MÚSICA

Pequeña comunidad que tiene su propia fiesta

Mañana hay una nueva edición del Festival de Surf Rock

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Leo Lagos, de The Supesónicos. Foto: Difusión

"A nadie le gusta el surf rock, no hay muchas bandas y mi sueño era estar en un festival que en otros países hay, pero que no tenía oportunidad de ir. Y como no había oportunidad de ir con mi hermano dijimos: hagámoslo nosotros", cuenta Santiago Irazábal, el mentor de este encuentro nacional de bandas de surf rock que empezó como un delirio y mañana va por su tercera edición, que se traduce en un símbolo de su consolidación.

Por un lado, el festival que primero se hizo en la cantina del Club de Bochas del Parque Rodó y después en el espacio cultural Pera de Goma, consiguió el apoyo del bar Fénix, que tiene un circuito cultural propio, y que mañana le abrirá las puertas a este evento que va a partir de las 17:00 con entrada libre, porque tiene intención de ser "para toda la familia".

"La idea es que vaya pila de gente. Están los hinchas del festival y después las bandas del interior traen su propia gente. Y son pila de bandas", destaca.

Y por otro lado, después de varias invitaciones, finalmente se suma a la grilla The Supersónicos, que es la banda local referente del surf rock, la más conocida y la más longeva.

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Además de los Lagos y sus canciones, en el Fénix tocarán mañana otras dos bandas montevideanas —Maniquíes, que editó recientemente el buen disco Hola de nuevo, y Tony & Los Montana que Irazábal integró—, dos de Canelones —Los Ultraman y Los Dinámicos—, y dos de Maldonado, donde de por sí hay una escena surf formada: Sonny Chiba y los debutantes de Los Reverb.

Las participantes "no son todas puras del estilo", aclara Irazábal. "Todas fusionan porque, si no, es reaburrido. Y los Supersónicos son como los papás de todos, porque son como los más grandes", acota.

Teniendo en cuenta lo conquistado en las ediciones anteriores, Irazábal destaca más que nada la importancia de que un lugar como el Fénix haya ido a buscar el festival para albergarlo en esta oportunidad, un avance importante en un proyecto que es "y va a seguir siendo" autogestionado, enfatiza.

"Ahora ya tenemos un pequeño prestigio", dice Irazábal, y le da todo el mérito a sus diseñadores, que han sabido vender bien el espíritu de este festival. "En la primera edición juntamos una pequeña comunidad del estilo, y en la segunda nos esforzamos todo lo que pudimos y se creó una especie de magia", cuenta quien para esta edición, la tercera, decidió tomar distancia y mirarlo desde el público. "Quería disfrutarlo porque es un sueño tener un festival de surf rock", afirma.

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