ENTREVISTA

Pájaro Canzani: el autor de "Chibidon" y "Todos goleando" repasa su obra con El País

Carlos "Pájaro" Canzani habló con El País de Francia, donde está radicado desde finales de los setenta, para repasar la historia de Aguaragua, Los Jaivas, "Chibidon" y "Todos goleando"

Pájaro Canzani. Foto: Pájaro Canzani.
Pájaro Canzani. Foto: Pájaro Canzani.

Algunos conocen a Carlos “Pájaro” Canzani por Aguaragua, otros por su etapa con el grupo chileno Los Jaivas y casi todo el Uruguay por “Chibidon” y “Todos goleando”. La trayectoria del músico nacido en Fray Bentos abarca distintas décadas y se mantiene activa. Es más, mientras habla con El País desde Francia -donde está radicado desde los setenta-, está trabajando en dos proyectos discográficos.

Desde su casa, construida en el siglo XVII y donde tiene un estudio llamado Angel Studio, repasa su carrera y también habla de su futuro. Canzani no sale de allí desde mitad de marzo, cuando se decretó una cuarentena obligatoria a causa del coronavirus. “Estamos en la semana más jodida de la crisis; subió de manera brusca el porcentaje de contagios”, explica. “El momento de la emergencia en Francia es tal que cada vez que salgo a caminar a mi jardín, lo pienso tres veces”.

“Este es un momento para parar y reflexionar hacia dónde vamos a ir ahora”, dice, antes de hacer una breve pausa. “Te voy a mostrar una cosita que estuve grabando ayer”. Enseguida, pone al teléfono una grabación que planea trabajar a distancia con MetaBeat, su trío con Rossana Taddei y Gustavo Etchenique. Durante casi un minuto se puede escuchar a Canzani en una interpretación llena de sentimiento.

“Un buen momento, tal vez / Qué buena oportunidad, / Volver a rebobinar la gran madeja y sembrar, / Tanto soñamos ayer que el mundo iría a cambiar, / El tiempo sabe y nunca te espera, es la hora de avanzar”. Cuando termina el estribillo, el músico retoma el diálogo. “Los artistas tenemos que sacarle algo positivo a esta catástrofe”, dice.

dos éxitos

"Chibidon" y "Todos goleando"

Chibidon” y “Todos goleando” sonaron sin descanso en las radios uruguayas de 1995. La historia de ambas está ligada a su trabajo como productor discográfico en París. En 1988, Canzani produjo “La hija de la luna”, de Francis Lalanne, un tema que fue todo un éxito en Francia. “Esa canción tuvo una gran campaña promocional para que llegara a ser número uno”, dice. “Recuerdo que llegamos a hacer 57 emisiones de televisión”.

Cuando volvió a Uruguay a mitad de los noventa, aplicó esa fórmula para “Chibidon”. Repartió un disco con la canción, junto a una ficha técnica, en todas las FM. “Había gente que se pensaba que yo era de Puerto Rico o de España”, dice.

Días después de haber recorrido las radios de la mano de aquella canción de aires reggae, vio los primeros resultados. Prendió la televisión de su cuarto de hotel donde se estaba quedando y escuchó aquel pegadizo estribillo (“Chibidon don don, ielelelé”) sonando durante el parte meteorológico de Canal 4. Horas más tarde, volvió a escucharlo por los parlantes de una radio que daba a la calle. “Llegó un momento en que terminaba la canción en una radio y empezaba en otra”, recuerda.

Tiempo después llegó “Todos goleando”, la canción oficial de la Copa América 1995. “Fue un accidente del destino”, asegura. La agencia de publicidad que tenía la cuenta del torneo había visitado París para un congreso y se topó con varios afiches de Rock Latino, el disco que incluía “Chibidon”. Entre los creativos estaba el uruguayo Macunaíma, a quien conocía desde hace años. Fue él quien propuso que Canzani compusiera la canción para la Copa.

“Cuando me llamó para proponérmelo fue increíble”, dice. “Mientras me hablaba se me iba ocurriendo la letra. Cuando corté, ya tenía el estribillo y la melodía”. Una semana después, ya estaba grabada y se lanzó. Fue un éxito enorme.

comienzos

Los Beatles y Aguaragua

Pero la carrera de Canzani va mucho más allá de “Chibidon” y “Todos goleando”. El comienzo de su relación con la música se puede situar a principios de la década de los sesenta. “Me acuerdo perfecto”, dice antes de describir la escena. “En la época del liceo, nos juntábamos con amigos en una confitería para tomar café y charlar”, dice. “Un día estábamos llegando y vemos que el dueño estaba bajando un aparato enorme de una camioneta”. Apenas le sacaron las cajas, vio que se trataba de un jukebox, el primero de Fray Bentos.

“Para probarlo, un tipo pone una moneda y empieza a sonar ‘Love Me Do’, de Los Beatles”. Mientras hace el relato, Canzani recrea la emoción de ese descubrimiento. “Me vino una locura y un ataque de sobreenergia adolescente”, dice, entusiasmado. Para el músico, el sonido de los cuatro de Liverpool representaba un déjà vu: “Era como algo que conocía y que estaba esperando desde hace tiempo. Cuando escuchaba a Lennon y McCartney sentía que me hablaba un amigo”.

Ese impacto lo llevó a aprender guitarra y piano. También estudió inglés para tratar de descifrar lo que decían las letras de los británicos. Durante los años siguientes, formó algunas bandas para tocar en bailes, hasta que en 1971 llegó un momento definitivo en su carrera: el Segundo Concurso Nacional de la Música y la Canción Beat. Celebrado en el Parque Harriague de Salto, las crónicas de la época lo definieron como el Woodstock uruguayo.

Con 17 años, Canzani se ganó al público al interpretar dos canciones de protesta con su guitarra.  "Cuando escuché cantar a Pajarito, pensé: 'Este tipo va a ser el continuador natural de lo que es Mateo'", dijo Macunaíma en el libro De las cuevas al Solís, de Fernando Peláez, al recordar esa actuación. 

Canzani terminaría ganando el concurso, y fue aquel triunfo el que lo llevó a mudarse a Montevideo. Con su guitarra y un bolso se fue con la idea de “conquistar la capital”. Tras una llegada accidentada que implicó una estadía de dos días en una comisaría (“Apenas me bajé del ómnibus, un milico me vio con el pelo largo y la guitarrista, me llevó para una averiguación”) y la imposibilidad de cobrar el premio del concurso (“Me ningunearon porque era un pendejo”), siguió tocando y comenzó a hacerse un nombre en la ciudad.

Mientras se dedicaba a componer, participaba de guitarreadas de las que destacaban encuentros con Eduardo Mateo (“La primera vez que lo vi, estuvimos hablando de João Gilberto y tocando bossa”) y presentaciones en textiles ocupadas (“Hice una pequeña gira”, recuerda con una sonrisa).

Aguaragua. Foto: Pájaro Canzani.
Aguaragua. Foto: Pájaro Canzani.

Durante una participación en un acto del recién creado Frente Amplio conoció al grupo Patria Libre, que incluía a Jorge Lazaroff y a Jorge Bonaldi. De allí saldría la base de Aguaragua, un espectáculo que marcaría un precedente en la historia del canto popular uruguayo. Junto a Carlos da Silveira, Jorge Trasante, Jorge Galemire. Bonaldi y Lazaroff, en 1974 Canzani presentó un ciclo en el Teatro Circular. Allí se incluían las canciones “Aguaragua” y “Y por eso canto blues”, dos éxitos de culto.

viaje

Su etapa con Los Jaivas

En 1975, durante el segundo ciclo de Aguaragua -esta vez en el Teatro de la Alianza Francesa, donde un joven Jaime Roos se sumó como bajista-, Canzani recibió una carta que cambiaría su vida. La banda chilena Los Jaivas lo habían contactado para conocerlo. “Fue muy loco”, dice el músico, quien solía versionar “Mire niña”, de los chilenos, en sus recitales.

Así fue que viajó a Buenos Aires -donde el grupo se había exiliado tras la dictadura de Pinochet- para participar del último día de grabación del disco El indio (1975), uno de los álbumes más populares de los chilenos. Tras haber cantando en los coros de "Un mar de gente" y de haber convivido una semana con el grupo, lo invitaron a unirse a la formación.

Así fue que Canzani se radicó en Buenos Aires para grabar Canción del sur (1977), que la edición chilena de la revista Rolling Stone eligió como el 16º mejor disco chileno de todos los tiempos. “La cocina de ese disco fue increíble”, dice Canzani, quien aportó la canción “Dum Dum Tambora” (que ya solía presentar con Aguaragua). Al álbum le siguió una gira latinoamericana, pero la dictadura en Argentina los obligó a exiliarse. Un día, el gerente de EMI, su discográfica, citó al grupo en su oficina. “Nos dio un papel, nos tiró una lapicera y nos dijo: ‘Hagan una lista de los países donde quisieran irse’”. Brasil, España, México e Inglaterra propusieron rápidamente.

A último momento, y por sugerencia del gerente, incluyeron a Francia en la lista. El presidente de cada filial elegida recibió una copia de Canción del sur y una carta de presentación del grupo. Los primeros interesados en recibirlos estaban en París. “Ese día se jugó nuestro destino”, recuerda.

“Cuando llegamos éramos los Pink Floyd de América Latina”, dice Canzani sobre su llegada a Francia. “La gente pensaba que íbamos a subir al escenario con un poncho, pero se sorprendían al ver una cosa psicodélica y telúrica”.

Los Jaivas en Londres. 1978. Foto: Pájaro Canzani.
Los Jaivas en Londres. 1978. Foto: Pájaro Canzani.

En esta nueva etapa llegaron a grabar en el mismo estudio donde The Rolling Stones estaban preparando Some Girls (1979). “En un momento de la grabación salí a la máquina de café y vi a Keith Richards fumando un cigarro”, describe. “Nos pusimos a hablar y me dijo: ‘Escucho guitarras eléctricas y música rara. ¿De dónde son?’”. Cuando Canzani respondió, Richards sonrió y dijo: “Ah, ¿ustedes conocen la guitarra eléctrica?”.

Luego de dejar Los Jaivas en 1979, comenzaría con su carrera como productor discográfico y llegarían los ya nombrados éxitos de "Chibidon" y "Todos goleando". “Soy consciente de que tengo una vida excepcional”, dice Canzani, de 67 años. “He vivido cosas que nunca había imaginado desde que me fui de Fray Bentos para descubrir el mundo”. Mientras, sigue componiendo  y pensando en sus planes musicales para cuando se termine la amenaza del coronavirus. “De este momento jodido tenemos que sacar una luz”, concluye.

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