MÚSICA

Las rimas y las transformaciones de una estrella pop

Kendrick Lamar y su nuevo disco: DAMN.

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Kendrick Lamar es un firme candidato por el disco "To Pimp a Butterfly". Foto: Reuters

Con los cinco Grammy que se llevó el año pasado por To Pimp A Butterfly, Kendrick Lamar se convirtió en uno de los nombres más rentables del hip hop. Y aunque ganó sus Grammy en esas categorías —las del género— en realidad Lamar ya es, como Drake, parte del pop más aceptado e internacional. Por eso es normal que tenga a U2 como invitados en este nuevo álbum, recién salido. Además, hay un rumor de que DAMN sería el primero de dos discos, y que el segundo iba a salir ayer, domingo; al cierre de esta edición eso no había sucedido.

Luego de To Pimp..., Lamar sacó un disco que parecía de descartes y/o complemento de ese —Untitled— donde llevaba aún más lejos el aire experimental del multipremiado álbum.

Tras adelantar un par de temas, pero sin anunciar la fecha de salida, Lamar apareció con DAMN, con 14 temas, sin interludios, partes habladas o algo que distraiga de lo que es la música en sí. A diferencia de la gran mayoría de sus pares, Lamar a veces parece un hermano espiritual de Eminem: artistas básicamente enfocados en sus discos y con pocos intereses fuera del estudio de grabación.

Salga o no salga un álbum acompañante, este disco se sostiene solo, y lo hace de manera firme, confiado. Acá, Lamar vuelve a cambiar de dirección musical de manera bastante brusca. Cuando debutó con Section.80 en 2011, poco hacía imaginar que daría un salto que resultaría en good kid, m.A.A.d. city. Como también fue una sorpresa que luego de ese trabajo sacara To Pimp...

Ahora, dejó prácticamente de lado el ambiente jazzy para centrarse en un estilo más conciso y melódico. Siguen habiendo detalles que remiten a su título más exitoso, pero las conexiones son tenues, no están enfatizadas.

Uno de los temas que más recuerdan al disco anterior es, justamente, el que tiene como invitados a U2 ("XXX"), con sus cambios de ritmos y colores, donde Bono pone una voz que casi no parece la suya.

Las letras vuelven a hablar de las cosas que le importan a Lamar (relaciones raciales, violencia, abuso policial), pero quien no entienda la jerga puede disfrutar del tapiz sonoro y estilístico de Lamar, que explora las intersecciones entre el funk, el soul, el jazz y el hip hop para generar un estilo único, aunque éste lleve, sin problemas, las influencias (Dr. Dre, por ejemplo) al oído de todos.

Todos los títulos de los temas constan, como el del álbum, de una sola palabra, en mayúsculas, lo que insinúa cierta intención conceptual. Es que Lamar, aún en su fidelidad al hip hop, aspira a más que ser un músico de género.

Kendrick Lamar

Disco: DAMN

Duración: 55 minutos

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¿Está bueno? Sí. Lamar vuelve a sorprender con un disco que se diferencia de lo que venía haciendo.

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