MÚSICA

El rock sudaka de una banda porteña

Los Gardelitos se presentan hoy en Sala del Museo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Suárez, Rodríguez y Bellagamba, la formación actual de Los Gardelitos. Foto: Difusión

Eli Suárez lleva una mochila, pero no le pesa. Como cantante y figura central de Los Gardelitos, carga con la dimensión cada vez más mítica de su padre, Eduardo "Korneta" Suárez, fallecido en 2004 y fundador de la banda que hoy se presenta en Sala del Museo, en el primer show que el grupo dará en Uruguay.

Con 20 años de trayectoria, Los Gardelitos llegan a Montevideo con cinco discos de estudio, uno en vivo, un DVD y una popularidad importante en su país.

Suárez empezó a tocar con su padre en Los Gardelitos cuando tenía 18 años. Su papá, como dan cuenta muchos testimonios, era un tipo particular: un bohemio con una visión del mundo heterodoxa, una personalidad con muchos colores y un enamorado de lo urbano y lo social. Era también el autor de todas las canciones, en letra y música. Cuando falleció, Los Gardelitos perdieron a su fundador, cantante y autor. Aún así, siguieron.

"Ya desde el principio fui el productor de la banda: elegía qué canciones iban para los discos, el título del mismo, en qué orden irían... Esa tarea me la encomendó mi viejo". Pero fue recién con el disco Ciudad oculta (2014) que Suárez se metió de lleno en lo autoral. Exactamente la mitad del repertorio de 12 canciones es de él. La otra es de su padre, de canciones que quedaron. "Me fui animando de a poco. No quería invadir un terreno que era de él. En este caso en particular, me preocupé porque mis canciones fueran un complemento, que mostraran otra cara, porque yo también tengo mi personalidad".

A medida que la convocatoria de Los Gardelitos fue creciendo, también fue in crescendo la popularidad de su figura fundadora. Pero según su hijo, nunca se la creyó. "Era un tipo muy sencillo. Mi padre podía ver su cara estampada en una remera, pero no tenía ninguna postura de ídolo. Es cierto que el mito de mi padre ha crecido mucho. Y su sombra es cada vez más grande, lo cual puede opacar el brillo que cada uno de nosotros pueda tener. Pero yo me acuerdo de las charlas que teníamos. Compartíamos una manera de ver las cosas, y puedo cobijarme en eso para seguir adelante".

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