Entrevista a Nelson Pino

“Fui parte de una época y la vi desaparecer”

El destacado cantante se presenta hoy en el escenario principal del Sodre

Nelson Pino
Nelson Pino canta a los boliches de Montevideo. Foto: Difusión

Esta noche a las 20.30 en el Auditorio Nacional Adela Reta se presenta Buenas noches, Montevideo, un nuevo espectáculo que alterna canto, música y textos, para contar la historia de los viejos boliches de la ciudad. En el show, Nelson Pino interpretará una veintena de tangos, que evocan una bohemia que hoy ya es historia. Entradas en Tickantel, de $ 800 a $ 300.

-¿En qué consiste Buenas noches, Montevideo?

-Es un homenaje a los emblemáticos boliches de ayer y de hoy de la Capital. Se trata de un espectáculo que cuenta con textos de Dino Armas, donde se cuentan las historias de esos boliches, acompañados por tangos, que van en la misma dirección. Vamos a contar la historia de El Hacha, el Tupí Nambá, La Giralda, y la vedette es Fun Fun, que es el que hoy por hoy está funcionando a pleno como lugar de tango.

-¿Musicalmente cómo está armado?

-Álvaro Hagopián va a estar al frente de una orquesta grande, con tres bandoneones, entre ellos Néstor Vaz. Va a haber cinco violines, viola, cello, contrabajo y piano. Es una formación como la que tenía Aníbal Troilo, aunque Troilo tenía un bandoneón más, pero verdaderamente suena a Troilo. Al que le guste el estilo de Troilo, éste es el espectáculo ideal. Porque además no es una imitación: son tan buenos los instrumentistas, varios de ellos del Sodre, que han logrado sonar como Troilo.

-¿Y escénicamente?

-El decorado es simplemente una mesa y una silla, y una botella de Uvita. Todo va a rondar sobre los textos de Dino Armas, que describen los boliches, y a partir de allí canto los tangos, sobre todo tangos uruguayos, mucho Alberto Mastra, Tito Cabano, Humberto Correa, Víctor Soliño, Ramón Collazo, entre muchos otros. Fue un trabajo bastante arduo porque Hagopián consiguió más de 300 arreglos originales, y tuvimos que hacer una selección muy minuciosa. Y lo que se logró fue hacer la mayoría de autores uruguayos, y también que no se nombrara nada de Buenos Aires. Todo está centrado en Montevideo.

-¿Qué tangos no van a faltar?

-Garufa, Vieja viola, Un boliche. También Montevideo, de Andrés Tulipano. Vamos a hacer El último guapo, muchos éxitos del cantor Tito Reyes, de Roberto Goyeneche. Voy a cantar Como se pianta la vida, Un tango para Esthercita y varios temas más. También yo quise hacerle un homenaje a Tito Cabano, a 30 años de su muerte, que se cumplieron el pasado domingo 22 de abril. Va a ser un repertorio variado, Hay de todo, pero ronda sobre lo emotivo y lo nostálgico, Miriñaque y Garufa quizás sean los más jocosos que vaya a cantar, pero después va a pasar mucho por la nostalgia y por la emoción. Que es lo que buscó Dino Armas con sus textos y que es lo que busco lograr yo.

-Cantar tango en el escenario mayor del Auditorio Nacional Adela Reta exige mucho vocalmente.

-Sí, ya he cantado unas cuantas veces, cinco o seis, allí: ahora me va a tocar cantar en un recital, hablando y cantando. No es fácil, pero estoy rodeado de excelentes profesionales, con Sergio Dotta en la dirección. Y con una parte instrumental impresionante, pero vocalmente voy a tener que esforzarme más de lo que me esfuerzo en un boliche, lógicamente, pero vale la pena todo ese despliegue. En un boliche podés hasta dialogar con el público, cosa que no pasa en el teatro, sobre todo en los más grandes, como en Solís y el Sodre. En estos escenarios hay que ingeniárselas para llegar a la gente a pesar de la distancia. Y eso se hace generando complicidad con el público, saber qué le gusta, y tratar de decir los textos de una manera que lleguen.

-Tampoco es fácil alternar el canto y el recitado.

-Cierto, lo más difícil es pasar de recitar a cantar. Porque cuando canto un tema y después tengo que hablar, la voz cantada queda muy arriba, y luego es difícil poder hablar. Y además no es solo hablar, porque lo que hago es un papel de actor, al que tengo obviamente que adaptarme. Pero bueno, como es algo que vengo haciendo desde hace muchos años, tengo experiencia, y siempre me encanta el desafío.

-Tú fuiste testigo del final de los grandes bailes con orquestas de tango.

-Sí, yo empecé en 1981, y después trabajé con César Zagnoli, con Donato Racciatti, entre muchos otros. Hasta 1996 hice salas bailables. Cantaba como cantor de orquesta, y también como solista. Toda esa experiencia me llevó a hacer todo esto que estoy haciendo ahora: fue un aprendizaje. Yo sí que aprendí en las tablas. Hacíamos seis, siete bailes en un fin de semana. Fui parte de una época y luego la vi desaparecer, a mediados de los 90.

-Adelantanos alguna anécdota que vayas a contar en el show de hoy.

-Incluimos la historia del Tupí Nambá, de quienes se reunían allí, de la bohemia de Montevideo, igual que el Sorocabana. Y del Fun Fun, con su dueño, Augusto López, y cómo logró de estar trabajando con un carro vendiendo bebidas alcohólicas en Ciudad Vieja, a establecer su boliche. Lo convencieron los amigos y alquiló un lugar en el viejo Mercado Central. Parece que Augusto López era tartamudo, y cuando lo querían convencer de que se estableciera en un lugar fijo decía “¿Fun-Fun-funcionará?” Parece que de ahí nació el nombre. Es muy graciosa esa historia, y es realidad.

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