Entrevista

Pepe Guerra, un Olimareño que ahora vuelve a cantar con amigos nuevos, Copla Alta

La mitad de Los Olimareños se presenta con sus coterráneos el 20 de octubre en el Auditorio Nacional Adela Reta

Pepe Guerra
Pepe Guerra anuncia un show con Copla Alta

Todo lo que me está sucediendo es muy reconfortante. En vez de quedarme en mi casa, la sigo”, dice, entre risas, el músico José Luis “Pepe” Guerra. “Prácticamente solo hago propinada. Me gusta entreverarme, como perro atrás de un Sulky”, agrega mientras sigue riendo. Sentado en una de las oficinas de la redacción de El País, Guerra (la mitad del legendario dúo Los Olimareños) está en una pequeña gira de prensa para publicitar su show del 20 de octubre junto al dúo Copla Alta en el Auditorio Nacional del Sodre (entradas en Tickantel).

“Son buenísimos”, dice para definir a la obra de Néstor Moreno y Alejandro Silvera, los músicos de Copla Alta, con quien compartirá escenario. “El entusiasmo y la garra que tienen me hace acordar mucho a cuando empezábamos con Los Olimareños”, agrega. Una boina de cuero que le cubre el pelo canoso y una barba candado son los aspectos más reconocibles del músico de 75 años, que, mientras habla con El País, ojea la lista de canciones que aparece en la contratapa del disco en vivo que grabó en abril del año pasado con Copla Alta en esa misma sala.

“El concierto fue lindísimo. Hasta me olvidaba que estaban grabando”, dice Guerra. Es que la naturalidad que define a los shows de los tres músicos olimareños se vine forjando de numerosos encuentros a lo largo de más de cinco años años. Según relata el músico, hace tiempo se venían encontrando en festivales del interior. Luego, en 2013, el dúo abrió un show de Guerra en el Auditorio del Sodre y él les devolvió el gesto participando de dos canciones de Ahí nomás (“Pescadores del Yerbal” y “Me duele”), el disco por el que se llevaron el Premio Graffiti 2017 a Mejor álbum de folklore.

Repasando la lista de 20 canciones que llena la contratapa del disco -que Montevideo Music Group editará pronto, y que estará disponible en disquerías- se puede ver que hay más canciones de Guerra que del dúo de músicos treintañeros. “Hacemos cosas de mi época solista, cosas de Los Olimareños recreadas y canciones de ellos. Pero a veces se avivan, y me doy cuenta de que estoy cantando más canciones yo que ellos. Entonces les digo que paren la mano”, dice, a las risas.

Una de las esenciales de ese repertorio compartido es “Orejano”, que Guerra grabó por primera vez en 1962 junto a Braulio López, la otra parte de Los Olimareños. Al preguntarle sobre ese tema, Guerra lo define como “un canto libertario”. “Me acuerdo que le fui a pedir permiso a Serafín García, el autor. Creí que iba a encontrarme con un tipo por lo que escribía. Pero me encontré con un viejito apacible, lindísimo”, dice.

La composición de García -que forma parte del libro Tacuruses, publicado en 1936- tuvo su versión definitiva en el disco en vivo Si este no es el Pueblo, el Pueblo ¿dónde está? , que recoge la histórica actuación de Los Olimareños en el Estadio Centenario, realizado el 18 de mayo de 1984. Frases como “cuando tengo que cantar verdades derecho nomás” y “Porque no m’enyenan con cuatro mentiras / Los maracanases que vienen del pueblo / a elogiar divisas ya desmerecidas / Y’hacernos promesas que nunca cumplieron” fueron ovacionadas por el público, que celebraba el regreso del dúo tras la prohibición en dictadura, que obligó al exilio de Guerra y López.

Hablando de regresos, en marzo de este año el dúo se reunió para un recital memorable en el Antel Arena. Acompañados de un quinteto y de varios invitados, Guerra y López repasaron canciones como “A Don José”, “Cielo del 69”, “Noche, Noche”, “’Ta Llorando” y el ya nombrado “Orejano”, que se ganaron un lugar privilegiado en la música popular uruguaya.

“Estuvo muy lindo”, dice Guerra. “El Antel Arena es un lugar lindísimo para cantar. El sonido, que es una cosa importantísima, salió bien”, agregó. El músico sonríe al recordar la recepción del público, que aplaudía apenas reconocían la melodía de las canciones con las que se reencontraban tras casi 10 años sin que Guerra y López se subieran a un escenario. “La emoción siempre está latente”, dice. “Se forma algo tan lindo entre la gente y vos, que los recitales se vuelven una cosa muy especial”, dice.

Mientras mira nuevamente la contratapa su disco en vivo con Copla Alta, admite, esquivando la mirada: “Los conciertos son como un rito donde vos te sentís distinto. Yo soy un tipo de lo más tímido, siempre lo fui desde chico. Sin embargo me he tenido que topar con 50 mil personas”. Sonriendo, mira a los ojos del periodista y agrega: “En ese momento uno larga el caballo; es como en el partidero de las carreras: largás el caballo y salís. Achatás el copete y bueno”.

Una de las sorpresas de aquella noche de marzo en el Antel Arena fue la aparición de Héctor “Numa” Moraes, quien se sumó al canto en “Cielo del 69” y se llevó una ovación. “Fue lindísimo. Apareció de la nada y fue genial”. Los tres vestidos de negro cantaron una de las letras que marcó a la generación de finales de los sesenta. Moraes, que estaba parado en medio de López y Guerra, reafirmaba cada frase de la canción con los puños en alto y los ojos cerrados, generó uno de los momentos más reivindicativos del recital: tres músicos que fueron prohibidos en la dictadura se reencontraron en el escenario para cantar junto a miles de voces que llegaban desde las gradas.

En el recital que Guerra ofrecerá junto a Copla Alta el 20 de octubre, Moraes volverá a participar como invitado. “Es un amigo de añares. Hemos pasado muchas cosas juntos, es un tipo sensacional”, asegura el músico. A su vez, se incluirán algunos tangos con bandoneón. “El tango siempre me gustó y lo hago empujado por los de Copla”, dice.

“Estoy casi seguro de que va a ser bien recibido por la gente”, dice con una larga sonrisa. “Los recitales son una cosa muy especial”, concluye.

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