PRINCE

Pequeño gran camaleón del rock

Se fue, a los 57 años, uno de los más grandes artistas musicales del rock y el pop.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Recién al término del siglo XX empezó a salir más a menudo a la luz pública. Foto: Difusión.

Recuerdo una foto en la revista Rolling Stone, a página completa, donde Prince —quien falleció ayer a la edad de 57 años— posaba para la cámara flanqueado por dos hermosas mujeres en ropa interior.

Él estaba fuertemente maquillado (a la manera femenina), llevaba guantes blancos de encaje y hacía un gesto abiertamente sexual, también femenino, con sus manos.

Era a principios de la década de los años 80, y Prince estaba por lanzar su cuarto disco, 1999, en el cual la canción que le da el título al álbum dice: "La vida es solo una fiesta, y las fiestas no duran para siempre". Ayer murió en su casa-estudio, el legendario Paisley Park, por razones que, al cierre de esta edición aún no se conocían.

La deliberada ambigüedad de la foto generaba un efecto inquietante. Prince no solo ponía en foco al sexo. También desafiaba las expectativas sobre cómo podía presentarse un hombre heterosexual ante el público. Y desafiar expectativas, de cualquier tipo, fue tal vez la única constante en su trayectoria artística.

Su camino en la música no se ajustó a ningún molde y aún así llegó hasta lo más alto. Tuvo discos y canciones Número 1, ganó premios Grammy y hasta un Oscar por las canciones de la película Purple Rain, que él protagonizó.

Prince logró lo que muy pocos en su país: conquistó una audiencia negra tocando música que a menudo sonaba "blanca", y viceversa. Si para muchos artistas negros un solo de guitarra con distorsión era poco menos que anatema, muchos artistas de rock blancos jamás se animarían a bailar como Prince en el escenario.

En su diminuto cuerpo (no llegaba a medir 1.60) cabían tantas influencias, inspiración y sorpresas que Prince dejaba a todos boquiabiertos cuando empezaba a cantar. O cuando cazaba su Telecaster marrón y entregaba un furibundo solo de guitarra, como muchos de sus atónitos colegas comprobaron en 2004: en la ceremonia que consagraba al Salón de la Fama a George Harrison, Prince hizo un solo de guitarra que ya es clásico en YouTube.

Dotado musicalmente desde chico, Prince publicó su primer disco, For you, en 1978, cuando tenía 20 años. De todas las canciones presentes, solo una era compuesta a medias con otro, "Soft and Wet". Por lo demás, era como los créditos decían en los primeros discos: "Compuesto, producido, arreglado e interpretado por Prince".

Para el segundo disco, autotitulado y editado en 1979, Prince empezó a dar muestras de una inverosímil capacidad de fabricar hits. En ese disco había dos: "Why you wanna treat me so bad" y "I wanna be your lover". Pero también estaba "I feel for you", que años después sería un éxito para la cantante Chaka Khan. Muchas artistas femeninas encontraron inspiración en las canciones de Prince (Sinead OConnor The Bangles, Sheila E, Alicia Keys, TLC, Sheena Easton, Cindy Lauper y Martika, entre otras). Y él parecía tener una conexión especial con ellas: en todas las bandas que armó las tuvo en lugares protagónicos.

El álbum 1999 (1982) lo colocó entre esos privilegiados artistas que llegaban casi siempre al Top 10, pero fue Purple Rain, de 1984, que lo puso en el ojo del huracán. Ahí, Prince alcanzó una síntesis casi perfecta entre el riesgo artístico y el acto de complacer a su público. La balada final, con sus más de ocho minutos de duración, encierra la majestuosidad de su guitarra, la intensidad de su voz y el aura trascendental de su espiritualidad.

Si ese disco parecía insuperable, tres años después Prince volvió a sorprender a todos con su obra más madura y ambiciosa: el doble Sign OThe Times, con clásicos como el tema central, "If I was Your Girlfriend" y "I Could Never Take The Place of Your Man".

Prolífico.

Una vez que arrancó, Prince no paró de grabar. "Yo soy músico", le dijo una vez en una entrevista a Chris Rock. "Vivo para tocar y para componer canciones". Pocos fueron tan prolíficos como él. Pocos tuvieron, también, tan poco autocontrol a la hora de publicar. En la década de 1980, editó un disco por año, pero cuando arrancaron los noventa empezó a producir cada vez más. Prince fue demasiado incluso para sus millones de seguidores, que paulatinamente fueron dándole la espalda, incapaces de asimilar toda su producción musical.

En los años 1994, 95 y 96, Prince publicó dos títulos por año. Y el nivel no era el mismo que el de los ochenta. Discos como Come o Chaos and Disorder daban muestra de su capacidad de trabajo, pero no de mucha inspiración.

Si en los ochenta Prince había reformulado el idioma del rock y el pop, en la década siguiente miró desde cierta distancia la explosión del grunge, el hip hop y el pop de matriz sueca (Backstreet Boys, Britney Spears y otros). Fue en esa época, además, que acentuó su rasgo huraño, llegando incluso a cambiarse el nombre por un símbolo impronunciable, un gesto que cortaba efectivamente buena parte de la comunicación con el mundo fuera de sus estudios en Minneapolis.

Con todo, siempre presentaba alguna que otra canción que nos hacía recordar sus mejores días: "Cream", (1991), "7", (1992), o "The Most Beautiful Girl in the World" (1995).

Recién cuando terminó el siglo XX empezó a salir más a menudo a la luz pública. Ya no se enojaba cuando lo llamaban Prince y parecía reconciliado con el artista que había sido. Ya no tendrá oportunidad de reconciliarse con Internet, pero tal vez no estaba destinado a ser un artista de la era digital. Probablemente, su destino era ser el último gran artista del rock y el pop del siglo pasado, un camaleón que podía ir de un color a otro sin dejar de ser él mismo.

1999 - (1982).

La canción que da título al disco lleva todo el apocalipsis de la era nuclear, cuando parecía que la Guerra Fría podía hacer explotar al mundo en una catástrofe nuclear. Él le cantaba al fin de los tiempos y del mundo, y la mejor manera de irse era en medio de una fiesta musical.

Purple Rain - (1984).

El cenit comercial. Canciones como "When Doves Cry", "Lets Go Crazy" y la que le da título al álbum definieron la década de 1980, tanto o más que Michael Jackson o Madonna. Él, sin embargo, no se quedó a disfrutar. Menos de un año después, había sacado otro disco.

Sign othe... - (1987).

Su obra maestra. Un álbum doble que exhibe las múltiples facetas de su creador. Una ambiciosa y lograda muestra de sus influencias y cómo las procesaba para crear canciones y sonidos propios y únicos. Acompañó el disco con una película de uno de sus conciertos.

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