Crítica

Reseña: Buenos Muchachos deslumbró y mostró su lado más experimental en la Balzo

La banda da seis shows en noches consecutivas en el Auditorio del Sodre. Fuimos al primero y te lo contamos

Buenos Muchachos
Pedro Dalton, seis noches con los Buenos Muchachos en Sala Balzo. Foto: Delfina Milder

Los Buenos Muchachos dieron el viernes, el primero de seis shows en días consecutivos y con entradas agotadas en la Sala Balzo. Bajo el nombre “Un lugar del que nadie habla”, la banda puso en juego su faceta más experimental y tomó un riesgo grande: armó un espectáculo donde el silencio es tan importante que hasta los aplausos son innecesarios. Eso, al público le costó un rato entenderlo.

En el espacio escénico, los Buenos montaron una suerte de patio de juegos, dispuesto de manera tal que todo el auditorio pudiera apreciar cada detalle. Además de sus instrumentos tradicionales, a la vista había un piano de cola, un theremin, maracas y varios elementos de percusión, unos megáfonos rústicos apoyados sobre una especie de carretillas, ramas, una pecera con agua, una caja con mejillones y así. Los juguetes eran decenas y bastaba un instante de desatención para perderse de algo de lo que ocurría.

Buenos Muchachos en la Sala Balzo. Foto: Delfina Milder
Buenos Muchachos en la Sala Balzo. Foto: Delfina Milder

Con eso y algunos invitados, la banda ofreció un show corto pero contundente (de una hora y media) que tuvo su génesis, a juzgar por las versiones y los recursos, en la presentación que hicieron en el Teatro de Verano antes del show de Nick Cave. Los temas se fueron enganchando generando canciones eternas, introspectivas e intensas, y sobre todo diferentes a las ya conocidas. La sonoridad ponderó lo cálido y reservó la potencia eléctrica y casi explosiva, para momentos especiales.

El arranque fue con “Vamos todavía uruguayo” y eso dio paso a un repertorio que le permitió a la banda lucirse como tal (esto incluye a Diego Viera, que volvió a superarse con un diseño de luces que fue tan relevante como la música en sí misma). Pedro Dalton entró y salió de escena, otorgando dinamismo y la posibilidad de enfocar la atención en el resto de los jugadores, que destacaron. La versión de “Expiación” cantada por Marcelo Fernández y el tecladista Nacho Gutiérrez, y con el bajista Nacho Echeverría en guitarra acústica, fue un momento altísimo.

Marcelo Fernández de Buenos Muchachos en la Sala Hugo Balzo. Foto: Delfina Milder
Marcelo Fernández de Buenos Muchachos en la Sala Hugo Balzo. Foto: Delfina Milder

“Temperamento”, un clásico del grupo y uno de los momentos de mayor agite en los shows, acá se convirtió en una experiencia de otro planeta. Con el público sentado, la fuerza de la canción se impuso en la sala a fuerza de los efectos de voz y los golpes de José Nozar, Echeverría y Gutiérrez en las distintas piezas de la batería. Por un rato, quedó una sensación como de haber levitado, de haber despegado del suelo.

En contrapartida, hubo un par de versiones —una fue la de “See The Seasons In The Sky”, con tres voces femeninas agregadas— que no fueron tan logradas, pero cuando se corren riesgos así, esa posibilidad siempre está y no va en detrimento de lo hecho.

Pedro Dalton de Buenos Muchachos en la Sala Balzo. Foto: Delfina Milder
Pedro Dalton de Buenos Muchachos en la Sala Balzo. Foto: Delfina Milder

Los Buenos Muchachos arriesgaron y arriesgaron a lo grande. Dejaron fuera una cantidad de éxitos (no estuvieron “Beefheart”, “Sin más” ni “He Never Wants To See You Once Again”, entre tantas otras), dejaron fuera los aplausos, se dejaron afuera a sí mismos del cierre y le cedieron la escena a algunos chicos que colaboraron durante el show, y que en su mayoría son familiares de los músicos. La apuesta era difícil y ambiciosa pero salió bien, porque cuando hay ganas de probarse a sí mismos que tienen más para dar, y encima hay talento, no hay cómo fallar.

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