JAIME ROOS

Retrato del artista veinteañero

Con la reedición de sus cinco primeros discos, comienza el repaso a la obra del músico.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Los discos incluyen el arte gráfico de las ediciones originales de larga duración.

Cuando Jaime Roos editó Candombe del 31, su primer disco, tenía 24 años y empezaba a vivir una etapa europea con la ansiedad de quien quiere descubrir mundo. Dejaba atrás una incipiente y más que nada formativa carrera en la música uruguaya.

Para cuando salió Mediocampo —su quinto album y hasta donde llega esta primera entrega de la serie Jaime Roos: Obra completa que ha encarado Bizarro Records— Roos estaba cumpliendo 31 años. Había vivido básicamente en Europa pero estaba de vuelta en Uruguay, y su contacto con el público local empezaba a despegar, en un vuelo que lo llevaría a ser uno de los creadores más populares de la historia de la música uruguaya.

En ese período de siete años Roos editó Candombe del 31 (1977); Para espantar el sueño (1978); Aquello (1981); Siempre son las cuatro (1982) y Mediocampo (1983). Es una monolítica sucesión de discos en un período de altísima creatividad, y desde acá permite ver el work in progress que volvió a Roos en el artista que mejor interpretó la identidad nacional.

Vistos desde ahora, además, trazan una línea de vida que abarca su experiencia personal y a la vez nacional: desde el destierro al regreso esperanzado. Cada disco, entonces, es una escala en un viaje.

Así, Jaime Roos: Obra completa permite volver a escuchar una etapa formidable de un Roos joven en busca de su propio lenguaje musical.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Advertencia: hay varios eufemismos en esa larga oración que abarca el párrafo anterior.

"Volver a escuchar", por ejemplo. Uno que ha gastado estos discos en todas las plataformas posibles (vinilo, cassette original, cassette copiado, CD, MP3), se enfrenta a una riqueza sonora inédita. El sonido es riquísimo y permite descubrir matices que le dan a las canciones una nueva dimensión. No es exagerado: escucharlos así es como descubrir el secreto escondido de un amigo que creemos conocer mucho.

El audio "fue transferido en alta resolución desde el master original" que en algunos casos estaban a cuidado de Ayuí/Tacuabé y otros de Bizarro/Orfeo. Eso es gracias al trabajo de restauración digital de Diego Azar y la curaduría que realizó Guilherme Alencar Pinto, quien también se encargó de la "supervisión musicológica de la colección", y aportó breves pero muy informativos textos que aportan detalles del momento de la grabación y alguna pequeña historia. Los discos incluyen todo el material gráfico de las ediciones originales.

Un músico consolidado.

El otro eufemismo incluido dos o tres párrafos atrás es eso de "en busca de su propio lenguaje musical".

Aunque está claro que hay algo de generación espontánea en Candombe del 31 —porque aunque Roos tenía una carrera como músico en Uruguay, fue cuando se instaló en París en 1975 que delineó "un proyecto artístico personal que hasta entonces no había vislumbrado", como bien dice Alencar Pinto— el disco combinaba cierta sensibilidad pop murguera o folk ("Cometa de la farola", "Carta poste restante"), con el candombe tradicional ("Y es así") y cierto vanguardismo, que le daban ya una personalidad muy propia. Con el tiempo, para bien o para mal, Roos iría privilegiando la parte más amable de estas primeras canciones. Pero para eso aún falta mucho.

Para espantar el sueño es el disco más europeo y, sin embargo, el más latinoamericano de Roos. Puede ser visto como una road movie: es el producto de un viaje a dedo con su esposa Franca por todo el continente; fue editado por un sello francés. Desde el propio disco, Roos avisa su intención de contar rítimicamente esa aventura. Es así que hay candombes, toco, chamarra, murga, baiao, en algunos casos combinados entre ellos. La idea de movimiento es primordial en el disco en canciones como "Para espantar el sueño" o "Todo un país detrás", en un periplo que termina con una de las primeras murgas clásicas de Roos, la melancólica "Retirada".

El siguiente disco, Aquello, es del exilio. Desde la extrañeza de la tapa, con Roos en un museo de cera mirando con ojos forasteros una figura de Juan XXIII, hasta la nostalgia de canciones como "Aquello" y "Los Olímpicos" (un severo y certero retrato de cierta diáspora uruguaya), el disco resume muy bien el momento en que fue creado.

Siempre son las cuatro es su primer disco íntegramente uruguayo y el primero para Orfeo. Empieza con una invocación, "Galemire, Galemire", y con un relato de Solé que preceden el panorama montevideano de las primeras estrofas de "Hermano te estoy hablando", y su improbable diálogo de ultratumba. Un contundente comienzo para un disco que tiene los aires beatle de "Quince abriles", el candombe transoceánico "La sirena" o la murga de "Adios Juventud". A pesar de eso, es un gran disco de candombe y de amor a una ciudad que, pareció, lo estaba esperando.

Mediocampo es la consolidación de ese proyecto. "Durazno y Convención", "Luces en el Calabró", "Los futuros murguistas", o "Victoria Abaracón" con su ídolo personal Eduardo Mateo, son ingresos importantes al repertorio y algunos momentos, principalmente con Repique, anuncian el comienzo de una nueva etapa en la carrera de Roos. Pero para eso va a haber que esperar (ver recuadro).

A Jaime Roos se le suele reclamar nuevo material. Y mucho de lo que hay acá puede ser nuevo para una buena parte del público. Hay que aprovecharlo.

Y está buenísimo que lo descubra a través de esta colección tan impecablemente presentada y tan vigente. Esas cosas que tienen los clásicos.

Una obra bastante extensa que todavía tiene grandes discos a la espera de ser reeditados

Jaime Roos: Obra completa obviamente no termina acá. Hay bastante más, porque todavía quedan 20 años de carrera discográfica por recorrer, en la cual están incluidas algunas de las páginas más populares del artista.

Se seguirá respetando el orden cronológico y se dejarán afuera las recopilaciones, que hay varias. Aún no está definido qué pasará con aquellas canciones inéditas incluidas en los grandes éxitos de Roos ("Brindis por Pierrot", por ejemplo, que no está en ningún disco "oficial").

La historia de esta colección se retomará en febrero con otra tanda, que incluye su disco conjunto con Estela Magnone, Mujer de sal junto a un hombre vuelto carbón (que es un gran disco); 7 y 3 (el de "La hermana de la coneja", "Lo que no te di" y "Esta noche"); Sur ("Amándote", "Las luces del Estadio") y Esta noche, su disco en vivo de 1989, que fue grabado en La Barraca y, hasta ahora, nunca fue editado en disco compacto.

Para abril está prevista la edición conjunta de Estamos rodeados ("El hombre de la calle", "Colombina"), La Margarita (su disco con el escritor Mauricio Rosencof) y El Puente, su último disco para el sello uruguayo Orfeo.

Toda la serie estará curada por el periodista, músico y musicólogo Guilherme Alencar Pinto.

Para respetar el concepto de obra completa con que se anuncia la colección, faltarían los discos que Roos grabó para la compañía multinacional Sony (incluso cuando atendía como Columbia).

Allí se encuentran Si me voy antes que vos, Contraseña y Fuera de ambiente, que es de 2006. Son discos importantes de una etapa distinta de Jaime Roos, pues allí están algunas más de sus últimas grandes canciones ("Amor profundo", "Si me voy antes que vos", "Bienvenido", "Postales para Mario").

Aunque no hay nada confirmado y desde el sello Bizarro no se hicieron comentarios al respecto, Sony está distribuyendo estas reediciones en Argentina, con un éxito que hace prever que sí la obra estará completa.

Jaime Roos: Obra Completa (*****)

Candombe del 31 (1977), Para espantar el sueño (1978), Aquello (1981), Siempre son las cuatro (1982), Mediocampo (1984). Sello: Bizarro Records, 2015. Curaduría y supervisión musicológica de la colección: Guilherme Alencar Pinto. Transferencia de las cintas y restauración digital: Diego Azar

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