JOSÉ NOZAR

"El público de los Buenos Muchachos es entrañable"

Es el baterista de Buenos Muchachos, la banda que hoy comienza un ciclo de tres días repasando sus discos en La Trastienda, pero es mucho más.

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José Nozar. Foto: Darwin Borrelli

Desde su ingreso en la banda en 2003, se ha convertido en otra de las usinas creativas (con Marcelo Fernández, Gustavo Antuña y Pedro Dalton) de uno de los grupos más importantes del rock uruguayo. Y lo hizo desde atrás de los tambores, una posición que puede parecer creativamente limitante, pero no para él. Sobre la banda, sus orígenes en el rock y los recitales que le esperan, habló con El País.

—¿Cómo llegaste a la batería?

—A mí me interesaba tocar un instrumento y en casa armaba como una batería con la olla o me hacía guitarras de compensado y le hacía cuerdas con tanza. No sonaban nada pero las tuneaba como si fueran las de Eddie Van Halen.

—Hacías Air Guitar...

—Pero con una guitarra toda doblada. Y un amigo que hoy es uno de los mejores bajistas del Uruguay, Federico Righi, empezó a darme púa para que empezáramos a tocar un instrumento. Y nos pusimos a tocar guitarra pero a los seis meses desistí porque era espantoso. La dejé por esa pero me gustaba demasiado la música y quería hacer algo. En la casa de otro amigo músico, Manuel Mendizábal, había una batería y ahí me entusiasmé y empecé a ir a clase con Gustavo Etchenique. Tendría 14 años.

—¿Y de qué movida saliste? ¿De qué barrio eras?

—De Carrasco, pero no venía de ninguna movida. A mí me gustaba toda la música pero me enrosqué con el heavy metal y exclusivamente con Iron Maiden. En un momento empecé a escuchar música nacional, Los Olimareños, Zitarrosa, mucho Jaime Roos y Cabrera, y me vinculé con la gente de ese movimiento que era Righi, Montemurro y los hermanos Ibarburu. Y pasé totalmente por el costado de la eclosión del rock de los Chico Eléctricos y La Hermana Menor.

—Venís como de un lado medio virtuoso, ¿qué te gustaba de eso?

—Siempre me gustó el rock progresivo y había quedado medio obsesivo en esa cosa de tocar bien. Tenía una banda de covers y después decidí que no iba a tocar más en vivo y me encerré en mi casa a estudiar.

—¿Y cómo volviste al rock?

—Me invitaron a formar una banda, Elixir, con la que tocamos por primera vez con los Buenos Muchachos en Perdidos. Eso debe haber sido en el 97 o 98. Mi amigo Pablo Pasiuk estaba nervioso por tocar con ellos, pero para mí Buenos Muchachos era una banda como cualquier otra con la que no me pasaba nada. Pero ahí hice buenas migas con ellos porque son muy buenas personas. Tocamos dos veces más con ellos y después dejé de tocar con Elixir y empecé con Loopez, con Fede Deutch y con La Hermana Menor. Y a los cinco meses me llamaron de Buenos Muchachos para presentar el Amanecer Búho.

—Y ahí te quedaste ya 13 años. ¿Por qué?

—Nos queremos muchísimo. Y eso que pasamos por momentos de no soportarnos. No conocí nunca una banda en la que trabajar fuera tan sencillo y eso que hay momentos caóticos y de estrés: ahora estamos ensayando muchísimo para estos shows. Los Buenos se imponen desafíos constantes: nunca un show es solo un show. Y es un lugar donde si trabajás, tenés voz y voto como si estuvieras desde siempre en la banda. Cualquier delirio que se le ocurre a alguien se propone y se hace. Yo voy a morir tocando en Buenos Muchachos.

—Y tu participación ha sido cada vez más importante.

—Es una banda en la que si vos querés tener tu papel, lo tenés. No sirvo para hacer lo que otros quieren que yo haga. Y eso siempre estuvo claro.

—Tu primer disco fue Uno más uno y así sucesivamente. ¿Cómo fue tu involucramiento?

—Ahí hicimos de todo. De hecho, el tema que cierra el disco "Con el dedo en el ojo" es una estructura mía. Es que es todo es tan natural en Buenos Muchachos.

—¿Cómo es tu estilo en la batería?

—Eso es difícil de decir. Soy muy concreto en la aproximación al instrumento e intento no invadir la música, sino formar parte de ella. No me interesa el batero de los 60 que hace el rulo cada cuatro compases. Básicamente es ser emocional y generar algo que puede ser un vehículo base para que la música se transporte por ahí cuando la canción no requiere otras cosas. Hay canciones en las que no quiero tocar y por lo general me convencen de que toque. Y en otras canciones se trata de darle una identidad total a la canción. Nunca me interesó demostrar en la batería absolutamente nada y a los Buenos Muchachos no les importó nunca demostrarle algo a alguien.

—¿No te resulta limitante la batería para expresarte?

—Es que no soy solo el baterista de Buenos Muchachos. Ya desde Uno más uno la mezcla y la orquestación de todos los demos la hicimos el Topo (Gustavo Antuña), Marcelo (Fernández). Primero me metí como un chusma y después ya me puse a opinar porque tengo oído y me gusta la música. Y de ahí en adelante ya me involucré en la composición.

—Hay mucho amor entre los integrantes de la banda y también entre ustedes y el público. ¿Por qué se da eso?

—Es una banda muy terrenal a pesar de la cantidad de público que convocamos. El público de Buenos Muchachos es entrañable, cercano, muy respetuoso. Logramos con Nidal hacerlos escuchar una masa de seis minutos sin ton ni son, alejado del pop, y la gente fue y lo escuchó y lo entendió. Es un público encantador.

TOQUE.

Un repaso de una carrera.

Buenos Muchachos toca hoy, mañana y pasado en La Trastienda (con entradas a $ 660 y $ 960). Los tres shows son diferentes. El de hoy, jueves, repasa íntegros los discos Nunca fui yo y Aire rico; el de mañana, Dendritas contra el bicho feo y Amanecer búho, y el del sábado Uno con uno y así sucesivamente y Se pule la colmena. "El Nunca fui yo no va a ser nunca más lo que va a ser el jueves: vamos a hacerlo como cuarteto con el Topo, Nacho Echeverría y yo como músicos con Pedro cantando", dice Nozar. "Va a ser lo más fiel posible a la grabación original con ese grado de primitivismo musical para hacerlo más crudo". Y después de Aire rico van a estar los seis temas de Extra Ball "en un formato megaíntimo". Y el viernes, "el Dendritas va a ser muy especial porque hay canciones que nunca toqué, por ejemplo". Y el sábado "está el Uno con uno que nos lo vienen pidiendo hace tiempo", y Se pule la colmena que "va a ser la tercera vez que se toca en vivo pero tendrá algo distinto".

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