Ayuí lanzó un disco doble que rinde tributo a Montevideo

El puñado de canciones que describe a la ciudad

En un esfuerzo conjunto entre el sello Ayuí y la Intendencia de Montevideo salió al mercado un disco que incluye 42 canciones que refieren a la ciudad y al estatus de Capital Iberoamericana de la Cultura que gozó en 2013. "Las canciones son testigos de la ciudad, de sus habitantes y sus historias. Si no estuvieran, no puedo imaginar quién por ellas vendría a compensar los olvidos y a mantener la memoria", explica Héctor Guido, director de cultura de la Intendencia en el texto introductorio que acompaña al disco doble.

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El compilado de Ayuí abre con el himno de "Una canción a Montevideo".

La Intendenta Ana Olivera, por su parte, acota que esos textos allí incluidos señalan que Montevideo es "contradictoria y vital, gris y multicolor, pálida y luminosa, triste y feliz". Montevideo en canciones es un excelente souvenir para un turista melómano que se anime a descifrar los códigos anímicos de la capital uruguaya, pero resulta también una valiosa antología de títulos que forman parte de la memoria emotiva de sus habitantes.

El compilado tiene la virtud de no reducirse a un solo género musical, puesto que en él conviven el folclore, el tango, la canción de autor, la murga, el rock nacional y hasta la denominada corriente tropical. El primer título no podría haber sido otro: Una canción a Montevideo de Mauricio Ubal, quien además dirige el sello Ayuí. Su composición -a ritmo de candombe- de 5.19 minutos de duración sirvió para consolidar su imagen solista después de una larga carrera como integrante de Rumbo. El repertorio cita a la ciudad desde distintos ángulos. Por momentos el foco está en un rincón, en un barrio o en una imagen, como sucede en Candombe de la Aduana de Níquel o en Yo nací en Jacinto Vera de Daniel Viglietti. Otros temas están atravesados por la nostalgia que se le endosa al uruguayo como característica permanente. Tal es el caso de El tiempo está después de Fernando Cabrera y Adiós a mi barrio de Los Olimareños.

Jaime Roos se luce con su himno Durazno y Convención, que describe de forma poética la intersección de dos calles que forma parte de su historia personal. Gracias a esto, esa esquina es de interés turístico aunque ni siquiera existe allí un monumento sonoro.

En una ciudad densamente poblada de artistas como Montevideo, lo que sobran son canciones referenciales, siempre flotando en el aire. Sin embargo el álbum omite de manera imperdonable una que es fundamental: Biromes y Servilletas de Leo Maslíah.

Aparecen sí Los Traidores con Montevideo Agoniza, Gustavo Nocetti con Tristecitas Montevideanas, La Rada de Ruben Rada, Puntilla de la ciudad de Larbanois & Carrero, Mi Barrio de Gerardo Nieto, Montevideo de Tabaré Cardozo, La luna del ciempiés de Eduardo Darnauchans, Calle Yacaré de Roberto Davin, Saludo a los barrios de La Reina de la Teja, entre muchas otras posibles versiones de la capital.

"Montevideo contiene dos millones de historias. Y además de dos millones de directores técnicos, alimenta a otros tantos millones de críticos musicales", opina Elbio Rodríguez Barilari en el libro que acompaña la publicación. El escritor habla de la existencia de "identidades múltiples" en esta zona geográfica que se trasluce en la antología hecha por Ayuí. "Esta muestra de canciones pone al descubierto una textura mucho más porosa, una dichosa anarquía y una coexistencia de trayectorias divergentes".

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