El músico habló con El País antes del show con Larbanois y Carrero

Pepe Guerra: "Nunca voy a dejar de cantar"

Le lleva menos de una década a Mario Carrero y Eduardo Larbanois, con quienes está preparando un show histórico. Y en la génesis de la música popular uruguaya, la diferencia era notoria: tanto que cuando Carrero conoció a Larbanois, fue cantando una canción de Pepe Guerra.

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"Había necesidad de sacudirse y sacarse la luna tucumana de encima". Foto: A. Colmegna

"Me marcó totalmente una canción que escuché viajando en tren, que fue De cojinillo. Porque en aquel momento acá sólo se le cantaba a la luna tucumana", comenta Carrero. Los Olimareños, el dúo que consolidó a Guerra como una figura clave en la música uruguaya, editó su primer disco en 1963; ahí, Larbanois y Carrero entraban en la adolescencia.

Aunque los tres hablan del "maestro" como Ruben Lena, Guerra fue también maestro de estos dos (y de tantos otros, seguramente) con quienes el próximo 23 de octubre compartirá escenario en el Teatro de Verano. A las 21:00 darán un show histórico, que en este formato no han hecho (ver recuadro).

Quizás por ser el más grande de los tres, Pepe Guerra es el que menos habla. Se divierte sentado entre Larbanois y Carrero en una extensa jornada de entrevistas en el coqueto hotel Regency Way. Para cualquiera el día se haría agotador, y sería normal sobredimensionar todo si se trata de tres hombres de más de 60 años. Sin embargo, a fuerza de humor y anécdotas, estos compañeros de ruta llevan todo de muy buen humor.

La visita de El País es de las últimas que recibe en el día, pero encuentra a Guerra animado para mantener una charla en la que su sorpresa por cómo ha cambiado toda la escena musical nunca se termina.

—Este recital se plantea como histórico, pero supongo que habrán coincidido varias veces sobre algún escenario.

—Muchísimas, en festivales, en discos. La única vez que hicimos algo parecido fue en Australia, en Sídney, pero este formato es mucho más elaborado.

—¿Todas las canciones las van a hacer entre los tres?

—Todo, salvo cosas muy puntuales, pero igual vamos a estar acompañando. Si nos equivocamos es culpa de los tres.

—Elegir el repertorio debe ser tarea difícil entre tantos temas.

—Ha costado un poco. Pero uno sabe que la gente elige ciertas canciones. La gente siempre va en el bolsillo con alguna canción para escucharla, siempre va con un repertorio y esas no las podés dejar de cantar. Supongo que va a ser un ida y vuelta; uno larga una cosa y a la gente le gusta o no, y te expresa lo que le gusta.

—¿Qué cosas son las que más cambiaron en todo este tiempo que usted está en la música?

—Lo interesante es cómo se fue conformando un cancionero uruguayo, tanto de Montevideo como del interior. Yo me transporto a veces a aquella época… ¡Nada que ver con lo que es ahora! ¡Ahora es una explosión! ¿Y ahora quién nos quita lo bailado? Sabemos qué cantar; en aquel momento te pedían una canción uruguaya, que fue lo que le pasó al Maestro(Lena) en Venezuela, y no sabía qué cantar. ¡Ahora si habrá canciones para cantar! Lo que pasa es que si esto se lo contás a un muchacho joven, para ellos debe ser dificilísimo de entender cómo hace relativamente pocos años no existía una música nacional. ¡Cómo ha cambiado!

—¿Para bien, para mal?

—Para bien, siempre para bien. Y hoy hemos logrado un espacio que no teníamos antes. Además, antes vos tenías tus propuestas y no te dejaban entrar en la televisión, la radio ni nada porque estabas haciendo una cosa menor. ¡Te despreciaban!

—¿Cuándo se empezó a formar esa identidad musical?

—Anteriormente estaban, aunque no eran masivos, Amalia De la Vega, Osiris (Rodríguez Castillos). Era algo puntual, aparecían en alguna radio. También Sampayito (Aníbal Sampayo)… Acá era todo argentino. Y en 1963 se edita el primer disco de Los Olimareños. Estaba Daniel (Viglietti), después vinieron Zitarrosa, El Sabalero, y sin proponérnoslo se fue conformando esa identidad. Porque yo no llamé a Alfredo Zitarrosa para decirle: "Flaco, vamos a ir por acá". Y menos a él (se ríe). Había una necesidad de sacudirse y sacarse la luna tucumana de encima. Y Ruben Lena hizo una cosa muy interesante que fue trabajar con los niños, y traer la canción del campo al patio de tu casa de la ciudad. Él fue el que impulsó una especie de militancia.

—Ahora usted se transformó en un militante.

—Somos seguidores, sí. Es una carrera de postas.

—¿Qué actividad tiene hoy en día? ¿Con qué frecuencia actúa en vivo?

—Yo soy el más viejo de los tres y cada vez estoy actuando menos. Estoy eligiendo dónde, cuándo, cómo.

—¿Pero se mantiene cercano a la música?

—Nunca voy a dejar de cantar, pero podés dejar de cantar tan seguido. Eso de todos los fines de semana, no, pero como sé que no me voy a jubilar… Lo que pasa que son muchos años cantando y te cansa. A veces me cansa la gente también, a fuerza de ser sincero. ¡Tanto saludar! Pero vamos a morir como el pájaro en la rama.

EL ENCUENTRO DE TRES REFERENTES.


Una noche histórica para la música popular uruguaya.


Es impensado que cualquiera de los tres se ponga a contar cuántos recitales ha dado en su vida. Sin embargo, tienen bien presente que la mayoría de su actividad artística se ha dado en el interior del país.

Por eso, actuar en Montevideo y en un lugar como el Teatro de Verano tiene un condimento especial. Eso no quiere decir que sientan alguna presión; al contrario. Los tres coinciden en que la premisa de la noche del 23 de octubre será la de disfrutar.

Allí actuarán los tres (casi siempre juntos) haciendo canciones de los tres: tanto de Larbanois y Carrero como de Guerra solista y de Los Olimareños, un dúo que tuvo sus regresos pero que ya no tiene planes de reunirse.

Los acompañarán Federico Righi en bajo, Jorge Trasante en percusión y Gustavo Montemurro en teclados y acordeón; aunque el que más actividad tendrá será el bajista.

Hacer este recital que traerá al folclore nacional de vuelta a la capital con himnos como "Zumba que zumba", "Santa Marta" u "Ocho letras" (aquella que también versionó la banda de rock Graffolitas); "Orejano", "A Don José" o "Nuestro camino", significa compartir música que está en su "impronta personal", dice Larbanois. Pero también está en la impronta personal del público, lo que de alguna manera los condiciona. "Son canciones que te dan mucha accesibilidad rápida porque son conocidas y están en la memoria, pero eso te obliga a que la recreación no se pueda cambiar mucho", menciona Carrero.

Las entradas para este show que los juntará a los tres en el Teatro de Verano se venden en Abitab y van de 350 a 1.000 pesos. Hay beneficios para socios del Club El País.

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