Entrevista a Yamandú Cardozo

“La política es nuestra materia prima”

Agarrate Catalina se presenta este viernes en Antel Arena, y Yamandú Cardozo adelanta qué harán en Carnaval

Yamandú Cardozo
Yamandú Cardozo, un artista joven con 40 años de experiencia. Foto: Fernando Ponzetto

Este viernes a las 21.00 Antel Arena presenta un espectáculo invitado que tiene muchísimos fans. Agarrate Catalina hará su espectáculo 15+2, como una forma de despedir el 2018 y también de ir creando ambiente para el Carnaval 2019. La murga uruguaya más premiada y convocante de los últimos tiempos recorrerá lo mejor de sus primeros 17 años de vida, y Las Maestras, Las Banderas, Manuelita, El novio de la nieta, y muchos cuplés históricos más, serán parte del repertorio. “Este espectáculo tiene como excusa la celebración de los 15 años, que en realidad al final fueron 15 más 2. La idea fue sacar un disco recopilando 15 años de carrera, y cuando lo tuvimos pronto ya cumplíamos 17 años. Y a partir de ahí pensamos en este espectáculo, que en realidad nos enfrentó a toda la historia de nuestro trabajo. Siempre está lindo mirar hacia atrás la obra, aunque suene muy solemne eso de obra. Ver nuestro trabajo en retrospectiva: eso nos permitió descartar, romper, volver a hacer, y hasta resignificar. Y creo que el resultado es un espectáculo muy divertido, pero que nos conectó con lugares muy emotivos. Nuestros, y del público”, contó a El País Yamandú Cardozo, líder histórico de esta murga distinta, viajera, embajadora de Uruguay en el mundo.

-¿Qué van a presentar en el Carnaval 2019?

-Es un espectáculo que se llama Defensores de causas perdidas, y va a estar muy apoyado en el humor, en la caricatura. La Catalina siempre busca tener esa línea analítica, a nuestra escala, a la escala del vecino, de filosofía de barra de boliche. Y el hilo conductor de Defensores de causas perdidas es expresar también que cada búsqueda artística es una causa perdida, la defensa de una pelea perdida que el artista elige dar. A las expresiones artísticas a las que yo me he acercado son el intento por plasmar una realidad alternativa, que haga al mundo un lugar un poco más habitable. Y ese intento pierde con la realidad.

-¿Ese espectáculo que preparan para Carnaval va a ser muy político?

-Yo creo que sí, que va a estar atravesado por la política. Con la Catalina siempre intentamos que la coyuntura local inmediata esté reflejada. La murga tiene que tener conexión con las cositas más puntuales que estén pasando, pero también buscamos trazar una caricatura del bicho humano como animal político. 

-¿Que el 2019 sea año electoral ayuda al Carnaval?

-Creo que sí. Las murgas tienen eso: el barro con que se amasan nuestras caricaturas es la vida social. La política es nuestra materia prima. La caricatura política es algo que la murga ha hecho desde siempre, y lo seguirá haciendo siempre. Los hechos de campaña son siempre materiales para el humor. Además de que a nosotros los letristas nos provee de insumos muy rendidores, es un sanísimo ejercicio popular. Un pueblo entero que se desnuda frente a un espejo y que se ríe, y analiza sus realidades políticas, pero en clave artística. Y eso no es solamente tolerado, sino avalado y comprendido: me parece que habla muy bien de los uruguayos como sociedad. Y nunca hay una prohibición, de ningún político, del palo que sea.

-¿La organización del Carnaval, a veces ahoga un poco al propio Carnaval?

-Sí, el Carnaval es un evento bastante extraño, que nosotros lo consideramos cuna, casa y tumba, pero con el que discutimos muchas veces conceptualmente. Porque es raro: por un lado, es una fiesta de las más horizontales que conozco, en la que no hay que presentar ningún certificado absolutamente de nada que avale tu arte. Por el hecho de ser vecino, ya tengo derecho a armar un espectáculo y que sea visto por mucha gente. Pero en el medio de esa fiesta tiene un concurso, que también es muy divertido de jugar, pero se vuelve muy intenso. 

Agarrate Catalina
Agarrate Catalina, una divertida retrospectiva. Foto: Álvaro García

-Como que la competencia enrarece el clima.

-Sí, la competencia del arte, donde empiezan a operar las lógicas más futboleras, de los hinchas. Es como si uno pudiera ser hincha de un pintor y que frente a ese, el otro pintor no me gusta. Cuando entran a operar esas lógicas es raro de vivir. Y por reglamentación, vos no podés estar en la fiesta de Carnaval, si no participás del concurso. Y hubo veces que queríamos participar en Carnaval, pero no de concursar. No estábamos emocionalmente preparados para enfrentar otro concurso.

-Y eso que a ustedes les ha ido muy bien en el concurso

-Sí, de nueve carnavales, ganamos cuatro. Hay murgas que tienen muchos años, tipo 50, y han ganado una o dos veces. O sea que el juego del concurso le ha salido muy bien a La Catalina. Pero lo hemos vivido con una intensidad muy grande. Y por eso durante muchos años hemos querido dejar nuestros espectáculos fuera de ese concurso, que se vuelve como una autopsia artística. Y esa lógica de uno contra el otro, hace que a veces en el concurso pueden aflorar mezquindades que empañan ese costado de la fiesta. No podés confundir el concurso con lo que a nosotros nos mueve a hacer arte, que es comunicarnos con la gente.

-Lo reglamentario incide mucho.

-Son limitantes muy específicas del espectáculo. Como el reloj: es raro que una obra tenga, antes de ser concebida, ya definido qué tiempo va a durar. Yo qué sé si lo que tengo para decir me entra en un cajón de 45 minutos. Y que lo tenés que presentar antes de tal fecha. Son elencos enteros que dan el sí, y le prometen a un director su participación, en una obra de la que no saben absolutamente nada, porque el propio creador no tiene ni idea todavía de qué va a hacer. La lógica es muy rara. Cantantes, músicos, vestuaristas, iluminadores que firman y se ponen a disposición de algo que todavía no existe. Y la murga se termina de crear en movimiento, en los ensayos, y volvés a reescribir.

-¿Los vestuarios de murga a veces son estrafalarios?

-A mí como espectador murguero siempre necesité la coherencia: la murga tiene dos patas clarísimas, que son lo vocal y lo textual. Lo demás siento que tiene que estar atado a la lógica del espectáculo. No me parece que una murga se transforme en buena nada más que porque tenga unos trajes extremadamente lujosos, ostentosos. Y creo que pasa también por una cuestión del concurso. Como es un concurso por rubros, que está puntuado por cada rubro en particular, hace que haya gente que también conciba los espectáculos de manera fragmentada. Y para estar bien en el rubro vestuario, hacen unos trajes imponentes. No es la manera de trabajar de La Catalina, ni la que a mí me gusta ver en Carnaval.

-¿Y a veces, por el contrario, la murga apela a cualquier tipo de pobreza, como que cualquier desprolijidad estuviera permitida?

-Lo que a mí me conecta con la murga, y lo que me hace valorarla, no es ni su extrema superproducción, ni su apología de la bohemia, de la pobreza, de la dejadez. Pero creo que en general las murgas tienen un intento cada vez mayor de superación artística. Y el concurso también empuja a eso. Y también la propia exigencia popular. El público está viendo hoy, con el desarrollo de las comunicaciones, espectáculos de todo el mundo. Y las murgas no solo se alimentan de esos estímulos, sino que tienen que reversionarse para seguir siendo atractivas.

-¿La cantidad de dinero que mueve el Carnaval le ha hecho perder un poco la inocencia?

-No lo sé. Porque hay algo de juego del Carnaval que no se pierde. Yo lo comparo en eso con el fútbol. El fútbol es de las cosas que más volumen de dinero mueve, y sin embargo ese jugador estrella, que mueve millones, no deja de estar jugando. Mostrando su habilidad pateando una esfera que está llena de aire. En el Carnaval también yo siento que hay una cosa de juego que no se pierde. El primer vínculo que tiene un niño con el fútbol es el juego, y no la fama, ni el rugido de las inmensas tribunas. Y en Carnaval es lo mismo.

Agarrate Catalina
Agarrate Catalina, una estética inconfundible. Foto: Álvaro García

-Describime el show que van a dar ahora en Antel Arena.

-Es un show con cosas de todos los años de La Catalina. Quisimos tener cosas que representaran como distintas épocas. Son bloques, desde nuestro primer Carnaval, de 2003, hay cosas de 2004. Tenemos desde Las Cucarachas, El año de los sueños, muchas cosas de El ser humano. De El viaje, de Gente común. Creo que es un show para gente que nos sigue desde tiempo, pero también para el que no nos conoce y se quiere asomar a lo que hacemos.

La catalina, su secreto

Una murga joven con experiencia

“Agarrate Catalina tuvo una ventaja generacional. Fuimos de las murgas jóvenes que empezaron a pasar al Carnaval. Y eso nos permitió sintetizar lo que vimos, y lo que nos enamoró. Y además La Catalina, por sus integrantes, es exploradora de por sí”, dice Cardozo explicando la singularidad de esta murga.

“Sé que hay mucha gente que le gustaría integrar La Catalina, y eso lo agradezco. Pero sin ser un grupo como blindado, que se ahoga en su propio aire, esta murga ha tenido una conformación que mantiene muchos de sus componentes iniciales. De los 17 que nos vamos a presentar en el Carnaval que viene, 11 son fundadores de la murga, y hace casi 18 años que estamos caminando juntos”.

La catalina en el mapa

De París a Nuevo París

No llevan la cuenta cuántos espectadores los han visto, entre el Uruguay y el exterior. Pero Agarrate Catalina ha recorrido el mundo, tocando en históricos escenarios multitudinarios. “No hemos ido desde los escenarios más chicos a los más grandes, porque la murga tiene esa lógica un poco ilógica. Empezamos tocando en la calle, en el hall de la Intendencia, con posibilidad de ser desalojados en cualquier momento. Tocamos en parroquias, en comisiones vecinales, hasta que de pronto tuvimos en Carnaval el Teatro de Verano. Ya en el 2005 hicimos tres o cuatro Cine Plaza. Luego las primeras Trastienda en Buenos Aires. Tocamos en el Teatro Coliseo, donde estuvo muchos años Les Luthiers. Luego el interior de Argentina, varias veces el Gran Rex, después el Luna Park en 2011. Pero hemos tocado en mil lugares: en la Sorbona. En la primera gira europea, la última función fue en París. Y luego de esa gira vinimos a Uruguay, y tocamos en un jardín de infantes en Nuevo París. O sea que la murga puede hacer de París a Nuevo París sin escala. Y también nos pasó de tocar en Berlín y luego en Nuevo Berlín. Esa lógica de la murga es ilustrativa”, señala Cardozo.

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