Obituario

La reina buena que nos regaló su voz

El mundo de la música pierde a una de sus grandes estrellas: Aretha Franklin murió a los 76 años

Aretha Franklin. Foto: Archivo
Aretha Franklin. Foto: Archivo

En uno de los terrenos más hóstiles para la mujer, como era la música negra en la década de 1960, Aretha Franklin se ganó el derecho de ser una reina. Lo hizo a fuerza de convicción, buenas canciones y una reivindicación de su condición de mujer pionera y contundente.

El anuncio de su muerte, a los 76 años días después que se informara que estaba gravemente enferma, sirve para poner en perspectiva una obra gigantesca y fundamental en la historia de la música popular. Aunque se ganó por derecho propio el título de “Reina de Soul”, muchas de sus canciones son clásicos que han trascendido las limitaciones de un género. Fue la primera mujer en ingresar al Rock and Roll Hall of Fame y en toda su carrera ganó 18 premios Grammy.

Franklin es un producto de su raza y de su entorno. Comenzó como cantante de iglesia y está claro que el gospel es una parte importante de su legado. Nació en Memphis, Tennessee, el 25 de marzo de 1942, y como hija del reverendo C.L. Franklin, junto con sus hermanas Carolyn y Erma, aportaban las voces en las ceremonias.

Así, a los 14 años grabó sus primeras canciones (religiosas) junto con su padre, quien con sus discos de sermones se había vuelto un éxito de ventas. Con 18 años, Aretha firmó con el sello Columbia a través de John Hammond, el productor que por entonces también ficharía a Bob Dylan y luego impulsaría la carrera de Bruce Springsteen y Leonard Cohen, entre otras estrellas que están al mismo nivel de Aretha.

Esa fue, claramente, una etapa de formación de su personalidad artística, algo que recién conseguiría cuando se cruzó con Jerry Wexler. El productor estrella —que era otro que tenía buen oído ya que descubrió a Ray Charles, Led Zeppelin, Wilson Pickett, Dire Straits y Dusty Springfield, entre otros—, la vio clarito. Franklin colocaría 10 canciones en el Top 10 entre 1967 y 1968 y además sus albums fueron grandes vendedores. Wexler además la alentó a tocar el piano lo que se volvería “una de sus marcas registradas”, como reconoció en una entrevista con Rolling Stone.

Un montón de factores hicieron que esta mujer se convirtiera en lo que fue. Para empezar una buena selección de canciones inéditas propias y ajenas como “I Say a Little Prayer for You”, “(You Make Me Feel) Like a Natural Woman)”, “Respect”, “I Never Love a Man (The Way I Love You)”. Además siempre las presentó con una voz fuerte pero que sabía de ternura y con arreglos que combinaban las cadencias del soul con la presencia coral del gospel. Una voz como esa había bajado del cielo. El consenso sobre eso debería incluir a los ateos.

Otro factor importante en su prestigio, es que representó una de las caras musicales de los movimientos por los derechos civiles. Franklin era mujer y negra y no andaba escondiéndolo ni en su postura ni en su música. Así, muchas de sus canciones (“Respect”, escrita por Otis Redding, otro bastión) se volvieron banda de sonido de una convulsión social de reivindicaciones de género y raciales. Franklin cantó en el funeral de Martin Luther King y en 2009 en la ceremonia de asunción de Barack Obama.

“Nunca pensé que mis canciones se volverían himnos para las mujeres”, le dijo a la revista Time el año pasado. “Las mujeres, probablemente, sintieron compasión y se identificaron con las letras. Todos podemos aprender algo del otro, así que si la gente se puede sentir inspirada por mis canciones, es grandioso”.

Elevada a una categoría donde llegan pocos, los pasos siguientes de Franklin fueron menos contundentes. Eligió buenas versiones (“Let it Be”, “Spanish Harlem”, “Bridge over Troubled Waters” y en 1972 editó Live at Filmore West, un disco en vivo en el que mostraba el sincretismo negro de su música y quizás el último disco importantísimo de su carrera, Amazing Grace, su disco más religioso. Y en la década de 1980, cuando salió de Columbia para irse al sello Arista de Clive Davis, consiguió alguno de sus últimos grandes éxitos, incluyendo un dueto con George Michael, “I Knew You Were Waiting for Me”.

Desde entonces, Franklin  vivió una vida como leyenda viviente de la música. En esa categoría editó discos en los que se destacaba su voz y su carisma, aunque, estaba claro que ambos atributos habían quedado alejados del gusto popular. Como corresponde a divas de su estatura en los últimos años editó álbumes de duetos, un disco navideño, otro con clásicos y una reversión de sus canciones acompañada por la Royal Philarmonic Orchestra, A Brand New Me, que la sobrevive como su último album.

En 2010, Franklin había sido diagnosticada con cáncer pancreático y desde entonces había estado en tratamiento. Su imponente aspecto físico se vio deteriorado por lo que ella reconoció como efectos secundarios de las medicinas.  El año pasado anunció un retiro parcial, avisando que se limitaría a grabar y a algunas muy esporádicas actuaciones en vivo. Una de ellas fue su último show en noviembre en una gala para la Fundación Elton John.

Aretha Franklin nos abandona a nuestra suerte como un emblema de un tiempo pasado, al que con su voz, le dio una banda de sonido relevante e inmortal. Solo unos pocos merecen esa clase de elogios. Aretha es una de ellas. La reina siempre estará viva.

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