CIRO Y LOS PERSAS

Rock argentino naranja y popular

La banda argentina presentó su nuevo disco, "Naranja Persa" en Vélez, y El País estuvo ahí.

Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Ale Casamayou

En un capítulo de Los Simuladores, el personaje de Federico D’Elía le dice a un muchacho dark, que se viste y se maquilla de negro, que ahora para rebelarse contra el sistema hay que usar traje y corbata. Algo de eso hay en Ciro Martínez cuando se aparece en escena en el Estadio José Amalfitani el pasado sábado 19, vestido de traje negro, con camisa naranja y sombrero bombín, mientras a su alrededor se agitan banderas y una multitud sudorosa hace un pogo fascinante que se roba la atención.

Aunque esté evocando al Alex DeLarge de La naranja mecánica, película que al menos desde la estética atraviesa este último disco llamado Naranja persa, hay cierto gesto de rebeldía en aparecer vestido con una elegancia sabinesca ante un público que claramente está esperando otra cosa. Un rato después, mientras trata de contar la historia de una canción para su hija y la multitud le reclama por rocanrol, Ciro también tomará las riendas y les dirá a los "muchachos" que esperen, que ya viene el rock, que habrá de todo esa noche.

No mintió: en un recital que superó con holgura las tres horas, hubo clásicos y estrenos, pogo y lágrimas, bailarinas, pelucas de cotillón, el Mannequin Challenge "más grande del mundo" e incluso un mono gigante que atravesó el estadio y terminó en el escenario. Hubo niños agitando en los hombros de sus padres, algún que otro desmayado por el calor, una pelea bastante dramática (entre el público) y hasta banderas de Uruguay, Peñarol, Nacional y de Cerrito, el club del que Ciro es socio honorario. Si hubiese habido fuegos artificiales, ya era mucho.

Ciro y los Persas en el mannequin challenge. Foto: Seba Klein
Ciro y los Persas en el mannequin challenge. Foto: Seba Klein

En medio de todo eso y ya de campera de cuero, Ciro y Los Persas fueron presentando este flamante trabajo que ya llegó a disquerías uruguayas. Se trata de la primera mitad de Naranja persa, un disco doble cuya segunda mitad se editará el año que viene y que, como siempre, viene acompañado con un notable diseño de arte. En Argentina ya es Disco de Platino.

Ciro es ambicioso en el mejor sentido, y aunque tiene un público devoto que arrastra desde Los Piojos y al que consiente haciendo una música que crece y va mutando pero siempre mantiene la esencia del rock chabón, apunta siempre más alto. Por eso Naranja persa viene con tapa dura pero no es un libro encuadernado, como sí lo era 27. La "i" recortada permite espiar una foto del cantante, rodeado de naranjas, que inaugura el tríptico sobre el que está el disco y su correspondiente librillo, y también el espacio para el segundo CD.

En el show en vivo en la cancha de Vélez, esa ambición también se nota. Hay un despliegue pocas veces visto: pantallas de altísima definición y una pasarela sobre la que la banda ofrecerá todo un set de temas (recurso que ya está en el DVD Qué placer verte otra vez). Pero hay una estructura de luces y pantallas en espiral, que no sólo proyecta buenos efectos sino que además va cambiando de forma: baja, sube, gira, se estira como si fuera la cáscara de una naranja recién pelada y es todo un atractivo en sí mismo.

El público es otro atractivo y, después de ver una cancha repleta y saltando siempre al mismo tiempo, se entiende enseguida por qué a los rockeros les gusta tanto tocar en Buenos Aires. Los fanáticos cantan tanto que no hace falta que el show tenga un volumen estridente, y contagian una energía que es fascinante y conmovedora.

Así, las canciones de Naranja persa se van colando entre otras de probado éxito, tanto de Los Piojos como de Ciro y su periplo solitario, ese que lentamente lo fue colocando entre los principales solistas del rock argentino. Son bien recibidos esos temas porque este es un disco parejo y contundente a la hora del vivo: con la banda en un gran momento y con un estilo muy clásico para trabajar estas canciones, Ciro Martínez hace lo que ha hecho siempre, ese rock medio sucio y medio popero (que siempre da lugar a las buenas baladas, como "Luz" en este nuevo álbum), muy sensual, que le sirve para cantarle al amor desesperadamente hasta que rasga la voz.

"Similar", que fue con la que abrió el show, "Juira!" y "Atún" (buen tema) fueron de las más efectivas en el extenso concierto, una suerte de maratón para la que su principal protagonista se preparó con championes deportivos. Con lo que corre de un lado al otro, intercalando la armónica con el micrófono y con algún chiste interno con sus músicos (sobre todo con Miguel Ángel Rodríguez, el único invitado y ex Los Piojos) y pisando con presencia el escenario, necesita estar cómodo.

Y está claro que la comodidad a Ciro Martínez se la da el escenario, donde nunca está ni demasiado cansado ni demasiado eufórico: está entrenado para eso y todos lo saben, porque lo suyo en ningún momento falla. Tiene algunos vicios de show —la arenga con el público cuando anuncia "el último tema", la sucesión infinita de bises, la religiosa lectura de banderas que hace al final— pero como todo lo demás es de tan buen nivel, ¿qué necesidad hay de reprocharle algo?

Naranja persa es un buen disco de Ciro, un hombre que quiere seguir poniéndole la voz a canciones clásicas del rock argentino y tiene con qué. Esta presentación primermundista y aceitada en la que, de nuevo, hubo hasta un mono gigante (sonaba "Ciudad animal" y fue un momento muy bueno), lo encontró vigente, muy diferente al de la época de Los Piojos pero igual de contundente, comandando a una multitud de más de 40.000 personas que latió a un mismo ritmo, con un mismo color y con una misma convicción: la de que el rock sigue siendo algo popular.

Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Seba Klein
Ciro y los Persas en Vélez. Foto: Seba Klein

























Tres momentos del show

El arranque:"Similar" / Naranja persa

Una hora y media después de lo que indicaban las entradas (o sea, 21.30) y mientras seguía ingresando gente al campo de juego, Andrés Ciro Martínez apareció desde adentro de una naranja, que estaba montada en la punta de la pasarela. Vestido de negro, evocando al protagonista de la película La naranja mecánica, el cantante y su banda abrieron la noche al ritmo de "Similar", una de las canciones de este nuevo disco Naranja persa, que fue presentado ante una multitud en el estadio de Vélez Sarsfield el 19.

La sorpresa:"Ciudad animal" / 27

Al ritmo de "Ciudad animal" se vivió uno de los mejores momentos de la noche. Un mono gigante (un títere que era movido por varias personas) ingresó por la entrada al campo y recorrió toda la cancha entre la multitud, seguido de otros animalitos de la selva de menos magnitud. Más tarde, el mono se subiría al escenario para continuar con el número mientras una chica vestida de mona hacía acrobacias suspendida en el aire. Fue la gran sorpresa de la noche, y además funcionó muy bien, sin problemas.

El agite:"El farolito", "Balneario" y "Muévelo" / Los Piojos

Otro de los grandes momentos de la noche se vivió con un enganchado de canciones de Los Piojos, que sin duda fue lo que más disfrutó el público que más cerca estaba del escenario, con banderas de todo tipo y color. Ciro y Los Persas combinaron el megahit "El farolito" con "El balneario de los doctores crotos" (un tema muy propicio para bailar) y "Muévelo", y el cantante tuvo tiempo para ir de acá para allá bailando con sus compañeros. Cuando sonó "Como Alí" fue otro momento alto.

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