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Pilsen Rock: aquella fiesta de la juventud entre la crisis, la estrategia y las canciones

Este sábado a las 22.00 se realizará una edición vía streaming del festival Pilsen Rock. ¿Cómo surgió el evento original y qué recuerdos dejó?

Pilsen Rock. Foto: Archivo El País
Pilsen Rock. Foto: Nicolás Pereyra.

Un éxodo hacia el interior del país, un fin de semana de campings improvisados en patios y rincones de Durazno, una explosión de juventud, el pico más alto de una efervescente movida rockera que hoy se ve como el último fenómeno masivo de la música nacional, un mar de gente hasta que se perdía la vista, un pogo inmenso. Cada uno tendrá en la memoria su propio recuerdo construido pero, por encima de las subjetividades, el Pilsen Rock fue un evento sin igual en territorio uruguayo, una mezcla de factores que le dieron forma a un hito que nadie esperaba y que dejó su marca.

Pilsen Rock. Foto: Archivo El País
Los jóvenes acampaban donde se podía. Foto: Nicolás Pereyra.

Ahora, la vuelta del Pilsen Rock mañana a las 22.00, en un formato adaptado a la pandemia del coronavirus, trae de nuevo la magia y la singularidad de un festival que a la salida de una crisis económica se convirtió en celebración popular.

“Para nosotros es un muy buen recuerdo; fuimos parte de ese comienzo y ese auge del rock uruguayo en un momento muy puntual de la historia, un momento muy especial de nuestra sociedad, de cosas que se dieron que no creo que se vuelvan a dar”, dijo Emiliano Brancciari a El País. No Te Va Gustar, su banda, es la única de la grilla 2020 que estuvo en aquel primer Pilsen Rock de octubre de 2003 en el Parque de la Hispanidad de Durazno, del que Brancciari recuerda que “para no hacer agua” se contrató a una banda argentina, La Renga, para cerrar la doble jornada.

“Era un festival uruguayo pero no se confiaba tanto en qué podían dar los artistas uruguayos, y explotó. Al año siguiente ya se necesitó nada”, repasa a distancia.

Pilsen Rock. Foto: Archivo El País
El público hizo del Pilsen una fiesta. Foto: Nicolás Pereyra.

Su idea de “algo enorme” es la que quedó en todos los participantes de esa movida. Músicos, por supuesto, que nunca habían tocado ni volvieron a tocar para tanta gente (se estima que a la edición de 2006 fueron más de 150.000 personas) . Jóvenes que nunca habían tenido y nunca más tuvieron la oportunidad de vivir algo así. Y duraznenses, que en un abrir y cerrar de ojos vieron cómo su ciudad se revolucionaba y colapsaba.

El rock nacional, por entonces, se había convertido en una voz popular que hacía eco de preocupaciones vinculadas directamente a la crisis económica del 2000, sus largos coletazos y el exilio. “No era cierto” se resignificó como un himno de los que se iban porque no había alternativa posible, “El viejo” retrataba como nunca a los marginados, “Maldición” le cantaba al hastío propiamente juvenil y el disco Caída libre de La Trampa se convertía en el soundtrack de la peor película posible. Eso, de la mano de una necesidad de las bandas de profesionalizarse y mejorar en aspectos técnicos, generó un crecimiento a nivel de audiencia que apareció en el radar de Pilsen, marca que intentaba reposicionarse en otra franja etaria . Y con una moda y una estrategia de marketing siempre hay diamante en bruto.

Pilsen Rock. Foto: Archivo El País
La Trampa tocando en algún Pilsen Rock. Foto: Nicolás Pereyra.

Ese fue el puntapie de un festival que aunque fortaleció la imagen del nacionalista Carmelo Vidalín al frente de la Intendencia de Durazno, no tuvo en el origen un trasfondo político. Fue la estrategia de una empresa privada de hacer campaña fuera de Montevideo, y eso se tradujo en un acontecimiento descentralizador que se convirtió en el refugio de un montón de jóvenes que por un rato eran libres, lejos de casa, de la tele y las noticias de pura desesperanza. (Eso fue lo primero; después, ir al Pilsen Rock fue cuestión de pertenecer al fenómeno de turno)

Carmelo Vidalín en el Pilsen Rock. Foto: Archivo El País
Carmelo Vidalín en el Pilsen Rock. Foto: Nicolás Pereyra.

Aunque festival de música, el Pilsen fue una fiesta popular —“el recital donde las bandas vienen a ver a la gente y no la gente a las bandas”, como se escucha en Pilsen Rock: la película— y en las crónicas de época. “Los jóvenes, los grandes y verdaderos protagonistas de este encuentro devenido Woodstock criollo, tiñeron de alegría, frescura y colores a un festival que va camino a transformarse en un referente regional”, se puede leer en una edición de El País de 2006.

Pilsen Rock. Foto: Archivo El País
El éxodo juvenil llegando a Durazno como sea. Foto: Nicolás Pereyra.

Al final, lo que quedó fue más bien una memoria emocional (seis ediciones en Durazno y una más en Montevideo, ya con otra impronta), que ahora vuelve con la intención de aportar en otro momento de crisis, de forma democrática y descentralizada. Mañana, el Pilsen Rock irá por Canal 10, por YouTube, AeroLife y por Del Sol FM, y el vínculo con las canciones de No Te Va Gustar, La Vela Puerca, El Cuarteto de Nos, Niña Lobo y Eli Almic seguramente no tendrá nada que ver con aquel contacto de plenitud y hermandad, y sin embargo será el reencuentro, más que especial, con la música en vivo después de tanto tiempo. Acá, eso sí, los jóvenes no serán protagonistas: la protagonista exclusiva será la música.

Pilsen Rock. Foto: Archivo El País
"Las bandas vienen a ver a la gente", se decía entonces. Foto: Nicolás Pereyra.
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