Guns N’ Roses

El renacimiento menos pensado

A 20 años de haberse separado, Axl Rose y Slash se preparan para volver a tocar juntos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Axl Rose, Slash y Duff McKagan tocaron juntos por última vez en 1993 en Argentina. Foto: archivo El País

"En pocas palabras, a Slash lo considero un cáncer, y mejor eliminado. Cuanto menos tenga que escuchar de él o de sus seguidores, mejor". Así se refería hace seis años Bruce Bailey, desde hace incontables años conocido como Axl Rose; hablaba de Saul Hudson, su viejo amigo.

En 2009, el cantante promocionaba Chinese Democracy, el aplazado disco de Guns N Roses que después de Use your illusion II en 1991, no había lanzado nuevo material. Claro, la banda original se había disuelto y sólo Axl Rose había seguido adelante, con nuevos músicos y viejas rencillas.

Y en 2009, meses antes de tocar en Uruguay, consideraba que Slash, parte fundamental del grupo estadounidense que supo brillar en la segunda mitad de los ochenta con un sonido crudo y estruendoso, era un cáncer.

"Hay cero posibilidades de que yo haga cualquier cosa con Slash a menos que sea por una emboscada, y eso no sería lindo", le afirmaba al entrevistador Del James (amigo suyo y road manager de los Guns) por aquellas fechas.

Casi siete años después, parece que el irreverente Axl Rose cayó en la trampa. Los Guns N Roses originales (al menos buena parte de aquella formación) volverán a juntarse y es un hecho: este año darán cuatro shows, que podrían convertirse en más.

Axl Rose, Slash y el bajista Duff McKagan se reunirán para tocar en el festival estadounidense Coachella, el 15 y 16 de abril. Pero antes harán dos shows en el T-Mobile Arena de Las Vegas, el 8 y 9 de ese mes, para los que las entradas se agotaron en un par de horas. Y eso que las más caras (las VIP) costaban 2.500 dólares; es decir, casi 80.000 pesos uruguayos, y no incluían ningún tipo de encuentro con los músicos.

Queda claro, más allá de los delirantes precios, que el público está ansioso por ver a Axl y Slash de nuevo sobre el escenario. Aún sin saber cómo se completará este cuadro, si incluirá o no al guitarrista Izzy Stradlin y al baterista Steven Adler. Aún sin saber bien qué hay que esperar.

Tiempo.

El 17 de julio de 1993 Rose, Slash y McKagan tocaron juntos en vivo por última vez. Lo hicieron con Gilby Clarke (que hace poco estuvo por Montevideo), Matt Sorum y Dizzy Reed en el Monumental de Núñez de Argentina, ante una impresionante multitud. El show, que se puede ver completo en YouTube, fue transmitido por Telefé y retransmitido en directo en Uruguay por Teledoce y Océano FM.


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Aquella noche los Guns rockearon por una hora y media; abrieron con "Nightrain" y cerraron con "Paradise city", el frontman le tiró el micrófono al público, y algunos ramos de flores. Y fueron los Guns por última vez. Después vinieron los escándalos.

La historia de Guns N Roses tiene mucho que ver con la imagen final de ese concierto: un acto violento y después uno dulce, la falta de equilibrio entre los revólveres y las rosas. Como una relación de amor que es destructiva, sí, pero también irrompible.

La banda surgió en Los Angeles en 1985, cuando L. A. Guns y Hollywood Rose se fusionaron. La formación original fue con Axl, Slash, McKagan, Izzy Stradlin y Rob Gardner, al que rápidamente sustituyó Steven Adler.

Rápidamente es una palabra recurrente en esta biografía. Para 1987 habían lanzado su primer disco, el tremendo Appetite for destruction, el disco debut de una banda de rock más vendido de todos los tiempos. Como para no serlo: tiene "Welcome to the jungle", "It's so easy", "Paradise city" y "Sweet child o' mine" (y no las menciono todas para no exagerar). Y así arrancaban.

En los seis años siguientes lanzaron tres discos buenos, aunque ninguno comparable al Appetite..., y uno de versiones (The Spaghetti Incident?); hicieron giras, recaudaron millones de dólares, se pelearon, se odiaron y terminaron separándose.

Fueron menos de 10 años lo que duró el estrellato de Guns N Roses. Pero 10 años grandes, que sirvieron para dejar mucho. Además del Appetite... (cuya portada con la ilustración de una joven violada por un robot, fue censurada) y de una buena lista de canciones memorables, la banda generó a dos figuras claves del rock. Una es, claro, Axl Rose: aquel jovencito carilindo y pelilargo que se paseaba por los escenarios de boxer y derrochaba sensualidad, que tenía amores violentos que le inspiraban canciones, y que envejeció mal.

La otra es Slash, el melenudo de lentes de sol que muestra poco la cara y puede liderar una banda sin decir una palabra. Él es su guitarra: a través de ella dice lo que tiene que decir, y no hace falta más.

Y la banda también generó anécdotas de las buenas. "Nightrain" está dedicada a un vino de mala muerte que compraban a un precio muy generoso cuando aún no usaban cadenas de oro. O en "Rocket queen" se escuchan gemidos, grabados en el estudio mientras Axl Rose tenía sexo con la exnovia de su excompañero Adler.

Pasaron años sin hablarse hasta que en 2015, Slash confirmó que se había amigado con Axl. "Probablemente debió suceder hace mucho, sabes. Pero es muy bueno estar en este punto. Dejar que esa negatividad acumulada tanto tiempo se disperse", contó en una entrevista con un canal de televisión sueco.

Por qué se pelearon a muerte estos dos, nunca se supo. Problemas de derechos, de dinero, de drogas, e incluso Michael Jackson han sido justificaciones para esta guerra inexplicable que, por ahora, ha llegado a su fin. Evidentemente, se tiende a pensar que si un hombre que llamó a otro "cáncer" acepta reunirse con él después de tanto, sólo es por el dinero. Quizás sí: Billboard asegura que para cada show de este regreso (habría una gira por Estados Unidos) están pidiendo tres millones de dólares. Aunque los dólares sean el único motivo de esta reunión, a los fanáticos no les va a importar; es como si, trayendo la ecuación a esta zona, el Indio Solari y Skay Beilinson finalmente volvieran a compartir un recital.

Ver a Axl y a Slash rockeando juntos va a ser todo un acontecimiento, aunque claro, no será como antes. Aquella complicidad de los noventa, con 20 años en el medio, difícilmente sea la misma. Pero hay otro inconveniente, el más serio: el estado físico.

Mientras que Axl está desmejorado y eso ha repercutido en su desempeño como cantante y también como showman, Slash está igual que siempre y tocando mejor que nunca. Las dos cosas quedaron claras en sus respectivas visitas a Uruguay.

Sin dudas, al que más le pesará este reencuentro será a Axl Rose, quien habló de más y ahora que cayó en esa emboscada con la que alguna vez especuló, deberá mostrar que está a la altura de las circunstancias.

Cuando se espera ver a los viejos Guns N Roses de vuelta, no se trata sólo de ver a los mismos hombres compartiendo escenario. Celebro su regreso y ojalá que si el negocio es lucrativo pasen por Sudamérica, pero no estoy segura de que esta decisión la hayan tomado a tiempo. Como sea, la jungla está esperándolos.

Dos visitas en dos niveles bastante diferentes

En marzo de 2010, Axl Rose y los nuevos Guns N Roses tocaron en el Estadio Centenario. Hubo tres bandas teloneras desde las 21.00 y los Guns recién subieron al escenario pasada la 01.30 de la madrugada. Visualmente fue un espectáculo notable pero vocal y físicamente, el cantante dejó bastante que desear. Sus músicos, sin embargo, lo acompañaron muy bien y el resultado final fue bueno.

La historia de la visita de Slash es bien diferente. El guitarrista tocó en noviembre de 2012 en el Teatro de Verano (iba a hacerlo en el Velódromo y se reprogramó) junto a Myles Kennedy & The Conspirators, y fue un recital inolvidable. Con un nivel altísimo, un sonido impecable y un repertorio entretenido, fue de los mejores shows que hubo en Uruguay.

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