Columna

Un recuerdo para mi amiga, Amalia de la Vega

Una semblanza personal de la figura de la cantante del que hoy se cumplen 100 años de su nacimiento

Amalia de la Vega
Atahulpa Yupanqui, Amalia de la Vega y Santiago Chalar. Archivo El País

Gracias a mi amiga la poeta Sylvia Puentes de Oyenard pude conocer en 1990 a la gran intérprete que fue Amalia de la Vega.

Mi inquietud era entrevistarla con el fin de recabar sus datos biográficos para incluirla en mi libro aun hoy inédito de Compositoras Uruguayas”. Cuando llegué a su casa de Urquiza 2874, me sorprendió la sonrisa con que me recibió: me explicó que era asidua al programa Martini Pregunta en el que yo había participado. Me confesó que desde que aparecí en el certamen me convertí en su candidato preferido por ser el más joven.

Esto sirvió de preámbulo para que la charla fuera muy amena y fluida. En ella surgieron nombres de amigos comunes como los compositores Walter Alfaro y Rubén Ferrari, a quiénes ella había interpretado magistralmente con su inigualable voz.

Amalia era una mujer extremadamente humilde y retraída. Cuando había afinidad con la persona se brindaba de lleno y era sumamente cariñosa. Esto lo pude comprobar en numerosas ocasiones en que me brindó su ayuda. La última vez que la vi fue el 28 de septiembre de 1999 en el velorio de Alfaro, que ocurrió justo un año antes de su muerte. Al retirarse de la sala me ofreció alcanzarme a mi casa.

Jamás podré olvidar aquel tierno saludo con la mano que fue para mí su inolvidable despedida.

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