DISCO

En "Su reflejo es el lobo del hombre", Gabo Ferro ofrece un disco de poesía urgente

El cantautor argentino lanzó su nuevo material solista, un álbum donde la realidad y la virtualidad son parte del dilema. Destaca "Cuerporeclamo"

Gabo Ferro. Foto: Alejandra López
Gabo Ferro. Foto: Alejandra López

"En el disco que estoy terminando de escribir, ese es el nervio de la cosa: cómo pensamos este neohumanismo en tiempos donde el cuerpo está ausente, y si está ausente el cuerpo, está ausente la historia”, decía hace algunos meses Gabo Ferro, en charla con El País. Anticipaba, con esa precisión, de qué iba a ir el trabajo solista que editó hace apenas días y que desde el título, se coloca en esa línea de cuestionamiento hacia la identidad y la relación actual.

Su reflejo es el lobo del hombre parte de una nueva lectura a “homo homini lupus” (o sea, el hombre es el lobo del hombre), que se le adjudica a Plauto y que tiene que ver con cómo, humanos, somos nuestro peor enemigo. Sin embargo, en este flamante canon de Ferro, la mayor amenaza hoy ya no somos nosotros, sino lo que proyectamos: nuestro “reflejo”, eso que somos en la virtualidad y no en la existencia más real.

Los 11 temas del nuevo álbum están construidos a partir de ese binomio inmejorable que componen la guitarra y la voz del argentino, dos instrumentos que dialogan con la misma potencia, la misma habilidad para los matices, la misma creatividad en lo que a climas o estados emocionales refiere. Guitarra y voz son herramientas esenciales -hay en el camino, capas de voces, percusiones que hacen su aporte, efectos- que Ferro porta para esta cruzada que tiene como fin, la construcción de un prisma de 11 lados que es el momento presente, la inmensa soledad entre la multitud.

“Lo que falta echa luz sobre lo que está y tengo. Lo real se hizo espejo de lo que ya no está. Qué amparo es el presente cuando no me enceguece; los brillos de la ausencia no me dejan mirar”, canta, dramática, la voz de Ferro en “Relumba sobre opaco”, en una de las descripciones más finas del álbum sobre este juego de espejos que, parece, estamos habitando. 

Todo brilla tanto, que es cada vez más difícil saber si es amenaza o es tesoro.

Su reflejo es el lobo del hombre comparte las características reconocibles de la discografía previa de Ferro. El acompañamiento que brinda la guitarra tiende a lo minimalista y a lo rítmico, se nutre más que nada del folclore, pero le roba la crudeza y si se quiere el despojo, al rock and roll. “Pleguemos el atril”, el corte de difusión, es una bellísima muestra de eso, un tema de fogón que muta en un grito urgente y catártico.

Las letras tienen como motor la interpelación y la conclusión. Son descripciones desarrolladas entre metáforas, paralelismos y personificaciones (“Llega el trueno, ahí viene el dolor. La abeja liba de mí, soy su flor”, dice en “Insular”); y entre juegos de palabras que son contados, pero dispuestos de forma tal que uno no puede no atenderlos (la sencillez del “Cuando te vi, me enamorí” de “De más de nadie”).

La disposición de esas partes más el singular fraseo del cantante, su forma de sostener las notas, las dinámicas radicales, hace que estas, las nuevas, sean canciones muy hermanadas a las de antes. Hay una forma de componer que hace que estas nuevas composiciones tengan lazos filiales con tantas otras, entonces es Gabo Ferro siendo Gabo Ferro, sí, pero con el enorme mérito de hacer poesía sobre algo muy actual, y entregarla con puro talento.

La piedra preciosa de este disco es “Cuerporeclamo”, una manifestación que sobresale del resto, una proclama explosiva sobre la necesidad de ser y estar. Una especie de milonga de aire punk que deviene en una marcha furiosa que, por única vez en el disco, llega a través de los arreglos de voces, a la sonoridad de un colectivo. Es de esas canciones que tras la primera escucha, abre las ganas de escucharla en vivo, igual que “Hasta tu hambre”, piecita folclórica que también se despega sobre las demás. Es de esperar que suenen ambas en la presentación del disco en Sala Balzo, el 22 de noviembre, una cita que desde acá, se recomienda.

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