ENTREVISTA

"El riesgo siempre entusiasma": Fernando Cabrera cuenta todo sobre su próximo disco

Antes de tocar en la Zitarrosa, el cantautor revela los detalles del trabajo que trae entre manos

Fernando Cabrera. Foto: Darwin Borrelli
Fernando Cabrera. El músico uruguayo estará celebrando los 20 años de la Sala Zitarrosa con el concierto "Anticipado" el 16 y 17 de agosto. Foto: Darwin Borrelli

Fernando Cabrera aún se acuerda de la inauguración de la Sala Zitarrosa y, cuenta, durante su primer año integró, con Daniel Viglietti y Fernando Condon, un comité de asesoría artística que analizaba solicitudes que se hacían para tocar allí. Encariñado y agradecido con la sala, estará festejando su 20° aniversario con el concierto Anticipado. Toca el 16 de agosto a las 21.00 (Tickantel), y se agregará otra función para el 17.

Anticipado es la excusa por la que Cabrera recibe a El País en su apartamento de Ciudad Vieja, justo en la mitad de “una tarea delirante”, dirá. Está escribiendo a mano varias versiones de la frase “El tiempo está después”, y al otro lado de la mesa, una chica espera para llevarse el papel que luego se transformará en un tatuaje. “Y no es la primera vez”, me dirá un rato más tarde. En Argentina, dice, alguno lleva en la piel eso de “Un día nos encontraremos en otro carnaval”, y una vez le mandaron una foto de la pantorrilla de un hombre, en la que estaba su cara. “Era mi foto tal cual, perfecta: la camisa, el traje, un cacho de la guitarra... Increíble”, dice, bajito.

Y Anticipado se debe a que Cabrera justo está grabando disco, “y no tiene nada de extraño en mi vida que dos por tres tenga una serie de canciones nuevas y quiera mostrarlas, incluso antes de grabarlas”.

Fernando Cabrera. Foto: Darwin Borrelli
 "Si bien yo ya soy una persona mayor, este disco es una novedad en mi discografía", dice Fernando Cabrera. Foto: Darwin Borrelli

—¿Qué te gusta de eso?

—Ja. ¿Qué me gusta? Es lo que más me gusta de la vida.

—¿Mostrar algo que la gente no conoce?

—No, componer.

—¿Pero qué te genera enfrentar al público con inéditos?

—Ah. Bueno, por un lado, es sacarse de encima o manifestar una ansiedad. Como que ya no te aguantás, cuando tenés varias cosas nuevas, aunque pudiera ser lógico mantener la expectativa y toda una serie de tonterías en las cuales ya no creo. La industria discográfica ha cambiado tanto; es como hablábamos de los tatuajes, hace un rato. Está todo tan raro... Bueno, a mí me gana la ansiedad, toda la vida me pasó lo mismo. Y como yo no soy de estar tocando en asados, en reuniones, porque no tengo esa costumbre (se ríe), lo hago en vivo. Monto un recital. Y hay también un prurito, o no sé si llamarlo prurito. El compositor arrastra una cosa, que en realidad está mal, que es el miedo a, un día, quedarte sin ideas. Entonces nos acompaña esa necesidad de que no pase mucho tiempo sin tener alguna novedad para mostrar, porque si no, pareciera que… Está equivocado lo que te estoy diciendo, ¿eh? Ahora lo comprendí: no importa la cantidad, no importa que hagas 500 obras, o dos. Importa que las 500, o las dos, sean buenas, te representen, dejen algo. Pero uno un poco cae en eso, y a mí me acompaña ese temor. Entonces cuando estoy en situación así, compositiva, estoy inspirado, aparecen cosas y me pongo muy feliz, ¿viste? Muy inquieto. Y quiero mostrarlas.

—¿Hay algo físico, si se quiere, que se repite cuando terminás una canción que te convence?

—Sí. No sé si físico, pero es una felicidad. En la modesta vida mía, es un pico de felicidad, realmente. Terminar algo que te conforma es indescriptible.

Fernando Cabrera. Foto: Darwin Borrelli
Fernando Cabrera: "me entusiasman las canciones, me parece que hay una veta nueva de composiciones respecto a lo que he venido haciendo". Foto: Darwin Borrelli

—En esta mesa en la que estamos sentados, tenés un sobre que dice “Tributo a mí mismo”, y un par de carpetas con las etiquetas “Next”, “Futuro”...

—“Tributo a mí mismo” es un título chistoso de un proyecto a largo plazo, que no manejo yo, en donde otros músicos cantan canciones mías. Pero está muy verde, pueden pasar años; yo le pongo así en chiste (se ríe). ¡Nunca se me hubiera ocurrido la idea! Las otras son carpetas con cosas que guardé para más adelante, que vienen de hace tiempo; bocetos, canciones terminadas que en este disco no van, canciones por la mitad… Cosas que yo sé que dentro de dos años, cinco o 20, me van a servir. Toda mi vida tuve un pequeño baúl con cosas que me aseguran que si tengo que grabar cinco discos, tengo material.

—¿A dónde va el disco?

—Si bien yo ya soy una persona mayor, este disco es una novedad en mi discografía, porque me animé —incluso después de comenzar las grabaciones— a hacer un disco yo solo, donde ningún otro músico participa. Estoy grabando así; varias guitarras, voces, coros, alguna percusión muy elemental, algún piano muy elemental. Me terminé animando a hacerlo solo, como alguna vez se hizo acá, como Dino en Vientos del sur o Mateo en Mateo solo bien se lame. No quiero decir que se vaya a parecer en nada a ninguno de esos ejemplos; es la actitud de autovalerse.

—Y eso lo encontraste en el estudio, entonces.

—Lo tenía pensado como posibilidad. Pero a mí siempre me gana —por eso es la primera vez en mi vida que hago esto, cuando podría haberlo hecho hace mil años, porque hay gente que me lo pide— el deseo de hacer arreglos, de que haya otros instrumentos. Porque en vivo, toda mi vida he trabajado solo; de hecho en Argentina, prácticamente me conocen solo con la guitarra. Y yo soy muy feliz con lo que se forma entre mi voz y mi instrumento. Pero cada vez que llega la hora de grabar, digo: me voy a sacar las ganas de tener batería, piano, trompeta. Y esta vez...

—¿Domaste el deseo?

—Sí, le tomé el gustito.

—¿Y te intriga lo que pasará?

—Sí, y me parece desafiante. No es que tenga todas las de ganar; por ahí el disco termina siendo aburridísimo. Andá a saber. Pero también me entusiasman las canciones, me parece que hay una veta nueva de composiciones respecto a lo que he venido haciendo. Hay estructuras nuevas, tirarse al agua en ciertas temáticas. Sin llegar a ser totalmente experimental, hay algo de riesgo, y el riesgo siempre entusiasma.

En una entrevista reciente con El País, dijiste que ya habías hecho muchas canciones de amor roto, y prometías no hacer más. ¿Cumpliste?

—Creo que no hay canciones de amor roto. (Piensa) Hay una sí, readolescente, de la primera vez que estás loca por un muchachito del liceo, y vas a Santa Teresa ponele, con toda la ilusión de que capaz pasa algo, pero tu mejor amiga termina teniendo una relación con él. De eso habla la canción. Y ella tiene que aceptarlo, sonreír, felicitar, y por dentro está quebrada.

Fernando Cabrera. Foto: Darwin Borrelli
Fernando Cabrera: "si vos te ponés a revisar mi discografía, te vas a encontrar con las temáticas más variadas". Foto: Darwin Borrelli

—A mí me había llamado la atención ese comentario…

—(Interrumpe) Pero sí, mantengo esa idea. No es que lo he hecho tanto, ¿pero sabés qué sucede? Que las canciones mías que más han gustado, son esas. Esas siete u ocho o 10 que hice en toda mi vida, y fíjate que yo hice capaz que 300 canciones. ¿Qué porcentaje es de esa temática de corazones rotos? ¿El dos por ciento? No sé. Pero son las que la gente más eligió como sus preferidas. Entonces se me identifica con eso, pero si vos te ponés a revisar mi discografía, te vas a encontrar con las temáticas más variadas. Yo me jacto de ser un tipo que aplica, a la canción como género, una variada temática. Este nuevo disco va a ser prueba de eso.

—¿Qué más hay en el disco?

—De memoria no me acuerdo, pero te voy a leer los títulos (va a buscar un cuaderno). Hay una que se llama “A la calle”, que habla de acá, de la Ciudad Vieja, de esa paradoja entre el CEO de una empresa y el hurgador, coexistiendo. “Cincuenta años de Horacio” es de un hermano mío que cumplió 50 (se ríe). “Mañana es el cumpleaños de mi padre”, “Era el águila de la libertad”, “El liceo”, “La estancia” (pasa las hojas), “Soy un hombre”, “Mañana será otro día” es la de los adolescentes. “Cartas de Cristo” es una especie de modificación de la Biblia; “Quemando karma”, que capaz que no es el título definitivo, es sobre un tipo que tiene la sensación de que vivió otra vida… “Diario de viaje”, sobre un viaje a San José pero antes de 1925…

—Hay como mucha crónica.

—Ahí va: hay narración, sin ser narrativa, porque mis letras no son narrativas, como las de Leo Maslíah o Emiliano Brancciari, que son como de prosa. Mis letras no son prosa; siempre tienen —y puede ser malo o bueno— un lenguaje poético. Sin embargo, en este disco hay más historia. No sé si en este disco o capaz que en todas mis canciones hay un poco de eso.

—¿Cuál de esas sentís que sería un hit que tal vez no será?

(Se ríe) No sé. (Piensa) Es que ninguna tiene característica de hit, ninguna tiene característica de canción pop, hecha para repetirla enseguida y que te quede en la memoria. Musicalmente tampoco, porque estamos hablando solo de la letra, lo cual está mal si se habla de canción.

—Pero no me vas a mostrar ninguna referencia musical.

—No. Pero musicalmente son raras. Algunas son sencillas.

—¿A qué le llamás raras?

—Más que nada a la estructura, no raras de melodía o armonía. Al contrario, yo estoy en un camino de simplificación en esos terrenos. Cada vez hago canciones más sencillas, más tonales. Pero estas, tal vez por ser bastante narrativas, a la hora de hacerles las músicas, más de una vez me encontré en la necesidad de cambiar de melodía, de que la canción vaya teniendo una estructura cambiante y nutrida. Capaz que “Diario de viaje” o la de Cristo, tienen cinco o seis melodías adentro, que se van engarzando. Son como obritas, muy pequeñas; no te imagines canciones de ocho minutos. Son de dos minutos, pero pasa mucha cosa ahí adentro. Por eso no les veo perfil de hit. No importa, tampoco: yo soy muy afortunado en seguir teniendo discográficas que se interesan en que grabe, y aprovecho eso con la mayor seriedad posible. Porque es lo que más feliz me hace en la vida. Componer, grabar, dar recitales... ¿Qué cosa más linda, no?

“Solamente me salen las cosas que me salen”

“Muchas veces me pasó que tenía mis canciones preferidas, en las que confiaba, y otras de esas que ponés séptima en la cara B del long play o número 14 en un CD. Y prendían las que consideraba más débiles, y con la que te parecía que iba a ser LA canción del disco, no pasaba nada. Me acuerdo de una que está en el disco Río, de 1995, ‘Virginia’, que la había hecho con un aire entre candombe y tropical. Una canción de amor, erótica; yo me creía que era fuerte.

Y al revés, en mi primer disco, había una canción que cuando la hice, la consideré fallida. Yo me la imaginaba con un aire tipo James Taylor, y no quedé conforme; me pareció que quedó mal. Y enseguida que salió el disco, era la que más pasaban en la radio. De repente iba en un taxi y aparecía esa canción, que era “Yo quería ser como vos”. Y después, transcurrida una cantidad enorme de años, me doy cuenta que la impresión mía de que era una canción mala, estaba equivocada. Ahora la veo como una buena canción, pero lo veo 30 años después (se ríe).

Tal vez a algunos colegas les pasa que tienen mayor control sobre lo que hacen. A mí nunca me pasó. Siempre fui alguien que no domina, que no es muy consciente de lo que está haciendo, de las herramientas que está utilizando. No soy frío, no soy capaz de pensar que voy a hacer esta canción porque va a pegar por esto. Solamente me salen las cosas que me salen, y chau”.

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