ENTREVISTA

Esas raras canciones nuevas: Roberto Musso habla de "Jueves", el disco del Cuarteto de Nos

El cantante de El Cuarteto de Nos habla del nuevo álbum que será presentado el 28 de setiembre en el Antel Arena

El nuevo disco del Cuarteto de Nos, Jueves, es una rareza que ya está en disquerías y plataformas digitales, y que en Montevideo será presentado el 28 de setiembre a las 21.00 en el Antel Arena (las entradas están casi agotadas; últimas en Tickantel). Y fue la excusa para conversar con Roberto Musso, compositor, cantante, guitarrista y motor de una banda que sigue creciendo a nivel internacional y se sigue arriesgando, aunque no siempre se le reconozca el mérito.

—Cuando charlamos antes de la salida de Apocalipsis zombi, vos dijiste lo que terminó siendo el título de la entrevista: “Acá llega el máximo experimento”. La pregunta es, tras la salida de Jueves: ¿y ahora?

—(Se ríe) Yo iba a empezar a decirte eso, que fue un experimento. Que lo quiero diferenciar de un disco experimental, porque no lo es; sí fue un experimento en varias capas. A mí me gusta, una vez que terminamos los primeros shows de presentación del disco anterior, empezar a ver para qué lado voy con las canciones; y para no repetir en temáticas y ritmos, busco arrancar para otro lado. Yo generalmente me armo un set de canciones en casa, y convivo tortuosamente con la escucha, un año o año y medio. Que es horrible el proceso; es divino, y horrible. Y después viene lo de mostrárselo a un ser humano. Y tuve ganas de experimentar, de hacer un repertorio sin pensar que iba a ser un disco. Pensar canción por canción, para sacarle presión a la canción. Porque para mí, en los discos del Cuarteto, el corte no te direcciona; o sea, te direcciona a un lugar equivocado.

—Pero una vez que le sacás presión a la canción, también te sacás presión a vos. En una banda tan exitosa como esta, en la tenés un montón de fórmulas efectivas, puede ser muy fácil caer en ese lugar de prolongar estrategias, digamos.

—Puede ser muy fácil. Por lo menos el intentar verlo desde otro punto de vista, fue una motivación. Yo abrí el paraguas y lo pensé así: cuando escuchen esto, no me digan nada. Entonces fueron saliendo “Mario Neta”, “Punta Cana” que me parecía una canción rarísima...

—Es una canción rarísima.

—Rarísima de entrada. Tenía la idea de hacer una canción que se llamara “Punta Cana”, y me lo impuse como un ejercicio para ver cómo podía hacer una trama interesante, y que su final sea que se llame “Punta Cana” (se ríe). Y ahí salió ese experimento: una canción que no tiene estribillo, que es como un chorizo, que tiene esa música circense, de alegría, con un personaje resombrío, y que habla de la envidia del vecino, esa envidia muy rioplatense, ¿no? Que sobrevolara esa cosa de que la plata fue mal habida por lo que fuera, pero que lo que más le llamara la atención al tipo es que se fuera a Punta Cana.

—Es un tema que parece muy lineal, y sin embargo, habilita un montón de lecturas. Como yo la veo, ese insistente “¿Te vas a Punta Cana?” es más un: ¿hiciste todo esto, y tu lujo es irte a Puna Cana? ¿Por qué no te vas a otro lado? Está muy en juego lo mediocre.

—Bueno, perfecto. Porque el pasaje a Punta Cana capaz lo sacás en cuotas y más o menos está dentro de las posibilidades. Pero decime la verdad, ¿si la canción se llamaba “Dubai”? No tenía nada que ver. Por ese lado fue que me enganchó. Y en cuanto a esos tips que tenés para los supuestos cortes... Acá la voz mía empieza a cantar como al minuto, no tiene algo repetitivo que suene, termina abruptamente, y el puente me gustaba como una especie de síntesis de la duda. Y hay algo que está fuerte en el disco, que es que hay varios personajes. Eso empezó con “Punta Cana” y lo fui desarrollando.

—Entiendo por dónde va —por la particularidad del proceso compositivo y el trabajo con varios productores—, pero me llama la atención la insistencia de la banda en que las canciones no tienen nada que ver entre sí, cuando en realidad es un disco que termina teniendo una lectura muy conceptual. Si tomás solo las letras, son un ensayo de la sociedad actual.

—Me estoy dando cuenta ahora (se ríe). El experimento empezó por lo creativo y siguió por el tema de la producción, y pensé que era un disco sin ningún concepto. Yo no veía nada en común entre “Punta Cana”, la de la computadora (“Contrapunto para humano y computadora”) que es otra freakeada total, y “Llegó papá”. Ponete en mi cabeza en ese momento: eran canciones terminadas, no tenían nada que ver y me encantaba que fuera así. Por suerte capaz que me equivoqué en eso; está muy fuerte eso de los personajes que se entrelazan entre canciones, que yo lo veía en dos nomás, en “Que empiece el juego” y “Llegó papá”.

—Contame de eso.

—Fue otro experimento más, ¿viste? Dije: “¿por qué no hago una primera persona que sea detestable?” Porque en las canciones del Cuarteto en primera persona, decís: este es Roberto.

Roberto Musso de El Cuarteto de Nos. Foto: Darwin Borrelli
Roberto Musso de El Cuarteto de Nos. Foto: Darwin Borrelli

—Roberto, el conflictuado...

—Sí, Roberto con sus problemas, Roberto que está enojado con el mundo, que le habla a la nena, que parece que todo lo ha hecho o no. Pero no hay un Roberto odiable, entonces dije: “¿por qué no?” Y en un momento dije: “no puedo cantar esto”. Pero algo tenía de distinto ese lugar al que llegué ahí. Y en “Que empiece el juego” describo yo de afuera, a un personaje muy parecido a ese otro.

—Este disco está mucho más atravesado por el enojo que otros, en lo musical, que es como furioso, y en lo letrístico.

—Sí. Me parece que Habla tu espejo fue un disco mucho más introspectivo, de cuestiones muy personales, que tampoco había hecho antes, porque salir con “No llora” como corte del Cuarteto era una rareza. Apocalipsis zombi, si lo veo ahora, trataba de cómo estoy viendo yo a la sociedad actual, pero a través de una mirada tamizada por lo lúdico. Que en este álbum no está: es mucho más crudo. Son personajes más reales, de presencia más sombría.

—La voz en primera persona no es, necesariamente, la de Roberto, pero sí es Roberto el que escribe. En “Mario Neta” escribís: “Estamos queriendo humo y humo nos están vendiendo. Y como estamos durmiendo, el alma nos están robando. Felicidad enlatada para un mundo feliz. Puro barniz”. Y en “Anónimo” se habla directamente de la “realidad patética”. ¿Desde qué lugar te parás como hombre blanco con privilegios y una vida buena, para criticar la realidad?

—Me quedo pensando en la pregunta, en si es que no hay varias realidades, ¿no? Siempre he escrito de lo que me moviliza, lo que veo, siento y me emociona en ese aspecto, y nunca me lo puse a pensar desde el punto de vista que me lo preguntás vos. En el caso de “Anónimo”, por ejemplo, se habla de la realidad patética de ese personaje, con el que yo no me identifico. No soy el anónimo, pero sí lo puedo llegar a describir, como un guionista de una película. Hay una frase ahí que me gusta mucho, que es la de “Prefiero profesar la autoaceptación que buscar la aceptación en los demás”. Que soy un poco eso, yo; a veces sí y a veces no, porque después yo hago canciones y quiero que a la gente le gusten. Es así.

—Pasemos a “Fallaste Nostradamus”. ¿Es la primera vez que hacen un candombe?

—Sí. (Piensa) No. “Caminamos”, una canción que está perdida, es medio candombeada. Nunca la tocamos, pero tenía base de candombe. Pero “Fallaste Nostradamus” era un candombe de entrada.

—Alguna vez hablamos de lo poco uruguayo en el sonido del Cuarteto actual, y en este disco, el más internacional en cuanto al trabajo de producción, apareció una veta supercriolla: el candombe, la payada, también está “Tiburones en el bosque”...

—Que es un valsecito de 3x4, sí. Es verdad, y para mí, ese fue otro lado en el que me saqué presión. “Fallaste Nostradamus” fue tal cual, dije: “no tenemos un candombe, ¿por qué no probar?”. Y la de la payada me la imaginaba como una cosa de freestyle, pero nunca sabía contra quién. Y un día llego a mi casa y estaba mi nena, que ahí tendría seis, peleándose con (el asistente inteligente de Apple) Siri. Estaba con el teléfono de mi mujer, así: “Siri, ¡sos una boba! ¿Por qué me decís eso?”. ¡Y era eso! Después Fede vio el video (de “Contrapunto...”), ¿y sabés lo que me dijo? “Papá, ¿esa es la abuela de Siri?”. Y bueno, a mí me encanta la payada, las décimas, entonces darle ese aire nuestro, estaba interesantísimo.

—Sí. Igual es una demencia.

—Es una freakeada, el antisingle. Quiebro una lanza por El Cuarteto, por Sony, porque ir con eso... Fue un riesgo altísimo. Cuando la hice, me la imaginaba como una cosa solo del show. No me la imaginaba grabada, no tenía un lenguaje discográfico para mí, que Juan (Campodónico) lo tradujo muy bien. Y en esta época tan tamizada, tan pasteurizada de relato, que salga algo tan raro... Para la gente de veintipico de años, ¡es una locura!

—“Llegó papá” tiene una lectura religiosa, pero también una lectura muy política, sobre todo en una campaña atravesada por un personaje como Juan Sartori, aunque la canción haya sido compuesta antes. ¿Y hay un guiño a “Another Brick in the Wall”?

—¿Sabés que no? Capaz que sí en la parte arreglística, puede ser. Yo lo veía más como teatro griego. Y sí, es un personaje político, o religioso, o el Estado paternalista. Lo que sea. Pero se la cree bien el personaje, ¿no? Cuando dice: “Soy la esperanza, soy el progreso”, hacés un copy paste a un discurso político equis, y puede estar en cualquiera. Pero no quería que fuera solo para el lado político, por eso tiene el arreglo de música de Medio Oriente, la escala árabe, para que fuera para el lado del líder religioso. Y me llamó la atención la repercusión que tuvo ahora. Las elecciones la potenciaron.

PRODUCCIÓN

Cuatro productores del continente para un puñado de composiciones

Por primera vez en su historia, El Cuarteto de Nos se planteó hacer un disco con varios productores. Así volvió a aparecer el uruguayo Juan Campodónico, que se encargó de “Contrapunto para humano y computadora” y de “Llegó papá”, y se eligió a otros tres productores latinoamericanos.

Por un lado estuvo el mexicano Camilo Lara, el de Instituto Mexicano del Sonido y el productor de la música de la película Coco; por otro, el venezolano radicado en Nueva York Héctor Castillo, quien viene de trabajar con No Te Va Gustar en Suenan las alarmas y Otras canciones, y que antes ha hecho cosas para Björk, David Bowie y Gustavo Cerati; y Eduardo Cabra, o sea Visitante, una pieza fundamental del engranaje Calle 13 que acá produjo, por ejemplo, “Mario Neta”, el último single.

“Y cuando les mandamos mail fue un poco como pasó con Cachorro (López, el productor de Apocalipss zombi)”, cuenta Roberto. “La respuesta de todos fue: ‘gracias por invitarnos’, lo que te muestra un poco cómo está posicionada la banda”.

“Estuvimos en la casa de cada uno, en cada estudio, y eso también le dio algo interesantísimo al disco”, sigue Musso, sobre un proceso que llevó a su banda a grabar en el estudio Sonic Ranch, de Texas. “Pero sobre todo es ver cómo estás posicionado entre tus pares, porque nadie nos dijo que no, todos se coparon. ¡Y siguen copados! Está bueno para ver cómo está visto El Cuarteto fuera de acá, y nos llena de orgullo”.

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