RAÚL CASTRO

"Todo parece distinto, todo se ve con otro cristal"

Una charla en la tranquilidad de su hogar en Villa Argentina

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Raúl Castro. Foto Darwin Borrelli

Raúl Castro está esperando a El País en la calle, celular pegado a la oreja, indicando dónde queda su casa en Villa Argentina, el balneario canario donde vive hace aproximadamente 10 años. Su estatura está intacta y aunque se mueve con cierta parsimonia, está "entero".

Una vecina pasa y lo saluda: "¡Qué bueno que volvió! Lo extrañábamos", le dice desde el otro lado de la calle. "Muchas gracias hermana", responde mientras abre el portón que lleva hasta una barbacoa en la que recibe a El País para charlar un rato

No es su casa, sino que vive al lado. Pero lo será, si todo sale como planea. "Si me da el cuero, voy a construir mi casa ahí", dice desde adentro de la barbacoa y señala el terreno aún vacío ahí delante. "Va a ser así", dice, y muestra un pequeño cuadro, pintado por él mismo, en el cual se ve una casa de dos pisos y, en el cielo, una luna llena gigante.

Adentro, sobresalen muchos objetos e imágenes, sobre todo un retrato de Gardel enmarcado, con el logo de la murga Falta y Resto en la parte inferior derecha del marco. "Lo escucho todos los días, soy fanático. Me sé de memoria la gran mayoría de sus tangos. Gardel es la música del Uruguay, incluso más que la de Argentina", dice mientras se acomoda.

También hay un afiche de uno de los libros de Tintín, el personaje creado por el belga Hergé. También de Tintín es fanático. "Tengo todos los libros", dice, y empieza a rememorar historias del periodista de jopo parado, como una en la que Tintín, Haddock y Milú son rescatados en alta mar. "Cuando suben al barco se dan cuenta que está La Castafiore y Haddock quiere volver a la balsita", dice entre risas y sigue hablando de historietas.

Cuando se le pregunta por Mafalda, se acuerda de una tira en la que el padre de Mafalda se compra el auto y se obsesiona por un ruidito que hace el flamante vehículo, y sigue riendo: "¡El tiqui-tiqui!".

Castro, por supuesto, tiene varias razones para reír y celebrar. Entró el mes pasado a una sala de operaciones para una intervención que se complicó y mucho: estuvo durante casi veinte minutos con un paro cardíaco. Pero recuperó el latido del corazón y volvió a vivir.

Durante su convalecencia, mucha gente se interesó y preocupó por él, y muchos expresaron cariño y afecto por su persona y figura. Para él, esas demostraciones de afecto no lo sorprendieron tanto como le hicieron pensar que era él el que estaba en deuda o falta, que era él el que había sido algo "egoísta", como dice. "Uno tiene que darse cuenta y ser aún más solidario".

Ahora, con una segunda oportunidad por delante, Castro dice que desea que todo fluya y que ya no quiere vivir estresado, como si el día tuviera más horas de las que ya tiene. Pero tampoco quiere dejar de ser lo que, dice, siempre fue: un tipo al que le gusta jugar al básquetbol con sus amigos, salir a caminar o trotar por la playa, y enfrentarse al papel en blanco para escribir poemas, letras de canciones o ideas para espectáculos de Falta y Resto. Ya tiene un título pronto, además, uno que le vino cuando fue hasta El Águila hace unos días a sentarse y mirar el Río de la Plata: "Viva Dios". No sabe, todavía, qué vendrá atrás de esa frase. Pero la semilla ya empezó a germinar.

—¿Cómo han sido estos primeros días en tu casa?

—Hace poco una amiga me mandó por Whatsapp esa famosa frase de John Lennon sobre que la vida es eso que pasa mientras estamos ocupados en otras cosas. Y cuando te pasa algo como lo que me pasó, te das cuenta que es así. Hoy estaba mirando hacia afuera por la ventana de casa, viendo el paisaje, los árboles brotar, viendo cómo se viene la primavera. A esas cosas son a las que le doy valor ahora: al sol, a un amigo que viene a tomar un mate, al cariño de mi mujer, a los hijos y nietos. Todo parece distinto, todo se ve con otro cristal. La vida empezó de nuevo.

—Luego que despertaste, ¿empezaste a pensar en tu vida y en lo que habías hecho hasta el momento?

—Sí, mirás constantemente hacia atrás. Hace poco me llamó un amigo del básquetbol, Nelson Silva, y me hacía acordar a mi platónica primera novia, cuando yo tenía siete u ocho años, porque él justamente se casó con la hermana. Recordé mi niñez, recordé a mis padres, que ya se fueron hace tiempo pero que están muy presentes en estos momentos. Vienen muchos déjà vu… Y vienen, al mismo tiempo, preguntas sobre el futuro: para no desperdiciar ni un instante de la vida que estoy viviendo. Me di cuenta de lo etéreo de la vida, lo fugaz que es. Me acuerdo de mi profesora de filosofía en Preparatorio, porque estas situaciones también te llevan a eso, a filosofar.

—Entre todo lo que hiciste (Falta y Resto, las canciones con Jaime Roos, tu trabajo, tu familia) ¿qué cosas sobresalieron en tu memoria?

—Lo que más sobresalió fueron las cosas que hice entre los 15 y los... (piensa) 35 años. Antes inclusive de Falta y Resto. Me acordé mucho de cuando jugaba al fútbol, cuando jugaba al básquetbol. Me acordé de cuando jugaba en el Pastoriza, un cuadro cuya sede quedaba justamente en la calle Rafael Pastoriza. O cuando jugaba al básquetbol en Tabaré. O cuando jugaba al fútbol universitario en el Maeso.

—El deporte.

—El deporte siempre estuvo en mí. Y creo que fue el deporte lo que me salvó. Haber tenido un corazón fuerte que me respondió cuando parecía que ya no respondía. Eso fue algo que me dijo el médico. "Tuviste suerte que sos un hombre fuerte y que estás bien físicamente, porque pudiste reaccionar". Fijate que estuve 19 minutos sin vida, con el corazón apagado.

—¿Y de la música y el carnaval?

—Me acordé mucho de los Pelados Mercantes, que fue la primera murga de mi adolescencia, en Solymar. Recordé Los Caminantes, murga en la que estuve cuando era un niño de ocho, nueve años, en Pocitos, mi barrio. Me acordé de mi primer profesor de guitarra, de quien no recuerdo el nombre pero sí de las pocas clases que me dio. Como siempre fui ansioso, dejé de ir luego de haber aprendido solo tres o cuatro acordes, ¡y me creía uno de Los Chalchaleros! (risas). Recordé Patria Libre, la primera banda en la que estuve, con el Choncho Lazaroff, Jorge Bonaldi y Rosario, claro (su primera esposa).

—Qué raro que no menciones Falta y Resto, por ejemplo.—La parte más pública o que más trascendió, lo más conocido de mí, eso quedó relegado. Eso estaba más presente en la gente que se acercó a darme fuerza. Es más: unos días antes de que me pasara esto, estuvimos de gira por Argentina: La Plata, Rosario, Buenos Aires… ¡No me acuerdo nada de eso! Los últimos 15 días antes de la operación se me borraron por completo, me los tuvieron que contar. Es como que la memoria hubiese arrancado de nuevo desde el principio.

—Se te "reseteó" la memoria...

—¡Exactamente! Y es hermoso. Cosas que tenías olvidadas vuelven, y las disfrutás de nuevo.

—¿Te emocionaste cuando esos recuerdos volvieron?

—Muchas lágrimas. Una amiga cordobesa me dice que tengo el don de lágrima. Me emociono con facilidad. Y he llorado mucho, de alegría y emoción. Nunca pensé que este torbellino de emociones me iba a llegar a esta altura de mi vida, una cosa que me vino como un premio. Siento que no hice nada para merecerlo. Pero acá estoy, disfrutando del cariño de mi gente y del cariño que me llega de Argentina, porque también ellos me han hecho llegar su amor. Hubo gente que vino a verme de muchos lados de Argentina, como también muchos argentinos se interesaron por saber qué me pasaba o cómo estaba. Ha sido una cosa muy zarpada, muy loca.

—¿Cómo fue reecontrarte con tu familia?

—Mirá: atrás de todo tengo a Godín, que es mi hijo mayor Felipe, de 39 años. Un hombre hecho y derecho que me ha dado tres nietas maravillosas. Siempre estuvo y está al lado, bancando al padre. Junto con mi mujer, fue el seguro que tuve cuando tomé consciencia de que estaba enfermo. Cuando recién desperté me vinieron muchas dudas —porque también tengo un hijo chiquito de cuatro años, de mi tercera pareja—, y me empecé a preguntar qué pasaría si me iba. Pensé en Felipe y en mi mujer Natalia, y ahí me tranquilicé. Dije: "Ta, ellos dos van a poder sacar todo adelante". Lo mismo con mi hija Soledad, que fue un refugio para mí. Y Leandro, que me hacía masajes en la espalda, venía a ver los partidos de Peñarol y Uruguay conmigo en la sala. Pedro, que tiene 12, también estuvo muy cerca. Él era medio hosco para hablar, ahora exterioriza mucho más. Está más unido a mí ahora.

—¿Sentís orgullo de haber generado ese cariño?

—Ahora me doy cuenta. No sabía que era tan así, que yo había despertado este cariño. No estaba atento. Y de alguna manera, te das cuenta que fuiste demasiado egoísta. Porque está bien: despertaste mucho cariño, pero hay que darse cuenta de que hay que ser aún más solidario, dar más amor. La vida es el único tesoro que tenemos. Todo lo demás son cuentos. Uno no recuerda que se compró un televisor o un auto. Uno se acuerda de los sentimientos.

Un manya que vive de la creatividad y de sus pasiones.

Hace años que Raúl Castro es una figura destacada de la publicidad uruguaya. El cuadro enmarcado de Carlos Gardel del cual habla en la entrevista central, es un regalo de cuando se fue de la agencia Punto Publicidad para emprender su propio camino como publicista. Seguirá trabajando en Escenario, la agencia que dirige junto a su socio Miguel López ("un titán", dice Castro), pero con una actitud más tranquila.

Lo que está definitivamente descartado es ocupar un puesto de dirigente en Peñarol. "Me costó decirle que no a Edgar Welker cuando me propuso ir con él de vicepresidente. Además, ¡es Peñarol!", dice como si no tuviera que explicar otra cosa. "Mi puesto es en la tribuna, no en la dirigencia". Pero con Falta y Resto seguirá porque además de ser hija suya, la murga se ha convertido en una entidad con vida propia, que ha llevado el canto carnavalero por muchas partes y que seguirá haciéndolo. "La Falta tiene una estructura que me trasciende. Hace poco fuimos a Chile, a un festival realizado por varios productores latinoamericanos, y ahí ya surgieron nuevas giras por varios países latinoamericanos. "Además, vamos a volver a hacer uno de los espectáculos de la murga, llamado Anarquía", dice sobre el futuro de Falta y Resto.

Y además, siente que puede tener un nuevo disco adentro suyo. El primero, publicado hace dos años y titulado Tintabrava, fue un álbum de entrecasa. "Lo hicimos acá con Julio", dice y señala el entorno de la barbacoa, cuando recuerda cómo él y el guitarrista Julio Cobelli ("tocando la guitarra, es Pelé") fueron armando Tintabrava. Pero ahora, dice, está pensando en algo que sería más "orquestado".

"Con el primer disco me saqué un berretín. Y si bien tengo la posibilidad de expresarme a través del coro de Falta y Resto, no es lo mismo. Un disco solista te cubre la parte creativa personal. Hablo yo, no el coro. Es otra manera de expresarse, una manera más íntima y personal. Pero no sé cuándo lo podré hacer. Iré viendo, pero tengo ganas, sí".

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