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Al rock lo enterró Alfred Nobel

Perdón Neil Young, pero te equivocaste. Tu canción "Hey Hey My My (Into The Black)", esa que dice "el rock&roll nunca puede morir", quedó desmentida hace unos días, cuando tu colega Bob mandó un correo electrónico a la Academia Sueca para agradecer el Nobel de Literatura.

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Artista: Dylan no responde las llamadas para el anuncio oficial. Foto: Reuters

Por favor, obviemos la discusión de si estuvo bien o mal darle un premio literario a un músico. Y también obviemos la polémica sobre si no lo merecía, también, Leonard Cohen, Joaquín Sabina o Chico Buarque.

Lo que quería decirte, querido Neil, es que aunque el rock sigue dando discos buenos (este año el tuyo, el de Radiohead, el de Bon Iver y el de The 1975, por ejemplo) y conciertos valiosos, no hay certificado de defunción más definitivo que entrar en el canon literario occidental.

La Academia Sueca no podría haber elegido mejor premiado que Dylan, para terminar de asfixiar al rock con todo el peso de ese abrumador prestigio.

De todas las grandes figuras del género, vos y él estaban (¿están?) entre las últimas que mantenían algo del halo del rock original, antes que entrara el showbusiness con sus luces y lásers, pantallas gigantes y pirotecnias.

Y eso a pesar de que él mismo traicionó todos aquellos postulados contraculturales con sus patéticos avisos publicitarios, con sus genuflexiones ante Papas y políticos que lo condecoraron.

Ahora, cuando la máxima figura que haya dado el rock es un Premio Nobel, no hay argumento posible para refutar que forma parte del "establishment", esa entelequia a la cual todos ustedes juraron no entrar jamás.

Tal vez, Neil, albergaste algún hilo de esperanza, cuando Bob se hizo desear antes de confirmar que lo aceptaba. No aceptar el Nobel hubiese, tal vez, estirado la vida del rock un poquito más.

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