CLÁSICA

El regreso de una ópera histórica

Crítica de "La Traviata", que se está realizando en el Auditorio Nacional del Sodre.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Auditorio Nacional del Sodre.

La ópera La Traviata de Giuseppe Verdi fue estrenada en el Teatro la Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853.Si bien el libreto se basa en La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas hijo, Verdi lo utiliza como pretexto para reivindicar a quien sería su segunda esposa, la soprano Giuseppina Strepponi, la verdadera mujer extraviada.

Esta ópera se centra en tres protagonistas principales: Violetta que representaría a Giuseppina; Alfredo al propio Verdi y Germont a su primer suegro y protector, Antonio Barezzi. Entre 1838 y 1840 Verdi sufre la pérdida de sus hijos Virginia e Icilio y de su primera esposa Margherita Barezzi. Gracias a la influencia de Giuseppina, el compositor representa el 9 de marzo de 1842 su ópera Nabucco en la Scala de Milán, donde dos años antes había fracasado con su ópera bufa Un giorno di regno.

Esta ópera iniciará el camino de gloria de Verdi, pero para ella será su despedida de los escenarios. La tesitura del personaje de Abigail le resiente sus cuerdas vocales y decide retirarse yéndose a vivir a París en 1846. Al año siguiente Verdi la visita y así comienza una relación sentimental que los llevará a vivir en concubinato 11 años.

Barezzi, que era como un padre para el compositor, no aprobaba esta relación debido a la vida disipada que había tenido en el pasado Giuseppina y buscó disuadirlo del romance. Por otra parte, los desplantes y menosprecios que ella recibía de la gente eran lo cotidiano y lo soportaba con resignación. Por eso Verdi buscó que La Traviata sirviera para luchar contra la hipocresía de la sociedad y dignificar a su heroína a través del personaje de Violetta. Esto contribuyó para que Giuseppina fuera aceptada y respetada no sólo por aquellos que la calumniaban sino también por el propio Barezzi. Finalmente en 1859, seis años después del estreno de La Traviata contraen matrimonio.

Tanto la escenografía como el vestuario que presenta esta versión de La Traviata (a la que le quedan tres funciones) se caracterizan por la suntuosidad y el lujo recurriendo al aprovechamiento máximo con mínimos recursos, siendo una puesta tradicional. La iluminación fue acorde y eficaz en todos los momentos.

La dirección musical a cargo de Martín García a pesar de algunos momentos de desfasaje, fue correcta. El Coro del Sodre, reducido a la mitad, mostró solvencia, musicalidad y soltura en la actuación. Nuevamente el maestro Esteban Louise se lleva los galardones por su excelente preparación.

La actuación de las bailarinas en la danza gitana y de los dos toreros fue aceptable. La soprano venezolana Mariana Ortiz como Violetta cumplió una digna labor con un bello timbre vocal, musicalidad, y una sobria actuación. El tenor argentino Darío Schmunck en el rol de Alfredo, en los momentos en que no fue opacado por la orquesta, tuvo un elegante fraseo acompañado por una correcta actuación. Sin duda su voz destacaría más en otro tipo de repertorio.

El barítono uruguayo Darío Solari en el papel de Germont fue la figura sobresaliente con una buena actuación escénica, lució su hermoso y sonoro timbre vocal especialmente en la zona central de su voz, con gran musicalidad y fraseo. En el resto de los roles destacó el bajo Marcelo Otegui como el doctor Grenvil, Andrés Presno como Gastón y Julia Araújo en el rol de Annina, cumpliendo los tres una muy buena labor.

LA TRAVIATA

Ópera de Giuseppe Verdi. Orquesta Sinfónica y Coro Nacional del Sodre. Dirección musical: Martín García. Dirección escénica: Rodrigo Navarrete. Dirección coral: Esteban Louise. Escenografía y vestuario: Pablo Núñez. Coreografía: Martín Inthamoussú. Elenco: Mariana Ortiz, Darío Schmunck, Darío Solari, Andrés Presno, Sandra Scorza, Alfonso Mujica, Nicolás Zecch. Dónde: Auditorio del Sodre. Cuándo: 30 de septiembre.

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