ENTREVISTA

Pedro Aznar: "Dediqué mi vida a hacer música que provoque cambios"

Esta noche, el músico argentino repasará sus 35 años de carrera solista en La Trastienda; antes charló con El País

Pedro Aznar en La Trastienda. Foto: Carlos Iglesias.
Pedro Aznar en La Trastienda. Foto: Carlos Iglesias.

Tras haber agotado su show de celebración de 35 años de carrera solista en La Trastienda, esta noche el músico argentino Pedro Aznar regresa a la sala ubicada en la Avenida Daniel Fernández Crespo para darle una nueva oportunidad a aquellos que se quedaron sin entradas en la función de abril. Con un formato unipersonal en el que el exbajista de Serú Girán toca todos los instrumentos para generar un ambiente íntimo, Aznar repasará, en orden cronológico, todos sus discos solistas: desde Pedro Aznar (1982) hasta Abrazo de hermanos, que grabó junto al chileno Manuel García y que editó en mayo como una manera de reflejar la unión musical entre Chile y Argentina

La mirada retrospectiva que define el espectáculo Resonancia 35 años viene acompañado de un box set de 13 discos que incluye un libro con comentarios de las canciones que fue grabando a lo largo de estos años.

Antes del show (quedan algunas entradas en Abitab), el músico charló con El País, vía mail, sobre el espectáculo y sobre su relación con algunos músicos uruguayos, como Hugo y Osvaldo Fattoruso y Eduardo Mateo, a quien homenajeó en su disco Cuerpo y alma (1994), donde versionó la canción del mismo nombre y “El Tunge Lé”.

A su vez, Aznar considera que la música esconde una espiritualidad a la que le ha escrito varias canciones. “Es una manera de hablar al alma y desde el alma”, asegura. Por eso, para el show de esta noche espera generar un sentimiento de “comunicación completa” con el público, y usará la música como la herramienta para lograrlo.

Pedro Aznar en La Trastienda. Foto: Carlos Iglesias.
Pedro Aznar en La Trastienda. Foto: Carlos Iglesias.

—Esta noche te vas a presentar en La Trastienda en un formato unipersonal. ¿Cómo podrías definir las sensaciones que vivís al estar solo en el escenario?

—Es un formato hermoso, que crea una comunión única. Es como cuando un actor hace un monólogo y maneja los tiempos, los silencios, los climas de cada noche siguiendo el hilo de su intuición para llevarte en un viaje: que lo haga solo, da el doble de vértigo. Este show tiene un gran rango emocional, que va desde una potencia desbordante hasta momentos de extrema delicadeza, y ambos se ven amplificados por ese estar solo sobre el escenario.

—En el show vas a celebrar tus 35 años de tu carrera solista y hace poco publicaste un box set con tus discos y comentarios de las grabaciones. ¿Qué balance hacés de estos años de música?

—El balance que hago al volver la mirada sobre todos estos años es muy positivo. Dediqué mi vida a hacer música con contenido, que inspire, anime a la reflexión y provoque cambios, en mí y en quien escucha. Las devoluciones y comentarios que me hace la gente sobre lo que esa música representa en sus vidas son muy conmovedores, así que puedo decir con confianza que mi aspiración llegó a buen puerto. Ahora es momento de redoblar la apuesta, una vez más. Creo que una de las mejores lecciones aprendidas es la de ser cada vez más como un chico que juega a la música. Eso me mantiene cerca del entusiasmo, la intuición y el disfrute, me hace ser cada vez más auténticamente yo mismo.

—¿Te llevaste alguna sorpresa al repasar tu catálogo?

—La mayor y la más feliz fue notar que con apenas 22 años, que fue cuando lancé mi primer disco solo, ya estaba planteada la ética que me rigió siempre, la de dar lo máximo a cada paso. La estética se fue consolidando con el tiempo.

—Ese primer disco, Pedro Aznar (1982), fue grabado en tu casa y allí tocás la mayoría de los instrumentos. ¿Cómo fue encargarte de todos los arreglos tras haber trabajado durante años con Charly García, David Lebón y Oscar Moro en Serú Girán?

—Mi participación en Serú era multifacética, yo escribía muchos arreglos (especialmente, vocales) y ya se iba perfilando mi vocación de productor discográfico, además de tocar múltiples instrumentos, así que volcar esas disciplinas sobre mi propio trabajo fue algo que se dio muy espontáneamente. Lo que sí cambia drásticamente, cuando uno pasa de un grupo a trabajar como solista, es que la responsabilidad del trabajo como un todo recae solo sobre uno, y eso conlleva su peso.

—En mayo publicaste tu nuevo disco, Abrazo de hermanos, grabado junto al chileno Manuel García. Allí hay versiones de Gustavo Cerati, León Gieco, Los Bunkers y Violeta Parra ¿Cómo eligieron las canciones?

—Con Manuel nos conocemos y compartimos escenarios hace más de diez años, y cuando finalmente decidimos hacer este trabajo juntos, nos encontramos con muchísimas coincidencias a nivel artístico y conceptual. La premisa fue componer ocho canciones nuevas y además homenajear a esos cuatro artistas cardinales de Chile y Argentina: Violeta, León, Bunkers y Cerati, creadores que atraviesan épocas y generaciones con el acento puesto, siempre, en la excelencia en la canción popular. En nuestros ocho estrenos apuntamos a eso mismo, a hacer canciones que reflejen nuestro tiempo como habitantes del Cono Sur y como hombres atentos a la realidad del entorno y de nuestros mundos interiores.

—Has dicho que la música esconde cierta espiritualidad. ¿Sentís que la música es una manera de hablarle al alma?

—¡Absolutamente! Es una manera de hablar al alma y desde el alma, un lenguaje que no define encerrando, sino que deja abiertas las interpretaciones, que inspira, conmueve y nutre.

—En Contemplación grabaste “Candombegle” junto a Osvaldo Fattoruso. ¿De dónde surgió tu interés por el ritmo y cómo recordás el trabajo con él?

—El título de la canción ya te lo dice. Mi guía y mentora en el mundo del candombe fue Egle Martin, una apasionada del género. A Hugo y Osvaldo los venía admirando desde siempre, de Los Shakers a Opa y más allá. Trabajar con Osvaldo fue un gran placer, tengo un recuerdo muy hermoso de su música y su amistad.

—En una entrevista contaste que conociste la canción “Cuerpo y alma”, de Eduardo Mateo, a través de Hugo Fattoruso mientras giraban por Japón. ¿Cómo fue ese primer encuentro?

—Estábamos viajando en tren, en una gira del vientista japonés Takamasa Segi en la que estábamos como invitados junto con Toninho Horta. Hugo me puso unos auriculares y me dijo: “escuchá esto”, y empezó a sonar la canción mientras atravesábamos un paisaje de campos nevados. Fue un momento inolvidable. Mateo es un artista irrepetible y me interesó su inventiva, su poética, lo lírico de las melodías y la inteligencia de su arquitectura musical.

—En 1994 grabaste el disco Cuerpo y alma, que incluye dos de sus canciones: “Cuerpo y alma” y “El Tungue Lé”. ¿Qué fue lo que te interesó de su obra?

—Su inventiva, su poética, lo lírico de las melodías y la inteligencia de su arquitectura musical. Un artista irrepetible.

—En varios de tus discos incluís versiones. ¿Qué necesita una canción para que la abordes?

—Es una suma de factores. La belleza musical, por supuesto, es el principal. El valor emocional es muy importante también, y, como cosa fundamental, tengo que sentir que esa canción me hubiera gustado escribirla yo mismo, porque comunica algo que yo también quisiera decir. Y tengo que estar seguro que puedo hacerle justicia y respetar su esencia.

—Este año participaste del disco David Lebón & Co. cantando “Hombre de mala sangre”. Además de haber tocado con él en Serú Girán, grabaron el disco en vivo Aznar-Lebón en el ND Teatro. ¿Cómo podrías definir tu relación con David?

—David es un hermano. Y también fue el músico que, a través de la radio, llenó de inspiración mis noches de temprana adolescencia con esa joya que es su primer disco solista (de donde proviene "Hombre de mala sangre"). La vida me regaló, unos años más tarde, que fuéramos colegas en Serú Girán, y a partir de ahí nunca dejamos de estar conectados, de invitarnos a conciertos o grabaciones, de compartir las charlas y la vida.

—A principios de este año hiciste una especie de reunión de Serú Girán en el Teatro Colón para cantar "A cada hombre, a cada mujer". ¿Cómo recordás ese momento?

—La intención no fue, exactamente, la de reunir a Serú, ya que los conciertos en el Colón eran el cierre en Argentina de mi gira Resonancia. La idea fue invitar a algunos de los colegas/amigos que más quiero de entre los que me regaló esta hermosa profesión, y así estuvieron presentes Mono Fontana y Lito Epumer (con quienes formamos el grupo Madre Atómica, cuando yo tenía 14 años), Charly García y David Lebon, Lito Vitale y Lila Downs. Compartir esas dos noches con ellos fue una emoción muy grande, como si se cerrara un círculo, como si algo trascendente confirmara que todo había pasado por muy buenas razones.

—La canción “Mala señal”, de Tango 4, nació como una improvisación con Charly Garcia. ¿Cómo recordás la grabación de ese disco? De allí surgen clásicos como “Tu amor” y “Mientes”, y otras buenísimas como “Vampiro” y “Cucamonga Dance”.

—Hicimos una larga sesión de improvisación que duró toda una noche y se extendió hasta el mediodía siguiente. Fuimos grabando todo lo que salía, y la mayoría de las canciones las recuperamos desde ese registro, completándolas más tarde, a lo largo de un par de meses. Mientes la tenía yo bocetada desde antes, sólo faltaba completarle la letra, y "Vampiro" es una canción que Charly había escrito a los dieciséis años.

—¿De qué manera vas a abordar las canciones de estos 35 años en el show de esta noche y qué esperás del público?

—Va a ser un desarrollo cronológico, desde 1982 hasta nuestros días, tocando una canción de cada disco publicado. Y, como regalos especiales, voy a interpretar a Eduardo Mateo y a adelantarles una canción de mi próximo disco. Del público espero lo que siempre se ha dado cuando he venido a tocar: una escucha amorosa y sensible, un entusiasmo contagioso, un ritual de comunicación que se completa juntos.

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