OLGA DELGROSSI

"Soy pasional, me entrego con todo"

Es la Dama del Tango, hace décadas que demuestra su oficio de tanguera y, con 83 años, es un emblema del género en Uruguay. Mañana a las 20.00 actúa en la Sala Hugo Balzo con el ciclo Grandes solos; las entradas valen 500 pesos y se venden en boleterías y Tickantel.

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"Tengo un soplo en el corazón, y el doctor me dice que no me entregue", afirmó.

—¿La sorprendió ser la única cantante de tango elegida para el ciclo Grandes solos?

—Me sorprendió y no me sorprendió, porque podrían haber puesto a alguien más joven. Pero es un ciclo con personas mayores, que como dijeron ellos (los organizadores), se criaron escuchándonos y muchos seguimos trabajando. Y me eligieron a mí, que tengo una trayectoria muy extensa.

—¿Empezó muy jovencita?

—Muy joven. Empecé a los ocho años en mi querida Tacuarembó, ganaba todos los concursos que se hacían y mis padres decidieron vender la casa para venirnos a la capital. Confiaron en mí, nos vinimos todos. ¿Sabés lo que es dejar una casa para venirse y que yo pudiera hacer esto que me gusta? Grababa en un lado, en el otro, "después la llamamos" y así empecé. Gracias a Dios ahora me llaman a mí; no tengo que ir a golpear. Porque el artista nace, no se hace; se va perfeccionando. Y a mí quien me dio el espaldarazo fue el maestro Donato Racciati.

—Con Racciati actuaban con aquellas orquestas típicas.

—Claro, hacíamos giras por el interior de Argentina. ¡Era impresionante! A mí me tenía que escoltar la policía, porque además yo fui una mujer alta espectacular; ahora soy vieja (se ríe). Era increíble cómo se abalanzaban sobre nosotros.

—El tango quedó pero el formato de la orquesta típica se perdió prácticamente.

—Ahora las orquestas ya se han perdido, lo que pasa que no hay trabajo para tanta gente. Yo este año grabé un CD con una orquesta de ocho músicos, pero para trabajar es más difícil. Siempre trabajo con una guitarra, o guitarra y bandoneón. A mí me gusta mucho cantar con guitarra, interpretás de otra manera.

—Siempre habla de la voz como un don que Dios le dio. ¿Cómo llegó esa voz al tango?

—A Tacuarembó llegaban las radios argentinas, y a mí me gustaba la Dama del Tango, Mercedes Simone. Y había un concurso de tangos en la radio y yo cantaba, y después se me puso la Dama del Tango.

—Más allá de la voz y de haber elegido el tango, sus seguidores destacan lo intenso de su interpretación.

—Sí. Yo soy pasional, me entrego con todo, con el alma. Yo no podría cantar como si estuviera pelando papas; tengo que interpretar lo mismo para dos, para cien o para 2.000. Yo ensayo y me vienen ganas de llorar, me entrego, me erizo. Tengo que estar expresando hasta cuando estoy ensayando. Poniendo garra.

—¿Qué tipo de tango es su preferido para cantar?

—A mí me gustan mucho los tangos de Discépolo. Dicen que el tango es triste, pero son letras maravillosas, porque cada tango es un poema. Ahora en el recital de mañana voy a empezar con un tema de Racciati; voy a hacer primero todo de uruguayos, para después hacer lo que la gente me pide. Voy a estrenar en vivo "Un tango para Eladia", de Eduardo Reyes, y voy a terminar con una canción que Ledo Urrutia, que es un guitarrista y cantante uruguayo sensacional, hizo para mí, que se llama "Desde el escenario". Y termina: "esperaré la muerte sobre un escenario".

—¿Es literal en su caso?

—Yo tengo un soplo al corazón, y el doctor siempre me dice: "usted no se entregue señora". Pero si no me entrego no podría cantar. A lo mejor sería la mejor muerte. ¡Yo no me quiero morir! (Se ríe) Pero un día me voy a morir.

—Pero cantar es lo que más le gusta hacer.

—Cantar es mi vida.

—¿El tango joven le interesa?

—Por supuesto, porque tiene que aparecer gente joven, tienen que aparecer letristas y cantantes, porque si no el tango se moriría. Y han surgido valores lindos, aunque no hay letristas como había antes.

—¿Cómo quiere que la gente piense en Olga Delgrossi?

—Quiero que piensen que soy una buena persona, humilde, que le desea el bien a todo el mundo, que nunca me creí absolutamente nada. Canto por este don que Dios me dio, pero después soy una ama de casa como cualquiera.

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