MÚSICA

La raíz brasileña como un mismo punto de partida

Ava Rocha y Mariana Lucía, juntas en Montevideo.

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Rocha dice que se siente muy cerca de la propuesta musical de Mariana Lucía. Foto: Difusión

Ava Rocha no conoce casi música uruguaya y no ha estado mucho tiempo de este lado de la frontera. Recuerda que vino a Cinemateca para presentar una retrospectiva sobre su padre, el cineasta brasileño Glauber Rocha que es quizás el más importante de su país. También tiene algunos amigos, un vínculo con Mario Benedetti y Eduardo Galeano y admiración por José Mujica y la regularización de la marihuana.

"Seguramente algo importante se me escapa y hay mucho por descubrir todavía", contesta por mail a El País en una pausa de su gira. Está presentando Ava Patrya Yndia Yracema, un disco que es tropical, psicodélico, excéntrico y oscuro a la vez; y que le valió las mejores críticas del New York Times y otros medios reconocidos.

Y ahora tendrá oportunidad de conectar un poco más con los uruguayos porque este domingo a las 21.00 tocará en Pulpo Rojo (Florida y Canelones), en el marco de una fiesta psicotropical en la que compartirá cartel con Mariana Lucía, de raíz brasileña, que sigue presentando su disco Corazón bombón y oficiará de anfitriona. La entrada cuesta $ 200.

"No conocía la música de Mariana, pero me gustó mucho. Sentí una gran identificación con ella, estética y espiritual, porque comparto muchas ideas que se basan en la invención, la dimensión mística de lo que hacemos, el deseo de conectarse con los otros, con uno mismo y con lo que está más allá", dice. "Ella además es mitad brasileña, y yo mitad brasileña y colombiana. Creo que eso dice mucho también del sonido que hacemos, que trasciende nuestro territorio. Yo me veo como una habitante de la pangea".

—Tu propuesta musical es muy difícil de etiquetar, es como tropicalia con psicodelia, con la oscuridad de Nico. ¿Con qué cosas te identificás?

—En realidad soy contra etiquetas, porque me parece que es una limitación. Mi música es transgénero metamorfósico y alquímico. Toma muchos sentidos y es influenciado por todo. Específicamente Nico es una cantante a la cual adoro y creo que tengo mi faceta Nico, por mis graves también, pero no hay identificación especifica.

—¿Te genera algo especial aparecer en una lista de los mejores discos de New York Times?

—Es importante porque ha abierto puertas de conexión con otros espacios. Toda la trayectoria de mi disco ha sido muy natural y ha sido recibido con mucho entusiasmo en muchos rincones. Eso es un reflejo de la fuerza de mi música pero también de la nueva música brasileña, independiente y contemporánea, que ha construido un camino importante. Tenemos una fuerza extraordinaria como generación.

—Se suele decir que, en momentos de crisis, se crea más. ¿Aplica al Brasil de hoy?

—Desafortunadamente así es, pero es para no ser. Pero bueno, el arte en Brasil en este momento ha retomado una dimensión política y estética muy fuerte, de mucha autoconfianza y eso ha sido importante para enfrentar los horrores de una política vieja y construir una nueva. Y cuando digo política, me refiero a una relación entre los hombres; y estética, a una visión. Por eso caminan juntas.

—Tu padre murió cuando tú eras muy pequeña. ¿Cómo te relacionaste con él luego?

—Mi relación es de perfecta armonía, entre un padre y una hija que lo ha perdido temprano. De gran admiración porque tuve la suerte de tener su obra y su presencia-ausencia acompañándome, y él es una gran referencia estética y política. Un gran hombre, artista y padre.

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