RESEÑA

Los reyes del indie y una vuelta poderosa: Alucinaciones en Familia tiene nuevo disco

A cuatro años de su disco debut, la banda que lidera Pau O'Bianchi estrenó su nuevo material

Alucinaciones en Familia. Foto: Lucía Villamil
Alucinaciones en Familia. Foto: Lucía Villamil

Los cuatro años que pasaron entre aquel sorpresivo álbum debut de Alucinaciones en Familia y este que acaba de ser estrenado, fueron largos y singulares. La banda tocó un montón, acá y afuera, y agotó entradas casi que como buena costumbre; y ganó algunos Premios Graffiti (artista nuevo, mejor álbum indie y mejor álbum de pop alternativo en 2016) que sirvieron, a los ojos de la escena, para confirmarla como un diamante en bruto. Su presentación en la gala de los Graffiti en el escenario principal del Auditorio del Sodre, de parche en el ojo y golpeando instrumentos, también tuvo que ver con esa confirmación ya mencionada.

Integrada por músicos que siempre están atendiendo varios kioscos artísticos a la vez, Alucinaciones reunió las mejores cualidades de sus músicos, lo mejor de un circuito, lo mejor de un legado, y con eso moldeó una personalidad propia. No hay, en el under local actual, ninguna banda a su altura.

Y por eso estos cuatro años fueron largos: porque había sed de canción nueva y porque el disco se prometió muchas veces y siempre estaba ahí, a días de llegar. Pero no llegaba.

Finalmente, este segundo disco de Alucinaciones apareció el viernes pasado. Igual que el anterior, no tiene nombre (o es homónimo; lo mismo da), e igual que el anterior, tiene en portada a un retrato espontáneo de una niña. No es la misma que la de la portada anterior, pero el concepto de crecimiento y de evolución queda planteado entre aquella beba cachetona y esta nena risueña.

Tras esas características más de presentación, Alucinaciones puso siete canciones que son el resultado de un trabajo al detalle entre un grupo de gente que se conoce bien, y que viene tocando y perfeccionándose en lo suyo hace rato. Hay momentos en el collage que es este nuevo álbum, en los que la superposición de un montón de cosas que no parecen tener nada que ver, se vuelven belleza.

A diferencia del anterior, que transitaba con mayor claridad por los campos del pop, acá se impone la psicodelia y se imponen los climas, a través del aporte cada vez más preciso de Fabrizio Rossi y Sebastián Pina. Eso hace que “Insulina” funcione como la puerta de entrada a un nuevo mundo habitado por existencias amargas de mirada crítica e irónica. Nada es demasiado predecible en la continuidad de los temas, que saltan de un lugar a otro dándole mucho espacio a la música, a la banda como tal.

Los pasajes instrumentales se cuelan todo el tiempo, movidos por una especie de pulsión psicodélica que hace que cuando una canción parece estar yendo muy decidida hacia un lugar, todo se desmadre para el opuesto. “Jessica (mezcalina china)” es el ejemplo perfecto: empieza como una gran canción de, por ejemplo, Babasónicos y termina en un chirrido furioso que revienta los nervios.

El disco es, en buena parte, eso: una oscilación emocional entre la angustia y la demencia, entre la calma y la explosión, que es acompañada de teclados que aportan abundancia de texturas, de guitarras que van directo a la fibra íntima (sobre todo las acústicas), de bajos que hipnotizan y de alguna programación enriquecedora. Y de coros, muchos coros (los de “Duraznos” son tremendos), y de segundas voces. Y ahí se apoyan la voz de Pau O’Bianchi y unos versos lúdicos e íntimos.

Y aunque en sus redes dijeron que no estaba tan bueno como el anterior, los Alucinaciones mintieron. Este álbum es mucho más grande, suena más fuerte y más claro, tiene un notable trabajo de mezcla (también a cargo de Pau) y sobre todo, tiene poder.

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