hay como dos caminos paralelos.

—Sí, va por dos caminos a la vez... Tiene mucho de espiritual el disco, a pesar de la superficie en la que se muestra. Hay mucha lectura por debajo. Pero me parece que es un disco que en la primera escucha te da una idea, en la segunda otra y así, al menos desde mi composición.

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