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Rebelde con causa

Un año atrás, Miley Cyrus anunciaba el lanzamiento de su nuevo disco, Miley Cyrus & Her Dead Petz, sin el respaldo de ningún sello y para libre descarga a través de su sitio web.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Miley Cyrus y Woody Allen. Foto: Difusión

Claro, la marca Miley Cyrus es lo suficientemente fuerte como para no necesitar más promoción que la que la propia cantante se puede encargar de hacer a través de las redes sociales. Y resulta que es un discazo.

Un disco delirante, original y casi de vanguardia, aunque excesivamente largo (una hora y media es mucho hasta para ella), hecho mano a mano con Wayne Coyne, el líder de los Flaming Lips.

Desde entonces, con una serie de conciertos lisérgicos en Estados Unidos, Cyrus dio inicio a una nueva fase de reinvención personal. Así ha estado desde que salió de Disney y se quitó la peluca de su simpático personaje de Hanna Montana: empezó a mostrar un perfil más sensual y maduro, hasta que se "descontroló" y sumó una excentricidad tras otra.

Entonces muchos de los que crecieron con Hanna Montana, sus padres y otros tantos opinólogos vieron en la cantante al peor ejemplo posible. La estrella pop que supo ser ícono de su generación era, porque se mostraba semidesnuda o porque fumaba marihuana y lo registraba en fotos, todo lo que estaba mal en el momento.

Al final, basta rascar un poquito para que los prejuicios aparezcan y no haya nadie dispuesto a pelear contra esa máxima de que la juventud está perdida. De eso supo bien Cyrus: todos corrieron a señalarla porque, ¿qué modelo podía ser una chica así para niños y jóvenes? Uno pésimo.

Nadie reparó en que Cyrus también es joven y que, aunque pueda haber público que la vea como un ídolo, ella también tiene que enfrentarse a su propio crecimiento como quiera y pueda, porque buena parte de su adolescencia quedó a disposición de Disney y eso determinó hasta qué color de pelo podía lucir.

Lo de Cyrus fue, por supuesto, una fase que ya pasó. Desde Miley Cyrus & Her Dead Petz hasta ahora, la chica ha logrado que todo ese riesgo que corrió se transforme, al menos para ella, en trabajo y en logros.

Está ayudando a formar artistas en el reality show The Voice y fue la elegida por el respetado Woody Allen para protagonizar su primera y seguramente única serie televisiva: Crisis in Six Scenes, que se estrena a fin de mes (pero sólo estará disponible en Amazon, mala suerte). Además volvió con su novio, el actor Liam Hemsworth, pero eso es más amarillismo que otra cosa.

Pero su triunfo también fue otro: reparar en toda esa juventud que siente que no encaja en el parámetro estándar de lo que está bien (esa juventud que está perdida, por ejemplo) y darle un mensaje de aliento. Hacerle sentir, desde sus canciones, su ropa rara, sus axilas sin depilar o el trabajo de su fundación Happy Hippie, que lo diferente no es malo y que ser raro puede ser muy bueno. Esa lucha habría que valorársela más.

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