AHÍ ESTUVE

Paysandú y una experiencia entre la música y lo demás

El País en una jornada de la 52° Semana de la Cerveza.

La Beriso
La Beriso
Ruta 504 el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas
Ruta 504 el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas
Nanda el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas
Nanda el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas
Dostrescinco el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas
Dostrescinco el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas
Trotsky Vengarán el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas
Trotsky Vengarán el jueves en la Semana de la Cerveza. Foto: Damián Cejas

Un grupo de argentinos se acomoda en un hotel y avisa que vino para ver a La Beriso. Un poco más tarde llegará otra troupe, con la misma intención: es más barato (470 pesos) ver a su banda preferida acá —compartiendo fecha con otros artistas, además— que hacerlo en su provincia, donde la entrada puede ascender a 600 pesos argentinos (unos 1.200 uruguayos). En las dos puertas de acceso al Anfiteatro del Río Uruguay, ya hay adolescentes esperando que se de acceso, con remeras o banderas que revelan una misma predilección: La Beriso es la banda argentina del momento y Paysandú lo sabe.

Mientras tanto, sobre las seis de la tarde de un jueves cálido, las familias que llegaron temprano ya recorren la oferta de una feria que siempre resulta llamativa: artesanías y diseños de autor conviven con medias a precios económicos, peluches de Pokemon, vendedores con algodón de azúcar o manzanas acarameladas, una cabina para sacarse fotos y las típicas atracciones de kermesse. Dicen los visitantes frecuentes que la feria nunca estuvo tan bien.

Es temprano todavía y en la Semana de la Cerveza, que va por su edición 52 y cambia durante siete días el ritmo de Paysandú —la atención se centra en el predio, pero afuera hay actividades todo el día, todos los días, desde recorridas turísticas en ómnibus hasta exposiciones en museos y más música—, empiezan a convivir los vendedores que acomodan los últimos detalles en sus puestos, las familias que van temprano para aprovechar la luz del sol y los rockeros, que quieren asegurarse un lugar bien cerca del escenario. Esperan firmes pegados a la entrada, sabiendo que en el mejor de los casos verán entrar o salir a algunos de los músicos, que para acceder a zona de camarines o ir a las distintas cabinas periodísticas que se distribuyen por ahí (hay improvisados sets de televisión y estudios de radio que tienen actividad hasta entrada la madrugada), inevitablemente tienen que pasar por allí.

Pero para esa hora que los números centrales ya probaron sonido —o sea Dostrescinco, Trotsky Vengarán y La Beriso—, los camarines están desiertos. Quedan todavía las bandas que abren la jornada, Ruta 504 y Nanda, pero por lo demás la actividad es muy tranquila.

Después, entrada la noche, el panorama habrá cambiado lo suficiente. Los fanáticos de La Beriso, las familias que daban vueltas en el predio y otros más que han ido llegando, van acomodándose en el Anfiteatro que es un monstruo difícil de enfrentar: en algún momento llegó a recibir 20.000 personas, pero ahora está habilitado para unas 15.000 (casi como el Velódromo). La noche anterior ni siquiera la infalible combinación de Rombai con Márama, en su primera presentación conjunta en el interior, pudo llenar las gradas, aunque cualquier vacío que hubiese quedado lo ocuparon los gritos fervorosos de las niñas y adolescentes, deslumbradas con el encanto de Agustín Casanova que, desde sus redes sociales, se iba haciendo eco de tanto entusiasmo.

Para el jueves ya no quedaban rastros de cumbia pop y cerca de las 20.00, las vallas delanteras del anfiteatro estaban cubiertas de banderas, esperando para ser vistas. Ya la zona de camarines empezaba a tener algo de actividad, y afuera, sobre una de las entradas, el baterista Javier Pandolfi de La Beriso se dejaba abrazar por un grupo de fanáticos que demandan fotos. Los stands de cerveza ya estaban en su momento de más actividad y servían, uno tras otro, unos vasos enormes de la bebida clave de esta fiesta, aunque con el tiempo haya quedado más como una excusa que como una protagonista.

Con ese marco, Ruta 504 rompió el hielo para darle paso luego a Nanda, la buena banda (están Nicolás Román en bajo y los guitarristas Gonzalo De Lizarza y Juan Satalia) de la cantautora Fernanda Cabrera, una sanducera que presentó temas de su primer disco y con una actitud rockera consiguió el aplauso del público. Es la primera vez, dirá antes de bajar del escenario, sonriente, que ve una bandera con su nombre.

El hip hop de Dostrescinco apareció después y entre los cinco, los raperos fueron llevando de menos a más un set contundente —con temas del nuevo Recordis y de otras épocas— que hacia el final, ganando un partido que pareció difícil, hizo que algunos se animaran a levantar sus manos y bailar.

Para cuando Trotsky Vengarán daba un tremendo show, compacto que enganchaba a la velocidad de la luz sus grandes éxitos con temas del disco Relajo pero con orden, La Beriso estaba en conferencia de prensa, contando que quienes quisieron recorrer algo de la Semana de la Cerveza sólo pudieron avanzar unos pocos metros. "Nos sorprendimos por el recibimiento de la gente, no pensamos que nos conocían tanto. Venimos de una gira bastante larga con poco público, porque era bastante lejos, así que encontrarnos con este público nos da muchas ganas de salir a tocar", contó el bajista Ezequiel Bolli en esa instancia.

Lo demostraron después, cuando hicieron cantar todos sus propios temas y una versión de "Sobreviviendo", de Víctor Heredia, para cerrar una noche con mucho rock que aunque tuvo una intensa movida en el anfiteatro, nunca vio interrumpida la actividad afuera. Acá el público también va por la experiencia, por ser parte de una fiesta con medio siglo de historia.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados